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20 de febrero de 2005

La
nueva legislación impone que todos los nuevos vehículos
en California emitan 30 por ciento menos C02 en diez años.
Los fabricantes interpusieron un recurso en los tribunales.
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| El
Toyota Prius es uno de los híbridos favoritos en
Estados Unidos. |
Una batalla entre fabricantes de automóviles y el gobierno
del estado norteamericano de California, que intenta reducir
la emisión de gases invernadero del transporte, podría
adquirir dimensiones nacionales e internacionales, señalan
activistas.
El sector del transporte de este país libera por sí
mismo más dióxido de carbono (C02, principal
gas de efecto invernadero) que la economía entera de
cualquier otra nación, excepto China, según
el Centro Pew sobre Cambio Climático Global, con sede
en el oriental estado de Virginia.
Mientras el gobierno de George W. Bush pone en tela de juicio
el consenso científico acerca de la influencia humana
en el cambio climático, muchos estados federales aplican
sus propias estrategias para limpiar los cielos.
Pocos han sido más firmes que la occidental California,
que adoptó en septiembre una ley única en el
mundo: la primera que impone límites a los gases invernadero
de los vehículos de pasajeros.
La nueva legislación da a las compañías
fabricantes 10 años para lograr que todos los nuevos
vehículos vendidos dentro del estado emitan 30 por
ciento menos dióxido de carbono.
California ejerce considerable poder en la industria automovilística.
Sus habitantes compran más de 1,5 millones de automóviles
nuevos por año, casi la décima parte del mercado
nacional. También tiene fama de ser líder en
políticas ambientales, que se vuelven ejemplo para
otros estados del país.
De hecho, proyectos similares se han aprobado en siete estados
del noreste: Nueva York, Nueva Jersey, Connecticut, Rhode
Island, Massachusetts, Maine y Vermont.
Tal como se preveía, la Alianza de Fabricantes de Automóviles
(AAM, por sus siglas en inglés) y la Asociación
de Fabricantes Internacionales de Automóviles presentaron
un recurso contra la ley ante los tribunales.
La mayoría de los fabricantes reconoce el problema
de los gases invernadero y el cambio climático, pero
arguyen que los estándares californianos no son realistas
y acabarán costando a los consumidores miles de dólares
más en los precios de los automóviles.
También alegan que California se ha excedido en su
jurisdicción al establecer una norma uniforme de ahorro
de combustible, potestad del gobierno federal.
El Protocolo de Kyoto sobre cambio climático en
vigor desde el miércoles 16 obliga a 35 naciones
industriales a reducir sus emisiones de gases que recalientan
la atmósfera a volúmenes cinco por ciento inferiores
a los que arrojaban en 1990, con plazo entre 2008 y 2012.
Pero Estados Unidos no está obligado, pues no ratificó
el tratado, alegando que su aplicación sería
muy costosa y causaría la pérdida de millones
de puestos de trabajo.
La Casa Blanca no ha ofrecido nada para reducir las
emisiones de gases de los automóviles, dijo a
Tierramérica Jason Mark, director del programa de vehículos
limpios de la Unión de Científicos Preocupados
(UCS, por sus siglas en inglés), grupo ambientalista
con sede en Massachussets.
Y los tres grandes fabricantes automotores de
Detroit (Ford, General Motors y Chrysler) están al
final de la fila cuando se habla de reducción de gases
invernadero, agregó.
Estos gases, como el dióxido de carbono y el metano,
son liberados por la combustión de petróleo,
gas y carbón.
Las compañías tienen estrategias de inversión
de muy corto plazo que han demostrado no ser modelos empresariales
prudentes. Japón les viene ganando porciones de mercado
desde hace décadas. En definitiva, lo que está
en juego es la transformación de la industria automovilística
de Estados Unidos, dijo Mark.
La portavoz de la AAM, Gloria Bergquist, aseguró que
la industria automovilística ya ha gastado miles
de millones de dólares en moderna tecnología:
tenemos más de 30 modelos en venta o en desarrollo.
A los compradores de vehículos más limpios les
llevaría 16 años recuperar la diferencia prevista
de precios (entre mil y tres mil dólares) en lo que
ahorren de combustible, agregó.
Sin embargo, los vehículos con motores híbridos
(a gasolina y electricidad) ganan lentamente terreno entre
el público.
El gobierno federal ofrece un incentivo impositivo de hasta
dos mil dólares para el comprador de un híbrido,
pero el beneficio se reducirá a 500 dólares
en 2006 y será eliminado en 2007.
Algunos fabricantes asiáticos, a la vanguardia de la
industria de vehículos limpios, anunciaron planes de
ahorro energético en sus fábricas y mayor producción
de modelos limpios.
La japonesa Toyota vendió cien mil híbridos
en Estados Unidos desde 2000, y forma parte de la California
Fuel Cell Partnership, un ámbito de colaboración
del gobierno, fabricantes y compañías de motores
a hidrógeno (conocidos como celdas de combustible)
para la introducción de esta tecnología limpia.
En 2006, Toyota pondrá en el mercado dos modelos deportivos
híbridos y promete alcanzar en 2010 una reducción
de 10 por ciento en sus emisiones de carbono respecto de 1990.
Editora regional de Inter Press Service (IPS) para América
del Norte y el Caribe
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