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14
de agosto de
2005

Jaime
de Jesús Balseiro Córdoba es uno de los principales
coleccionistas de arte en el país, una afición
quizás un vicio que cultiva desde hace
más de 20 años, después de ver frustrada
su vocación pictórica, pero que lo ha convertido
en el mecenas de la pintura salvadoreña.
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| La
colección de Jaime Balseiro logra mostrar las diferentes
escuelas y generaciones de la plástica salvadoreña.
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De mente
fría para los negocios y corazón sensible para
el arte, al grado de conmoverse hasta las lágrimas,
don Jaime de Jesús Balseiro es el propietario de aproximadamente
475 cuadros de pintura, convirtiéndolo en uno de los
mayores coleccionistas de El Salvador, con obras que él
tiene pensado legar al patrimonio cultural del país.
Un deseo que reafirmó más, el día en
que le hicimos esta entrevista, que fue en la Sala Nacional
de Exposiciones, donde se exhibía 47 pinturas que él
había prestado. Pues ahí estaban entretenidos
con la exposición decenas de alumnos de una escuela
de San Juan Tepezontes (La Paz) quienes habían sido
llevados por los encargados del centro escolar.
Los niños observaban detenidamente las obras, las inspeccionaban,
se reían con algunas de ellas y quedaban atónitos
con otras, mientras don Jaime Balseiro los miraba, y esa impresión
de alegría en el rostro de los pequeños caló
tanto en él, que lo ha motivado mucho más a
donar para el patrimonio nacional su colección.
Vinieron desde San Juan Tepezontes niños de todas
las edades con su maestro y su párroco a ver la colección
esta; y luego iban al museo (MARTE) a seguir viendo, y al
entrar a esta sala y ver esto, también estaba un abuelo
con sus dos nietos, y el abuelo les estaba explicando a los
nietos, entonces, eso...ahí está el valor de
mi obra, ¿de mi obra?, de mi colección, no de
mi obra (rectifica Balseiro con una espontánea humildad);
ahí está el valor, a eso es lo que quería
llegar...y le digo una cosa: me emocioné menciona
don Jaime Balseiro, quien está convencido que donar
su tesoro artístico sería un gran aporte para
la niñez salvadoreña.
Desde un principio mi meta era donarlo como patrimonio
nacional, que gracias a Dios hay una institución que
es MARTE, que sabemos que sí lo va a cuidar, antes
no había, y ese era mi temor, pero ahora con el museo
sé que serviría para mi propósito, el
cual es que todas las generaciones futuras de El Salvador
las vea, que no se pierda, que no se arruine, dice este
amante de las pinturas.
Anteriormente poseía hasta 800 obras, pero donó
alrededor de 60 de su colección al Museo de Arte (MARTE),
también ha repartido algunas a sus dos hijos, por lo
que su patrimonio pictórico disminuyó, pero
aún así todavía se puede considerar como
uno de los mayores coleccionistas plástico del país,
con una acopio donde el 90 por ciento de las obras son de
pintores salvadoreños, el resto se reparte entre artistas
europeos, suramericanos, estadounidenses y mexicanos.
Su amor por el arte es tal, que tiene la capacidad para contemplar
un cuadro por casi una hora, tiempo que para él es
casi eterno, donde escudriña hasta el último
trazo de pintura, se interna en los colores, y su espíritu
penetra lo más profundo de una obra, un disfrutre que
sólo poseen las almas sensibles, aunque para otra persona
un cuadro es nada más un objeto.
De pintor a coleccionista
Aunque Jaime Balseiro afirma que uno nace con el arte,
(porque) si le gusta lo bello, estéticamente hablando,
tiene que gustarle el arte, su pasión por la
plástica ha sido influenciada por dos hechos importantes:
visitar los museos de cualquier país al que llega y
haber recibido clases con la pintora Rosa Mena Valenzuela.
En realidad, Balseiro inició sus estudios de pintura
en forma tardía, cuando tenía alrededor de 33
años, fue a finales de los años 70, incluso
al año de estar estudiando realizó su primera
y única exposición individual.
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| Parte
de su colección que prestó para exhibirla
en la Sala Nacional de Exposiciones. |
Me
hubiera gustado ser pintor, no hay que decir como un pasatiempo,
porque es un pasatiempo muy fino.
No obstante, cuando su padre murió, y como Jaime de
Jesús era el único descendiente, tuvo que asumir
el control de la empresa familiar, y con todo el dolor de
su alma dejó de lado la pintura.
Si embargo, ese arte que tanto le apasiona lo comenzó
a cultivar de otra forma, la de atesorar obras de arte.
Desde entonces me puse a coleccionar, ya que no puedo
dar a mi gente mi obra, pues voy a dar la obra de los otros,
porque mi intención y mi meta es hacer una colección
para que quedara como patrimonio nacional.
Es así como en su haber se encuentran obras de su maestra
Rosa Mena Valenzuela, Carlos Alberto Imery, Camilo Minero,
Roberto Huezo, Julio Hernández Alemán, Sonia
Melara, William Chilín, Noé Canjura, Armando
Solís, Julia Díaz, Carlos Cañas y César
Menéndez, por mencionar algunos.
El amor que Balseiro tiene por la pintura se resume en una
anécdota que nos cuenta casi en secreto, pero que es
una confesión que nos permite relatar.
Un amigo me dijo que en un burdel, por Agua Caliente,
camino a Soyapango, estaba una obra de arte, fui a ver, y
descubrí el Desnudo, hecho por Miguel Ángel
Orellana. La pintura estaba dañada por los botellazos
que le tiraban...la rescaté comprándola, no
recuerdo si pagué cien colones, menciona Balsiero.
Pero más allá del precio de una pintura o quién
es el autor, a Jaime Balseiro sólo le importa que la
obra toque su sensibilidad, de ahí para allá
los cuadros serán amados como a sus propios hijos,
con un valor incalculable, con la esperanza de que las futuras
generaciones también los aprecien como tesoros invaluables.
Obras
sin precio
Para Jaime
Balseiro Córdoba, sus obras de arte no tienen precio,
y sus respuestas sólo denotan que lo único que
le interesa es verlas, disfrutarlas, poseerlas y un día
donarlas al país.
¿Cuál
fue la primer pintura con la que comenzó su colección?
En realidad no me recuerdo..., pero sí me fui a estudiar
con Rosita, y sí tenía 55 obras de ella, de
toda su época hasta la fecha de su muerte. El primero
fue un Rosa Mena Valenzuela. Toda la vida fui admirador de
su obra
¿Hay alguna pintura de su colección que usted
prefiera?
No. Si la he adquirido es porque me ha llamado de adentro,
del fondo, porque por comprar no se compra, y más cuando
pasan los años y uno va siendo coleccionista, si con
sólo ver la obra ya sabe uno si le impacta o no le
impacta, o si hay ese enamoramiento entre obra y coleccionista.
¿Y qué valora usted para comprar una obra?
Que me llegue, primero que me llegue, que me haga vibrar,
que sienta la obra. Después me gusta conocer al creador
de esa obra, ya sea pintura, escultura, mueble o lo que sea,
para conocer el sentido que le ha dado el artista a la obra,
a parte de lo que la obra le transmite a uno. Primero es lo
que la obra le transmite a uno, porque aquí podemos
estar, pero de todas me gustó aquella, ¿porque
no las demás?, si las demás son buenas, pero
esa obra es la que me llenó, me hizo vibrar, y después
si se conoce al artista, entonces se le tiene más estima,
y no importa el valor de la obra, se puede comprar obra barata
y ser excelente.
¿Todas las pinturas las tiene colgadas en su casa?
Antes sí, pero tuve que cambiarme de casa, ahí
no puedo tener tanta obra en la pared, la tenía hasta
en los baños, en el cuarto de la muchacha, la cocina,
pero al reducirse uno, y cada vez uno se reduce más,
entonces decidí guardarla, y sólo cada año
pongo lo nuevo que voy adquiriendo y parte de la que ya tenía.
Todos los años cambio, y depende del ánimo,
por ejemplo ahora tengo mucha de pintores jóvenes,
¿sabe por qué? porque me ha costado un poco
entrar a esa juventud, a esos nuevos cambios que han habido,
no le digo de todos, pero sí de unos, sí me
llamó la atención, y es necesario tener porque
como coleccionista y como amante del arte tengo que estar
al día.
¿Cómo es su proceso de compra?
A estas alturas ya conozco a la mayoría de artistas,
entonces me llaman y me dicen vení a ver las
locuras que estoy haciendo.
¿Alguna vez ha encargado pintura, diciendo específicamente
qué quiere?
Nunca, eso es antiarte por completo, de mandar a hacer un
cuadro del color del sofá, eso sí sería
una gran locura, no, no, ni quiera Dios, es quitarle la inspiración
al genio creativo.
¿Cuál es el cuadro que más caro ha comprado
y el más barato?
No sé... no sé... El dinero es lo que menos
me importa al adquirir... Bueno, no me importa en el sentido
de que yo valoro la obra, no valoro lo que me costó...
Es que no le puedo decir, es que el arte para mí no
tiene precio; puede valer diez dólares o mil dólares,
no tiene precio, lo que veo es la calidad. Si me pregunta
cuánto vale mi obra, para mí es incalculable,
porque cada una es como cada uno de mis hijos. El amor que
les tengo es como como si fueran mis hijos.
No compro por lucrarme, sino que pensando en el futuro, que
esa obra puede valer mucho porque va a ser patrimonio nacional,
que después vengan curadores y de la obra sólo
agarren la mitad; es cosa de ellos, porque ellos son los entendidos
de la materia.
Su
vida en pocas palabras
Jaime
de Jesús Balseiro Córdoba nació en San
Salvador en 1945. Su padre era originario de Galicia, España,
y su madre, de Nicaragua. Es propietario de la fábrica
Balco, ahora radicada en Guatemala.
Su fino gusto por el arte lo ha perfeccionado con la visita
de museos de arte en Europa, en Estados Unidos y México,
entre otros países.
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