Más de 1300 mujeres han sido asesinadas en Guatemala en los últimos cuatro años,
golpeadas, violadas y torturadas previo a su muerte. La mayoría tenía menos de 35 años.

Tania Urías
Fotos: Maritza Santos

Entre dos y tres mujeres son asesinadas cada día en distintos puntos de Guatemala. Como “femenicidio” califican los organismos de mujeres de Guatemala este fenómeno, ya que del año 2000 a la fecha hay más de 1300 casos documentados y se habla de un subregistro que podría aumentar la cifra a tres mil asesinadas.

Sólo en el 2003 ocurrieron 380 crímenes contra féminas, cifra que rebasa los 375 asesinatos de mujeres reportados en los últimos diez años en Ciudad Juárez, México.

Asesinadas con arma de fuego en más del 55% de los casos, las víctimas fueron además de baleadas, apuñaladas, asesinadas a machetazos, estranguladas o asesinadas a golpes.

Violadas, desmembradas, fracturadas, quemadas y en casos graves hasta mutiladas, reflejan la crudeza a la que las mujeres fueron sometidas previo a matarlas, dice el doctor Mario Guerra, jefe de la morgue del organismo judicial de Guatemala.

Datos del Ministerio Público reportan 157 casos documentados por esa institución entre junio de 2003 y septiembre de 2004 ocurridos en la capital de Guatemala. De éstos, al menos un 28% fue víctima de violación sexual y un 20% sufrió también torturas.

Sus cadáveres, algunos atados de pies y manos con alambres de púas o lazos, han aparecido en predios baldíos de las zonas 3, 6, 12 y 18 de la capital guatemalteca, donde han ocurrido el 80% de los crímenes.

“Mi hija fue un ángel”

Consuelo Rodríguez, salvadoreña, madre de Brenda Roxana García Rodríguez, de 20 años, de origen guatemalteco.

“Mi hija era secretaria de una maquila y el 3 de agosto de 2004 salió a comprar su desayuno y fue víctima de una bala que era para otro sujeto. Ella fue un ángel para ese joven contra quien disparaban, pues la bala que ella recibió le salvó la vida a él.
Mi hija era maestra de niños en una iglesia evangélica y trabajó con el discipulado juvenil. Era una joven ejemplar que soñaba con ser abogada y notaria.
Era tan buena hija y vecina, por eso durante la velación enPrados de Villa Hermosa, al sur de la capital donde nosotros vivimos, la mayoría la recordó con alegría, no con dolor”.

Las asesinadas eran mujeres de nivel socioeconómico bajo, domésticas, trabajadoras de maquilas y sobre todo amas de casa y estudiantes de secundaria o universitarias,

¿Por qué las matan?

Los organismos estatales no poseen un recuento exacto de las muertes y otras instituciones, como el Ministerio Público, no se han ocupado de diferenciar los asesinatos por sexo ni por el móvil del crimen.

“Hay un subregistro. Hay mujeres que no están muertas, pero sí desaparecidas. Los informes forenses son muy pobres y no hay coordinación con la unidad de desaparecidos y la de investigación de crímenes, por eso no hay una cifra exacta”, explica la doctora Anabella Noriega, defensora de la mujer de la Procuraduría de Derechos Humanos de Guatemala (PDH).

La fiscal Sandra Sayas, jefa de la Unidad de la Mujer de la Fiscalía, reporta sólo los 157 casos entre junio de 2003 y septiembre de 2004 en la capital guatemalteca.
Sin embargo, la PDH, habla de más de 700 casos entre los dos años y de al menos 1300 desde el 2001 en todo el país.

De hecho, la PDH realizó una investigación sobre el tema, donde se destaca como los crímenes de mujeres se dispararon en un 135% entre 2002 cuando se reportaron 163 casos al año 2003 cuando la cifra subió a 383.

El estudio de la PDH, titulado “Muertes violentas de mujeres 2003”, ubica a las víctimas como de nivel socioeconómico bajo y, contrario a la versión de la policía, la mayoría son mujeres sin nexos a pandillas.

“De las 380 asesinadas en 2003, sólo identificamos a seis mujeres que portaban tatuajes; de ahí eran estudiantes, amas de casa o trabajadoras de maquila”, dice el procurador de Derechos Humanos, Sergio Morales.

Escasa investigación

Independiente de las estadísticas, lo cierto es que las autoridades no tienen todavía claro por qué están ocurriendo estos crímenes.

Las primeras pesquisas apuntan a que podrían estar ligados a riñas entre maras. Hay unos 10 mil pandilleros en la capital de ese país. Sin embargo, al revisar los registros del Ministerio Público, estos responsabilizan a estos grupos en apenas un 20% del total de crímenes.

Otras teorías involucran al narcotráfico. El barrio El Gallito, en la zona tres, es considerado territorio controlado por narcotraficantes. Ahí murieron diez mujeres sólo en 2004.

Otra hipótesis es que los asesinatos podrían estar ligados al crimen organizado, ya sea que las mujeres hayan participado de forma directa en estos grupos o hayan sido utilizadas como venganza. Incluso la PDH documentó en el 2003 una decena de casos que involucran a agentes de la PNC de Guatemala.

Sin embargo, la mayoría de los casos (más del 70%, según reportes de la PDH) no han sido investigados y se desconocen los móviles.

“En Guatemala, las mujeres tenemos miedo desde que amanece hasta que anochece”.

Debido a la enorme lista de casos no resueltos, y a la presión internacional, en abril de 2004 el gobierno de Guatemala creó la Unidad de Homicidios contra Mujeres, adjunta al Servicio de Investigación Criminal (SIC) de la PNC.

Pese a su rimbombante nombre, esta unidad cuenta apenas con tres computadoras, igual número de escritorios y unos archivos destinados a guardar las pertenencias de los veinte detectives, diez por turno de 24 horas, encargados de investigar los casos que ocurren sólo en la capital de ese país.

Sin embargo, en el resto de los 23 departamentos de Guatemala, en teoría son los agentes departamentales del SIC quienes les dan seguimiento.

El país del miedo

Ricardo Lemus, vocero del Cuerpo de Bomberos Municipales, entidad encargada de recoger la mayoría de cadáveres, asegura que la violencia en Guatemala se ha incrementado en los últimos años, especialmente en contra de las mujeres.

Lo mismo opina el director de la morgue, el doctor Guerra, con 27 años de carrera forense. Él dice que el nivel de violencia actual sólo es comparado a los años de guerra civil vividos por ese país en los ochenta.
“2004 ha sido para uno de los años más violentos hacia las mujeres. Había visto casos de violencia de este tipo, pero sólo durante la guerra”, dice el médico.

De hecho, algunos funcionarios han comparado los asesinatos de mujeres con las ejecuciones ocurridas en aquella época.

“Si se revisan las estrategias de tortura de años atrás dentro de la guerra interna que usaron los militares con lo que está pasando hoy, como cercenar los cuerpos , se puede ver que las mismas características ”, dice la licenciada Noriega.

Lo mismo opina la abogada Hilda Morales, especialista en el tema de género y miembro de la Red de la No Violencia. “No hay una explicación coherente acerca de estas muertes. S í se mira es qmucha saña y odio contra de las mujeres”, dice.

Lo cierto es que los crímenes han acaparado la atención mundial y han puesto sobre el tapete una larga lista de violaciones a los derechos de las guatemaltecas.

Sólo en el 2003, según la Red de la No Violencia, 25,507 mujeres denunciaron ser víctimas de violencia intrafamiliar en Juzgados de Familia, la policía, la fiscalía de la mujer, la Procuraduría de la Mujer y la PDH. De estas, 506 fueron víctimas de violaciones sexuales.

“En Guatemala, las mujeres tenemos miedo desde que amanece hasta que anochece”, resume la doctora Noriega, al reflejar como ella y cientos de guatemalecas comienzan a sentirse inseguras en su propia tierra.


“A mi hija me la mataron un 13 de abril de 2003, a las nueve menos cuarto de la noche. Fue un solo disparo en la

cabeza. Dijeron que había sido una 38 mm.
Yo trabajaba en un billar de la zona 18, a unos 100 metros de mi casa, y como era peligroso siempre la llevaba conmigo.

Unos meses antes de que la mataran, ella conoció a un pandillero y se hizo novia de él. Pero cuando yo lo supe, le prohibí esa relación. El día que la mataron yo tenía el equipo de sonido en el negocio y lo llevé a la casa. Cinco minutos la dejé sola y la mataron.

La policía empezó a investigar, pero cuando preguntaban, nadie había visto nada. Todavía siento miedo, me quedaron tres hijas y siento temor de que les pasé algo.

Mayra tenía 16 años, estudiaba primer año de mercadotecnia, éramos bien amigas. Un día me dijo que el día que tuviera sexo, la primera en saberlo iba a ser yo.

Yo no sé por qué la mataron, y a veces me agarra la tristeza, pero me consuelo en Dios y trato de seguir adelante. La muerte de un hijo es el dolor más grande que se puede sentir. Al principio yo quería venganza, ahora sólo Dios me sostiene, pero a menudo le reclamo también. Hubiera querido cambiar mi vida por la de ella.

Yo había visto las noticias y nunca pensé que podría pasarme a mí o a alguien de mis hijas. Lejos miraba yo esa violencia, miraba a las mamás llorando en la tele, pero era ajeno a mí. Ahora ya sé que en Guatemala a cualquiera lo pueden matar”.

 

VICTIMAS

Alba González, 35 años.
Asesinada a tiros.

Brenda Echeverría, 29 años.
Asesinada de tiro en cuello.

Berly De León, 38 años.
Secretaria de una ONG.

Blanca Álvarez, 26 años.
Asesinada a tiros.

Celia Hernández, 71 años. Asesinada de varios disparos.

Claudia Anleu, 20 años.
Murió durante una balacera.

Oliberta Calel, 17 años. Asesinada con arma blanca.

Consuelo Pocasangre.
Murió asesinada a tiros.

Dominga González,
43 años. La apuñalaron por robarle.

Eufemia López, 34 años.
La balearon
en la calle.

Esther Bendfelt,
23 años. Murió lapidada.

Esther Velasco, 23 años.
Murió apuñalada.

Evelin Molina, 19 años. Atacada con arma de fuego.

Fidelina Caal, 20 años. Asesinada con piedras y palos.

Floresmila López 45 años.
Murió de 12 impactos de bala.

Vilma Cu Quej,
34 años. La mataron a tiros por robarle.

María Choc Pop, 24 años. Asesinada con una bala perdida.

Herminia Vela,
59 años. Atacada a tiros.

Mishel Pivaral, 17 años. Asesinada frente a su hija.

Ingrid Soto, 41 años.
Desapa- recida y apuñalada

Jackelin Méndez, 29 años.
Muerte por caída dudosa.

Wendy Solís, 21 años.
Asesinada en su casa.

Julia Vásquez, 48 años.
Asesinada a tiros.

Catalina Aguilar, 42 años.
Muerta con arma de fuego.

María Sosa 57 años.
Degollada dentro de su negocio.

Petrona Cojtín, 65 años. Su cuerpo fue hallado putrefacto.

Mirna Harris, 35 años.
Asesinada a tiros.

Ma.Vicenta Asturias,
86 años. Muerta a golpes.

María Barillas, 29 años
Asesinada de cuatro disparos.

Marta Villeda, 52 años. Acribillada con arma de fuego.

Marta Say, 20 años.
Asesinada a tiros mientras vendía.

Gladys Leiva,
14 años.
Apuñalada en cuello.

Milvia Galeano, 54 años. Muerte por arma de fuego.

Imelda López,
15 años.
Asesinada a tiros.

Mirian Ajuchán, 37 años.
La asaltaron y la mataron.

Norma Cifuentes, 15 años.
Tres tiros de escopeta.

Mónica Estrada, 21 años.
Asesinada a tiros.

Mónica Orellana, 30 años. La mataron junto a su esposo.

Andrea Joaquín, 19 años.
Estudiante asesinada.

Norma Ortega, 37 años.
Asesinada a tiros.

 



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