Dos de cada diez de las mujeres que han muerto en Guatemala eran estudiantes de secundaria o universitarias y seis de cada diez tenían menos de 30 años. ¿Por qué las mataron?

Tania Urías
Fotos: Maritza Santos

Han pasado casi tres años desde el asesinato. Madre y hermana continúan luchando por que se aclare el caso.

18 de enero de 2004. Evelyn Molina, de 19 años, fue atacada a tiros por un sujeto cuando salía de su vivienda ubicada en la zona 18 de la capital guatemalteca. Aún no hay capturas.

El 26 de febrero de 2004. Claudia Lucía Pac, estudiante de último año de arquitectura de la Universidad del Istmo, desapareció mientras salía del hotel propiedad de su padre en la 8ª Avenida y 15 Calle de la zona 1 (donde vivía).

Luego de tres días de búsqueda, el domingo 29 de febreroencontraron a Claudia en el río El Cangrejal, a una hora de la capital, con tres impactos de bala.

Dos días después, el 2 de marzo de 2004, Rebeca Franco Hernández, de 21 años,
estudiante de medicina de la Universidad del Valle, fue muerta de varios disparos por hombres que intentaron secuestrarla cuando salía de un gimnasio. Rebeca hacía sus prácticas de nutricionista en el Instituto Guatemalteco del Seguro Social y estaba a punto de graduarse.

Investigación se queda corta

55% de los asesinatos cometidos durante el 2003 y junio de 2004 se desconoce el móvil.

20% de las víctimas tenía menos de 18 años y 57% entre 20 y 40 años, según la PDH de ese país.

42 de las 169 víctimas, el móvil del asesinato se registra como “ignorado”.

Se calcula que en los últimos tres años alrededor de 200 estudiantes han sido asesinadas en Guatemala. Sólo de enero a septiembre de 2004, la policía registró la muerte de 23 estudiantes entre 13 y 28 años. Los móviles son ignorados, y aunque la policía en algunos casos habla de “problemas entre maras” o “pasionales”, los familiares no los aceptan.

Rosa Franco y María Elena Peralta, mamás de dos jóvenes de 15 y 30 años asesinadas en el 2001 y 2003, niegan esta versión. “Muere una jovencita y sólo dicen que era marera y se acabó”, dice la señora Franco.

Lo mismo opina Hilda Morales, de la Red de la No Violencia. “Ven un tatuaje y dicen que era marera, ven una cadena de oro y dicen que tenía nexos con el narcotráfico. Nunca investigan más allá”, dice.

“Los casos son tan emblemáticos que la policía incluso registra la muerte de una anciana de 86 años o el de una niña de siete bajo un mismo patrón: problemas pasionales. Eso es hasta risible”, agrega.

Lo cierto es que si bien el porcentaje de estudiantes muertas es menor que el de las amas de casa (30%) muchos padres comienzan a preocuparse por que la violencia alcance a sus hijas. “Yo veía en la televisión cómo mataban muchachas. Mi hija era callada y reservada... pero me la mataron. Ahora ya sé que le puede pasar a cualquiera en Guatemala”, dice doña Mirna Martínez, cuya hija fue asesinada a tiros en la zona 18.

 



1995 - 2005. El Diario de Hoy
Derechos Reservados. Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular.

elsalvador.com