16 de octubrede 2005

Indígenas desarmados ante desastres


Los planes de prevención de desastres no consideran la cultura y la cosmovisión indígenas. Si eso cambiara, el impacto de fenómenos como Stan sería mucho menor, sostienen activistas.

Diego Ceéallos
MÉXICO

Hablemos


El huracán Stan afectó sobre todo a empobrecidos indígenas de Guatemala y México.

Cerca de las zonas devastadas por la tormenta Stan en Guatemala, donde murieron más de 655 personas, niños indígenas se entretenían en 2004 con Kumatzin, un juego de salón que, en lengua e ilustraciones mayas, enseña cómo prevenir y soportar desastres naturales.

Si ese juego y otras iniciativas se hubieran popularizado, quizá hoy la situación en el país centroamericano y México sería otra, sostienen sus impulsores.

En los primeros días de octubre, la tormenta tropical Stan afectó sobre todo a los empobrecidos indígenas de Guatemala y del sur de México, un sector de la población incluido en planes oficiales de prevención de desastres, evacuación y ayuda, que no consideran sus referentes culturales.

El aullido de los coyotes, el tipo de vuelo de ciertas aves, el “sonido” de la tierra y la posición y brillo de la luna son algunas de las manifestaciones de la naturaleza que anticipan desastres naturales, según los sabios y los ancianos indígenas.

Pero nada de esto tiene cabida en los planes oficiales, que a menudo también ignoran las lenguas y las formas organizativas de los nativos ante problemas comunes.

“La tragedia no hubiera sido tan grave si existieran planes que consideraran las particularidades de las comunidades indígenas y su cultura”, dijo a Tierramérica Ramiro Batzin, portavoz de Sotz´il, una organización indígena de Guatemala, que junto a la Cruz Roja trata de impulsar la creación de una Red Maya sobre Prevención de Desastres.

Los gobiernos reconocen que las recientes lluvias agravaron la condición de marginalidad de los descendientes de los antiguos mayas, pueblo que desarrolló una de las más importantes culturas de América Latina.

“No fuimos atendidos. Los gobiernos deben considerar que vivimos en zonas vulnerables y que tenemos una relación distinta con la tierra”, señaló a Tierramérica el nicaragüense Jorge Fredrick, quien hasta julio fue consejero mayor del Consejo Indígena de Centro América.

El Kumatzin, que el año pasado tuvo una etapa de ajuste tras una evaluación con niños de la comunidad guatemalteca de San Juan Juan Comalapa, no ha podido ser difundido por falta de dinero.

Mientras, permanece en el papel la idea de crear una red de comunidades indígenas que evalúe y defina riesgos naturales y actúe en consecuencia. Similares dificultades soporta el proyecto de integrar y concertar con habitantes nativos las acciones de prevención, un tema planteado en el marco del Plan Puebla Panamá (PPP).

“Lo que pasó (con Stan) tiene niveles de catástrofe” y es una lección para el PPP, que ahora “debe trascender el mundo del discurso y los acuerdos” e ir “hacia las acciones”, declaró desde Guatemala el director del Centro de Prevención de Desastres Naturales de América Central, David Smith.

El PPP es un programa intergubernamental de desarrollo para Mesoamérica, zona de un millón de kilómetros cuadrados que comprende nueve estados del sudeste mexicano y Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá.

El Kumatzin es apenas un paso hacia un programa de prevención de desastres entre los indígenas de la región, pero “ojalá pueda llegar a todas las comunidades”, dijo Batzin.

“Kojetza´n tqetamaj nqato’qi chuwäch k’ayewal” (aprendamos a cuidarnos de los desastres) es el lema de Kumatzin, “la serpiente emplumada”, inspirado en “Riesgolandia”, juego infantil creado por la Estrategia Internacional de Reducción de Desastres de la Organización de las Naciones Unidas.

Traducido a idioma kaqchikel (una de las lenguas mayas) y adaptado al contexto indígena a través de imágenes que resaltan su cultura y motivan la lectura y la escritura tradicionales, el juego pretende que los niños aprendan a prevenir desastres naturales y transmitan ese conocimiento a los adultos.

A pocos kilómetros de donde fue jugado por primera vez, las lluvias asociadas a Stan mataron a decenas de personas y provocaron grandes daños materiales.

Algo similar sucedió en las inmediaciones de San Pedro Yepocapa, una comunidad donde la organización Sotz´il realizó en 2004 una recopilación de antiguas creencias indígenas sobre las señales de alerta que dan los animales, los astros y hasta los sueños antes de que se presente un desastre.

Según Batzin, “es claro que en casos como el último desastre, las autoridades atienden siempre primero a las comunidades donde no hay indígenas”, como parte de la “discriminación institucionalizada que existe”.

En México, donde murieron 36 personas por las últimas tormentas, muchos indígenas fueron los últimos en recibir ayuda tras el paso de Stan, pues viven en las zonas más inaccesibles.

En el sur del país, fronterizo con Guatemala, habitan tres cuartas partes de todos los mayores de cinco años que hablan alguna lengua indígena.

“Aquí no existe un programa institucionalizado de protección y defensa civil para los indígenas, sólo uno general, y ha demostrado ser insuficiente”, señaló a Tierramérica Blanca Martínez, directora del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas, con sede en el estado mexicano de Chiapas.

El autor es corresponsal de Inter press service (IPS). Con aporte de Jorge A. Grochembake (Guatemala)
 


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