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17
de abril de 2005

El
escultor argentino, naturalizado mexicano y residente en El
Salvador desde hace más de 20 años, Miguel Martino,
presenta este año su nueva exposición individual,
de la que destacamos el proceso artístico de una obra
en particular.
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Todo comenzó desde que descubrieron el árbol,
allá por Jucuarán, en Usulután. Llamó
la atención su frondosidad, su resistencia, su propia
belleza.
Para Miguel Martino era la oportunidad de aprovechar la madera
de ese árbol de quebracho, para hacer una escultura;
para el fotoperiodista Teyo Orellana era el momento pertinente
para capturar en imágenes cómo se hace una escultura,
desde que se corta el árbol hasta que se monta la obra
en una exposición. Y así fue como sucedió.
El verano comenzaba con todo su esplendor. Era noviembre de
2004, el invierno ya se había alejado y no podía
estorbar en los trabajos para recuperar el árbol de
quebracho, el que ya llevaba diez años en el suelo
y aún no moría.
Al primer encuentro, Miguel descubrió que ese quebracho
sería muy útil para sus ideas artísticas;
estaba convencido que de ahí saldría una obra
de arte, algo excepcional por su forma, su tamaño y
el significado.
Una de las características del quebracho es su dureza.
Incluso hay quienes dicen que las hachas a puras penas logran
abrir su piel. Por ese motivo, fue una motosierra la que utilizaron
para partirlo tal como lo necesitaba Martino.
A lomo de caballo, la madera fue bajada desde un cerro para
llevarla hacia una bodega que fue acomodada para que sirviera
como taller escultórico. Ahí encerrado hasta
por diez horas, desde el miércoles hasta los sábados,
durante cinco meses, Martino tallaba la dura madera, a veces
con rudeza y en otras ocasiones con una fineza de orfebre
para darle la forma que él deseaba.
Esa madera es bien interesante, porque a pesar de tener
diez años en el suelo estaba entera, pero dentro del
árbol había un panal de abejas pequeñas;
pensé que eran africanas, pero no, eran de chumelo
y esas no pican, y había miel y empezamos a sacarla
y a comerla... Era una miel sabrosa, recuerda Martino
en la tranquilidad de su hogar, un casa que más parece
un museo combinado con taller escultórico y biblioteca.
Tres trabajos en uno
En la medida que Miguel Martino tallaba el quebracho, Teyo
aprovechaba el tiempo para capturar las imágenes de
ese trabajo artístico; Martino ponía todo su
empeño con la sierra, con la pulidora o la gubia, mientras
que Orellana apretaba el obturador de la cámara fotográfica
o el botón de grabación de una cámara
de video.
No es la primera vez que hago esto; ya se ha hecho con
cuatro obras más, pero este es más didáctico
porque se enseña todo el proceso de cómo se
hace una escultura en madera, desde que se cortó el
árbol hasta que se expone la obra, señala
Martino.
De esta forma, las imágenes han capturado la hora del
ensamble de las maderas, que previamente habían sido
cortadas, de su pulimento, de los golpes con el mazo y el
formón; se descubre cómo el artista ha combinado
la herramientas eléctricas con las tradicionales.
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| Miguel
Martino huele la primera madera cortada del quebracho,
en Jucuarán.. |
Para
mí fue beneficioso (registrar el trabajo con imágenes).
Soy alumno de Miguel, tengo dos años de estar en el
taller, y es la primera vez que participo en un proceso así,
menciona Orellana, quien tuvo que auxiliar en el trabajo escultórico,
además de fotografiarlo y grabarlo.
El resultado de ese trabajo ha sido una obra que Martino bautizó
como Proveerá, una escultura de gran dimensión,
con una altura de 1.25 metros, un ancho de 2.5 metros y una
profundidad de 1.5 metros.
La escultura
parece una especie de estructura ósea, un maxilar,
es como una boca que provee el sustento, menciona Martino.
Con un peso de más de 1,000 libras, la escultura Proveerá
será parte de la exposición La oportunidad
del espacio, que Martino tendrá en La Pinacoteca
de la Zona Rosa, donde también se expondrán
20 esculturas más del mismo autor.
Con este registro del proceso de creación escultórica,
Martino y Orellana han querido mostrar al espectador lo difícil
que es crear una obra de arte, y mucho más una escultura
diseñada para un espacio público en el que se
necesitó hasta una grúa para poder moverla de
un lugar a otro.
En todo caso, los amantes de la escultura de madera no sólo
podrán admirar la obra en sí; también
podrán disfrutar el proceso para llegar a la creación
artística.
Hoja
de vida artística
Autor:
Miguel
Juan Martino Davies
Origen: Nacido
en Entre Ríos, Argentina, en 1950.
Estudios: de
Bellas Artes en Buenos Aires, Argentina.
Dónde ha vivido:
Argentina, Colombia, Costa Rica, México y El
Salvador.
Exposiciones individuales: 21
desde 1983 (Argentina, Colombia,
México, Costa Rica y El Salvador).
Exposiciones colectivas: 22
desde 1965 (Argentina, México, Perú,
Italia, El Salvador, Guatemala, España, Estados
Unidos).
Algunos reconocimientos: Segunda
mención, Mi Ciudad, Galería
Zaratéa, Buenos Aires (1972); Manzana
de bronce y finalista de la Bienal de Escultura, Valencia,
España; finalista de Juannio, subasta de Arte
Latinoamericano, Guatemala.
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El árbol escogido para
la escultura es de quebracho. Tenía diez años
de haberse caído.
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Con
una sierra sable, Martino hace los cortes que necesita
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Para
bajar la madera cortada tuvieron que utilizar un caballo.
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Martino
tiene como ritual iniciar su trabajo artístico
a partir de las cuatro de la madrugada.
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Martino
emplea regularmente diez horas diarias para trabajar
una escultura.
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En
grúa trasladaron la obra desde Jucuarán
a San Salvador.
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Ya
en San Salvador, la obra fue colocada en La Pinacoteca.
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La
obra Proveerá está lista para
la exposición La oportunidad del espacio,
en La Pinacoteca, ubicada en la Zona Rosa.
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