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19
de junio de 2005

Diversos
sectores se oponen a la explotación de un yacimiento
minero que obligaría a remover tres glaciares en la
frontera entre Chile y Argentina.
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Chile es rico en glaciares, como los de Torres del Paine,
en la Patagonia. Photo Stock |
Ecologistas,
comunidades indígenas, agricultores, líderes
políticos y organizaciones de la sociedad civil se
movilizan en Chile, Argentina y Europa contra Pascua-Lama,
un gigantesco proyecto minero de la transnacional canadiense
Barrick Gold que incluye la remoción de tres glaciares
en Los Andes para la explotación de oro y plata.
El yacimiento de Pascua-Lama está a ambos lados de
la frontera entre Argentina y Chile, con 80 por ciento de
sus reservas en territorio chileno, bajo los glaciares Toro
1, Toro 2 y Esperanza, que alimentan en el valle de Huasco,
660 kilómetros al norte de Santiago, sistemas de regadío
para unos 70 mil pequeños productores agrícolas.
Más de 2,500 personas se manifestaron contra el proyecto
el 4 de junio en una festiva marcha por las calles de Vallenar,
urbe situada 150 kilómetros al oeste de la mina que,
por el lado argentino, se encuentra 300 kilómetros
al noroeste de la ciudad de San Juan.
Ese mismo día, un millar de activistas marchó
en Santiago para repudiar el emprendimiento de Barrick Gold,
mientras que en Barcelona, Londres y Cambridge se realizaban
actividades de denuncia y difusión en defensa de los
glaciares, convocadas por la no gubernamental organización
Vidau (Vida Autónoma, Cooperación y Desarrollo).
El yacimiento Pascua-Lama contiene reservas comprobadas de
17 millones de onzas de oro y 635 millones de onzas de plata,
y la transnacional planea invertir 1,500 millones de dólares
para explotarlo durante 20 años, con producciones anuales
en el primer quinquenio de 750 mil onzas de oro y 30 millones
de onzas de plata.
Barrick Gold se propone iniciar la construcción del
proyecto en enero de 2006, pero antes debe responder satisfactoriamente,
en un plazo de 90 días, un vasto cuestionario sobre
los impactos del proyecto que le formuló a comienzos
de junio la gubernamental Comisión Nacional del Medio
Ambiente (Conama).
El agua vale más que el oro. El proyecto Pascua-Lama
es un ejemplo brutal del tipo de desarrollo económico
que se está ejecutando en Chile, dijo a Tierramérica
Lucio Cuenca, coordinador en Chile del Observatorio
Latinoamericano de Conflictos Ambientales.
Los ecologistas señalan que los glaciares andinos,
una de las fuentes planetarias de reserva de agua dulce, sufren
un gran deterioro por el recalentamiento global y que en este
caso la remoción en Pascua-Lama de 20 hectáreas
de hielos (con un volumen de 300 mil a 800 mil metros cúbicos)
para explotar la mina tendría un fuerte impacto ambiental.
A eso se suma la contaminación de la propia explotación
minera sobre las aguas que riegan el valle de Huasco. La
minería aurífera arroja 79 toneladas de desechos
por cada 28 gramos de oro y aporta 96 por ciento de las emisiones
globales de arsénico, señaló el
economista Marcel Claude, vicepresidente de la organización
internacional Oceana.
José Francisco Lihn, experto en comercio exterior,
alegó que la contaminación de las aguas por
la minería impedirá a los agricultores del valle
de Huasco exportar sus aceitunas, uvas y hortalizas, por no
estar en condiciones de cumplir normas ambientales exigidas
en los mercados internacionales.
Barrick Gold ha realizado una intensa campaña de publicidad,
con avisos en televisión que elogian presuntas bondades
ambientales de su proyecto en materia de tratamiento de agua,
y también destacan que crearía cinco mil empleos
directos en la etapa de producción.
Carlos Vilches, diputado por la zona del derechista Partido
Renovación Nacional, dijo que son infundados los temores
y aseguró que en Chile hay experiencias de explotación
minera en glaciares con control del impacto ambiental, tanto
de empresas privadas como de la estatal Corporación
del Cobre.
Distinta es la visión de Sara Larraín, directora
del Programa Chile Sustentable, quien señaló
a Tierramérica que la avaricia y la obstinación
de Barrick Gold hacen que improvise propuestas técnicas
ante las autoridades ambientales, citando la supuesta remoción
exitosa de un glaciar en sus minas de Asia Central.
Ningún glaciólogo ni centro científico
ni estudio conocido avala el riesgoso experimento que hizo
la empresa Barrick en la república de Kirguistán,
dijo la ecologista.
La transnacional, con sede en Toronto, es la tercera productora
mundial de oro y con Pascua-Lama espera ascender al segundo
lugar. Para ello, inició en 1991 investigaciones en
los glaciares y en 1997 adquirió, a través de
su filial chilena Empresa Nevada, la hacienda Chañarcillo
o Chollay en el lugar.
Sin embargo, la comunidad de Husacoaltinos, integrada por
agricultores de origen diaguita (una etnia ancestral del norte
de Chile), entabló en 2001 un juicio por usurpación
de tierras contra la empresa, porque la compra se hizo a uno
solo de los miembros de ese grupo.
Nancy Yáñez, abogada del Observatorio de Derecho
de los Pueblos Indígenas, dijo que hay fundamentos
legales para anular la transacción, en virtud de leyes
de protección del patrimonio de las comunidades ancestrales
que exigen el acuerdo de todos sus miembros para la enajenación
de sus antiguos territorios.
Los opositores al proyecto destacan también la controvertida
historia de Barrick Gold, comprada en 1983 por el traficante
de armas saudita Adnan Khashoggi, y vinculada también
con el magnate venezolano Gustavo Cisneros, dueño entre
otras cosas de medios de comunicación masiva, y con
la familia del presidente estadounidense George W. Bush.
Según el libro La mejor democracia se puede comprar
con dinero, del periodista estadounidense Greg Palast,
el presidente George Bush (1989-1993), padre del actual gobernante,
ejerció presión en Indonesia y Zaire (actual
República Democrática del Congo) para favorecer
negocios mineros y petroleros de Barrick Gold.
El autor es corresponsal de Inter
Press Service (IPS)
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