15 de mayo de 2005

PSus negocios han iniciado en las aceras o en algún puesto en el mercado, pero con agallas y con la bendición de Dios ahora ocupan un lugar en el porcentaje de microempresas manejadas por mujeres.

MMorena Rivera
Fotos: René Estrada y Luis Villalta


Que el aporte de las mujeres empresarias se ha subestimado con frecuencia cita el estudio “Una nueva ruta para las mujeres empresarias en Centroamérica y Panamá”, desarrollado en el 2003 por la Fundación DIWAK.

Allí se plantea que casi siempre los censos documentan la actividad económica masculina, y se deja de lado a un sector grande que por tradición se ha considerado inactivo.

En éste se hallan las mujeres propietarias de pequeñas y hasta medianas empresas.

Las carnitas “Mamá Chus” y las tiendas “Morena”, dos negocios que ya han cobrado reconocimiento en la capital, tienen al mando a dos mujeres emprendedoras, que con el paso de los años han cimentado sus esfuerzos.

La primera pasó de ofrecer su venta en una acera a fundar cinco negocios donde la especialidad siguen siendo las carnes. La segunda ofrecía utensilios de peltre en el mercado Central, y llegó a abrir una tienda en un edificio de tres plantas.

Según el estudio de la Fundación Diwak, se contabilizan en El Salvador 520,298 microempresas, que representan el 38% de la población económicamente activa (PEA). De éstas, el 65% tiene a una fémina como precursora.

Pero el mayor porcentaje de estas mujeres está dedicado al segmento de subsistencia (67%), es decir que son dueñas de pequeños negocios, sobre todo comercio informal, que apenas les dejan ganancias para sobrevivir.

Con menor porcentaje se hallan las microempresas de acumulación simple (50.4%), aquellas que tienen ciertos ingresos y pueden capitalizarlos en sus proyectos.

La pirámide se estrecha, explica Jesús Peña, presidente del Fondo Solidario para la Familia, FOSOFAMILIA, cuando se trata de microempresas de mayor inversión, o de acumulación ampliada.

En este segmento, ellas sólo tienen 45.8% de participación frente al 54.2% de los hombres. “Las mujeres tienen menos protagonismo en aquellos proyectos que están tratando de convertirse en pequeñas empresas”, relata Jesús Peña.

En el informe “Una nueva ruta para las mujeres empresarias en Centroamérica y Panamá” se reconoce, además, que a las féminas se les sigue llamando “las recién llegadas a la sala del poder empresarial”.

Uno de sus obstáculos de siempre han sido los créditos. “Los bancos y las mujeres siguen sin entenderse”, se menciona en un apartado. Jesús Peña cree que al no poseer las garantías legales necesarias, ellas experimentan un crecimiento más lento en sus negocios.

Su sueño era un “amanecer”
¿Quién que ande trasnochando por la capital no ha oído hablar un día de la mamá Chus?, o lo más seguro es que haya desafiado el hambre de la noche con un tajo de carne asada, de esos que se ven humear desde la calle, frente a los cinco negocios fundados por esta mujer.

O a lo mejor ha tenido la suerte de encontrarse con ella: Jesús Cruz González, una mujer de piel aceitunada y conversación cariñosa que ha aprendido a escurrirse entre las mesas donde se hallan los comensales que aparecen al teñir la noche.

A esas horas ella va de la Metrópolis a la Veintinueve, y de la 5ª Avenida Norte a las Terrazas. Lleva una gabacha blanca y el aroma de su perfume recién aplicado se mezcla con el olor de la carne que se cocina en las grandes parrillas.

Allí supervisa que no falte ningún insumo para responder al menú que piden los clientes. A veces le llega la madrugada en esta rutina. “He llegado a confundir el día con la noche”, nos confieza la “mamá Chus”.

Antes de supervisar sus cinco negocios, ella lavó trastos, fue mesera y cocinera de algunos restaurantes. Una tarde se le ocurrió poner un comal sobre un barrilito que le habían regalado y comenzó a hacer pupusas.

Pero ella seguía deseando un “amanecer”, como eran llamadas las ventas de carne al aire libre, a principios de los ochenta. Pidió permiso a una cooperativa de taxis, ubicada en la 5ª Avenida Norte, para colocarse en su acera; llevó una mesita, una parrilla y se puso a ofrecer su venta.

De allí la corrieron un día, pero ella volvió a buscar otras aceras, siempre en la 5ª Avenida. Los aguaceros del invierno solían sorprenderla mientras ella atendía su “amanecer”.

Un día pudo comprarse un vehículo para transportar su negocio ambulante, y años después dejó las aceras para rentar un local y llamarlo “Las carnitas mamá Chus”. La empresa creció y la mamá Chus llegó a tener cinco negocios. Algunos son ahora administrados por sus hijos.
Del mercado a un edificio

Hablar largo y tendido con doña Morena Estela Mendoza es toda una travesía. Su figura se descubre entre las estanterías, y en un santiamén ya se ha perdido en el mar de gente que a diario visita su “tienda Morena”.

“Es que la tienda es como una máquina, y hay que encenderla desde temprano”, dice, luego que logramos separarla por un momento del vaivén que vive día a día en su trabajo.

De los inicios en este negocio recuerda que tenía 14 años, el mercado central que se ubicaba donde ahora se halla el parque “Hula Hula” y los 25 colones que pidió a su abuela para invertir en utensilios de peltre.

“Tenían fondo blanco, florecitas de colores y orilla azul”, detalla. “Siento como si aún los estuviera viendo”, agrega. En poco tiempo su negocio fue reconocido hasta por hondureños que venían al país en busca de ese material.

Un incendio que azotó el mercado, en 1963, hizo que su negocio tomara un nuevo rumbo. A cambio de 300 colones rentó una casa de bahareque siempre en el centro de San Salvador, y decidió rotularla como “tienda Morena”.

No sabe cómo fue llegando la expansión de su proyecto. “Una ni cuenta se da cómo todo va creciendo, pues no se trata de una clave, sino de la bendición de Dios”, comenta.

Con el paso del tiempo incluyó el aluminio, el plástico.... y la “tienda Morena” se convirtió en proveedora de enseres para el hogar. En 1971 compró un local de tres plantas y lo inundó de mercadería.

Llegó a tener 75 empleados y en el 2004, con la ayuda de uno de sus cinco hijos, abrió una nueva sucursal en Santa Tecla.

Su hijo Ramón Rivera, quien creció vendiendo cucharas de colores en el mercado central, es ahora el administrador de las tiendas que iniciaron con una inversión de 25 colones.
Inversión para microempresarias

El Fondo Solidario par la Familia (FOSOFAMILIA), institución pública creada para otorgar créditos a las microempresarias, ha entregado más de 70 mil créditos desde su nacimiento, en 1999.
Estos se han dirigido en especial a mujeres (75%) y pertenecen, en su mayoría, a microempresas de subsistencia.
Los créditos gestionados van desde los 100 hasta los 7,000 dólares y han ayudado, a juicio de Jesús Peña, para que las microempresarias dejen de pagar altos intereses a los usureros.
FOSOFAMILIA cuenta con siete agencias a nivel nacional y su cobertura se extiende en todo el país. Si quiere información para solicitar un préstamo puede llamar al teléfono 2221-4737.
 


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