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15 de mayo
de 2005

Ambientalistas
tienen posiciones encontradas sobre qué hacer con la
reserva mexicana, azotada por múltiples conflictos.
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| La
selva Lacandona es la más importante reserva tropical
húmeda de América del Norte. Foto Claudio
Contreras |
Sobre la Reserva de la Biosfera Montes Azules, en el sudoriental
estado mexicano de Chiapas, corren ríos de argumentos
y evaluaciones opuestas. Es que la zona reúne una explosiva
mezcla de asentamientos humanos irregulares, influencia guerrillera,
tala, quema, saqueo de especies, financiamiento internacional
y visiones encontradas de cómo manejar su riqueza.
Las 331,200 hectáreas de Montes Azules representan
para México la zona de mayor conflicto en materia ambiental,
y en su manejo se conjugan muchos de los desafíos presentes
y futuros de otras reservas en el mundo, dijo a Tierramérica
Julia Carabias, ex ministra mexicana de Medio Ambiente, y
galardonada este año con el premio Campeones de la
Tierra, por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio
Ambiente.
La zona y su entorno, la selva Lacandona, constituyen la más
importante reserva tropical húmeda de América
del Norte y el principal abastecedor de agua dulce de México.
Allí está la mayoría de árboles
tropicales del país, así como 33 por ciento
de los reptiles, 80 por ciento de las especies de mariposas
y 32 por ciento de las aves.
La región es saqueada por empresas extranjeras
e intereses ligados a la bioprospección, según
los cuales estorban los indígenas allí asentados
y por eso se los expulsa, señaló a Tierramérica
Miguel Ángel García, coordinador de Maderas
del Pueblo del Sureste, una asociación civil que trabaja
en la zona.
Carabias califica, sin embargo, esos argumentos de falaces.
Son acusaciones que usan términos como biopiratería
y bioprospección que motivan y mueven, pero no saben
de lo que hablan, sostuvo la ex ministra, integrante
de una organización no gubernamental (ONG) que administra
una estación de investigación en la zona, donde
se capacita a administradores de reservas naturales.
José Zúñiga, director de la reserva,
concuerda: Hay mucho amarillismo (informaciones falsas
o exageradas) en torno a Montes Azules, mientras que los resultados
de los programas en marcha y la realidad cruda y visible a
casi nadie le interesan.
El funcionario aseguró a Tierramérica que en
la reserva 85 por ciento de la vegetación está
intacta y que los procesos de reubicación, y no desalojo,
de poblaciones nativas que llegaron al lugar sin autorización
son tersos, mientras que los programas de investigación
son profesionales y están controlados.
No hay nada de bioprospección, enfatizó.
En la reserva, declarada como tal en 1978, trabajan diferentes
dependencias del gobierno junto con casi una docena de ONG,
y hay proyectos de investigación que involucran dineros
de la Organización de las Naciones Unidas, la Unión
Europea y universidades extranjeras.
Hay visiones muy marcadas e irreductibles, y todo es
producto de posturas políticas e intereses diversos,
comentó a Tierramérica un investigador extranjero
que trabaja en la zona y pidió que no se mencione su
nombre para evitar que me ataquen.
Montes Azules soporta desde los años 70 fuertes presiones
por problemas sociales, políticos y hasta religiosos,
que se expresan en nuevos asentamientos humanos, agricultura
no sustentable y destrucción del entorno con incendios
y tala.
La conflictividad en el lugar se disparó en 1994, cuando
hizo su aparición en Chiapas el Ejército Zapatista
de Liberación Nacional (EZLN).
Parte de las bases sociales de ese grupo están en la
selva Lacandona, incluido Montes Azules, a donde arribaron
huyendo de la violencia o por orden de su comandancia. Pero
también hay nativos opositores a los zapatistas y muchos
que llegaron simplemente buscando un pedazo de tierra para
sobrevivir.
Ambientalistas sostienen que las presiones sobre la reserva
y la selva Lacandona, que en total tiene una extensión
de alrededor de 500 mil hectáreas, son inmensas.
Esa selva abarcaba hace un siglo cerca de dos millones de
hectáreas, y su población pasó entre
ese tiempo y la actualidad de menos 20 mil a más de
600 mil personas.
Rodeada hoy de varios cuarteles militares que fueron instalados
tras el surgimiento público del EZLN, la reserva atrae
intereses de transnacionales farmacéuticas y productoras
de semillas.
Además arrastra un grave y confuso problema agrario
desde los años 70, cuando el gobierno de entonces entregó
propiedades agrarias a grupos nativos, con el único
afán de saquear la madera, sostuvo García.
Según el director de la reserva, que hasta 2000 no
contó con un plan de manejo integral, allí viven
15 mil indígenas choles, lacandones, tzeltales, tzotziles
y tojolabales, con derechos legalmente reconocidos, y unas
500 personas consideradas invasoras.
El funcionario relató que gracias a los procesos de
negociación que se llevan adelante con las poblaciones
nativas invasoras desde hace cinco años, su número
bajó de mil a la mitad.
Zúñiga indicó que las negociaciones continuarán
para sacar de la reserva a los recién llegados.
A entender de García, las llamadas reubicaciones de
nativos son en realidad expulsiones.
Podría haber una reserva con gente y en manos
de ellos (los nativos), opinó el activista. Pero
un modelo así, se opone al concepto de reservas
de biosfera sin gente y contra la gente, que es el que se
maneja en Montes Azules y fue impuesto por los países
desarrollados, señaló.
Corresponsal de Inter Press Service (IPS)
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