16 de octubre de 2005

“Aquí el invierno siempre es duro”

No hay un invierno fácil en la franja costera de San Francisco Menéndez, sin sobresaltos sólo el verano. Pero la temporada lluviosa es más trágica cuando “la llena” llega con fuerza y arrasa con las siembras y las pertenencias de sus pobladores.

Morena Rivera
Fotos: René Estrada

Hablemos El Diario de Hoy

Aunque las viviendas más pobres de la zona no cedieron a la fuerza del agua, muchas quedaron semiderruidas y con los suelos cubiertos de fango.


Aún sin huracanes ni tormentas tropicales, los inviernos suelen ser duros en la zona baja de San Francisco Menéndez, en Ahuachapán. Se reproducen los zancudos, los niños padecen infecciones en los pies, el agua anega los terrenos e incluso los patios de las casas.

La única diferencia es que durante las lluvias persistentes, como las ocasionadas por la tormenta tropical “Stan”, el agua llega con fuerza y cubre las plantaciones de maíz, les arrebata sus pertenencias y los obliga a correr de sus viviendas para buscar refugio en albergues temporales.

Y quienes tienen casas con techos resistentes, como don Miguel Ángel Medrano y su yerno Arturo López, habitantes de la colonia ISTA, salvan sus bienes importantes amarrándolos con lazos desde las vigas, para que no sean alcanzados por “la llena”.

Al salir el sol
-Un grupo de hombres y niños tiraba la atarraya en el zanjón “El chino”. Recolectaban peces para el almuerzo, la cena y el desayuno. Llevaban una semana sin trabajar en el campo y no tenían dinero para comprar comida.
-Los pobladores limpiaban los residuos de lodo que habían quedado en sus pisos. Algunos echaban arena para disminuir lo pegajoso del suelo.
- Algunos agricultores revisaban las mazorcas de maíz, que luego de haber permanecido bajo el agua ya comenzaban a nacerse.
- Carros y carretas haladas por bueyes transitaban por la calle cargados de plátano. Los dueños habían optado por cortar los frutos para recuperar parte de sus pérdidas.
- A bordo de camiones, los hombres viajaban con cántaros y barriles para traer agua desde Cara Sucia, pues los pozos quedaron contaminados.
-Jovelina Pineda, una de las profesoras del centro escolar de la colonia ISTA, quien se hospeda en la casa de uno de los padres de familia, se lamentaba de que la corriente no le hubiera dejado ni rastros de los programas educativos, de las listas de asistencia y de todo el material didáctico.

Así permanecen las camas y la ropa de don Miguel Ángel. También las bombas de aspersión y todos los materiales que usa en la agricultura. Los mantendrá así hasta que pase la alarma, cuando esté seguro de que el Paz y los demás ríos de la zona ya no volverán a desbordarse.

Mientras tanto duerme en hamacas, igual que su yerno, sus hijas y sus nietos. Ha lavado el piso encementado del lodo que lo cubría, ha rescatado un gavetero semidestruido y ya hace planes para salir de la tormenta.

Igual que le sucedió a los pobladores del Bajo Lempa y a muchos vecinos suyos, don Miguel Ángel perdió cinco manzanas de maíz, y una parte de las siete de plátano también ha quedado insalvable. “No es fácil trabajar todo el año por gusto”, señala.

“Pero vamos a sembrar segunda cosecha (de maíz)”, agrega. Quizás entonces no le vaya tan mal y logre pagar los 3,000 dólares que debe al banco de Fomento. “Ya nos va a pasar el susto, aunque la recuperación económica lleva más tiempo”, expresa don Miguel Ángel.

No es la primera

Por lo menos 12 comunidades asentadas en la costa ahuachapaneca, del lado de Cara Sucia, resultan anegadas cada vez que las lluvias se extienden por días. En los más de 30 años que tiene de vivir en la zona, María Francisca Ramos, de 80 años, ha tenido que huir cinco veces de su casa.

Una vivienda de palmas y varas que las recientes inundaciones dejaron a punto de desplomarse. “Pues sí, salimos librando la vida”, refiere. Pero también llega un regreso, y esta vez Francisca vuelve a su casa con el dolor que le causa el no encontrar sus cultivos y sus gallinas.

Es la misma preocupación de todas las mujeres que fueron a parar a los albergues. Además, el agua de los pozos ha quedado contaminada y el poco maíz y frijol que guardaban para la comida fue arrastrado por la corriente.

Sólo los niños parecen ignorar que sus padres sufren por las pérdidas materiales de los últimos días. Los que quedan en los albergues se entretienen con dulces y vejigas; los que han retornado o no salieron de sus casas, como Katerine, Diego y Tatiana, no han interrumpido sus juegos de costumbre.

Quizás porque ver el agua que llega hasta los patios de sus viviendas ya no es nuevo para ellos; lo han visto otros inviernos, aunque nunca como este año. “Aquí vivimos en contacto con el agua”, dice Herbert, el yerno de don Miguel Ángel. “El verano sí es más bonito”, subraya.

 

Al llegar la calma, algunos pobladores recolectaron peces para saciar el hambre.

 


La soledad de Maritza

Después de la tempestad que pasó por su casa, situada en el caserío La Veranera, Maritza Ramírez lavó los trastos que pudo rescatar del fango, bajó la cama y la cocina de tres quemadores que había amarrado del techo y se sentó en el corredor a esperar a su marido.

Él se había ido a Cara Sucia para comprar agua y la comida del almuerzo. No había más que hacer en esa vivienda construida con varas y lámina, más que sentarse en la única silla que le había dejado “la llena”.

Desde la calle, Maritza parecía desconsolada, con su mirada perdida. A su lado estaban tres gallinas y un gallo, el resto de pollos y los chumpes que estaba engordando para vender en diciembre fueron arrastrados por la corriente.

El agua también se llevó el granero lleno de maíz, el sofá y el ropero donde tenía su ropa y seis fotos que se tomaron cuando eran novios. Les dejó un cántaro, la piedra de moler y un par de zapatos que ella se había cuidado de guardar entre las vigas.

Sin agua, sin leña para cocinar, sin tener a dónde ir; Maritza optó por arreglar las pocas cosas que le quedaban en casa, se puso uno de los dos vestidos que le había dejado la corriente, se maquilló su rostro y se sentó a esperar a su esposo.

 



1995 - 2005. El Diario de Hoy
Derechos Reservados. Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular.

elsalvador.com