13 de febrero de 2005

El descanso se había terminado, y la sombra de un arrogante árbol dominante, muy hermoso, era la envidia del paraje, hogar de aves y arrulladora sonrisa que provocaba el viento.

Don Pepe



El descanso se había terminado, y la sombra de un arrogante árbol dominante, muy hermoso, era la envidia del paraje, hogar de aves y arrulladora sonrisa que provocaba el viento. Siempre para el que descansa le hace entrar en reparadores sentidos.

Desde ahí ella pudo visualizar no muy lejos a una misteriosa niña de cabellos negros, de un negro azabache, vestida de un azul que contrastaba de lo más lindo con el paisaje.

Ella sobrevolaba por los confetis de florecitas silvestres de muchos colores, cual festival. Ahí irradiaban los girasoles, jazmín de virginia, ononis natrix, jara blanca, silene colorata; en fin, ese lugar era una alfombra repleta de fragancias deliciosas que erizaba al más silencioso admirador de las flores.

Así también, miles de insectos silbaban en el aire, queriendo beber de la vida que habitaba en lo más íntimo de sus olores.

Se deslizaban, aquí, allá, por todos lados; eran diminutos suspiros tejiendo hilos de luz en la neblina. Ésta hacía su parte, agregándose al momento.

Era un lindo gesto de la naturaleza y un pasto muy propicio para seguir durmiendo el resto del día. Sí, era un detalle muy bello, demasiado para alguien que había estado de alguna manera perdiendo el tiempo.

Se sabe que siempre acudía al mismo lugar cada vez que deseaba no realizar algo útil; pero, ¿quién dice que el tirarse al descanso o dedicarse a crear fantasías muy próximas a la realidad es sinónimo de pérdida de tiempo?

Sólo que en el caso de ella no se aplicaba tal acierto. Estaba ahí por el simple deseo de no ser parte de algo ni de alguien. El viento bajaba disfrazado de pequeñitas hojas por el inabarcable tallo y les hacía susurrar la melodía de la vida. Ella observaba detenidamente a la jovencita, el movimiento de sus mechones que nadaban en la brisa, y las mariposas se deslizaban prendidas en ellos, tan hábiles surfistas del aire.

La chiquilla giró su cuello y como una forma de saludarla le endulzó más el momento con una sonrisa tan linda. También una abejita se atrevió a robarle miel de los labios, y al instante se esfumó, dejando una burbuja de lucecitas que al explotar se integraron al cabello y ahí se bañaron las mariposas.

Nuestra amiga fue invadida por la nostalgia y un sinfín de emociones; no había explicaciones que la dejaran satisfecha. Por ello se fue acercando lentamente a donde la bella niña levitaba, se encontró frente a ella y la vio directamenta al rostro sin dejar que la pureza de la mirada la hiciera desmayar. Le preguntó quién era.

La pequeña, sin contestar, le dio la espalda. En ese momento la neblina se hizo presente de una manera más espesa y fue surgiendo de ésta una figura de papel en forma de ave. Sobre el cuello de ésta se encontraba la tierna figura de la inocente muchachita dispuesta a tomar el vuelo.

Nuestra amiga se sorprendió aún más luego de que observó que había otras aves con otras personas, de diferentes edades. Se les calculaban unos diez años de diferencia entre ellas; todas muy parecidas. Momentos antes de partir le dijeron que se aproximara. ¿Quiénes son ustedes? Una de ellas respondió: Han pasado muchos años y aún sigues sin reconocerte. Cuídate.

Haz lo que debas hacer en la vida de la mejor manera y no sólo para ti. Cuida de los que están a tu alrededor; no rompas la cadena de las retribuciones. Se nos ha permitido una sola oportunidad de existir y procura que la próxima vez que te encuentres en este lugar sea el momento en el que viajes con nosotras sin dejar atrás a alguien que hayas dañado, porque si es así, tu ave no podrá elevarse y te quedarás, no en este lindo lugar.

 

 


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