|
13 de febrero de 2005

Pareciera que no hay un solo tema que se haya librado de aparecer en los sellos postales. Ellos llevan a los coleccionistas a emprender un viaje por el mundo y a conocer sobre geografía. Es como recorrer la memoria histórica de un país.

Morena Rivera
Fotos: Jorge Colindres


En sus horas libres los clasifican, los pegan en los álbumes, los mueven con pinzas, los examinan con lupa, los intercambian, admiran sus diseños y hasta rastrean la información que esconde cada uno de ellos.

A los filatelistas les parece más bien una actividad tranquila que los relaja en el calor del hogar y los saca del mundo estresante de la vida diaria. “Es una actividad para calmar.

Los cambio, los muevo de lugar, y eso me entretiene”, relata José Luis Alonzo, un coleccionista enamorado de este arte.

Porque la filatelia y la colección de sellos postales también es eso: arte y cultura. A través de esos papelitos que se descubren adheridos en las esquinas de las cartas domiciliares se cuenta la historia de un país: su situación política y económica, su arqueología, su fauna, sus construcciones y hasta sus eventos de belleza.

Armando González Escobar, miembro de la Sociedad Filatélica de El Salvador, con treinta años de experiencia, posee entre sus álbumes uno que cuenta de forma cronológica el vaivén de los mundiales. Desde el primero celebrado en Uruguay, en 1930, hasta el último realizado en el 2002.

Por medio de las estampillas también dice enterarse de las capitales y de las monedas de los países, de los pintores, de los científicos y de los escritores. Por muchos años fue dueño de una colección de pinturas que un día decidió regalar e intercambiar entre los jóvenes filatelistas.

José Luis Alonzo guarda entre su colección el primer sello que se emitió en El Salvador, cuando transcurría 1867. Se trata de un arte grabado a mano en donde se aprecia un volcán humeante y donde cinco estrellas alrededor de su cúspide forman un semicírculo.

“El historiador Jorge Lardé y Larín dijo que podía ser el volcán de San Miguel o el de San Salvadlor, pero en esa época el que emanaba esas fumarolas era el de San Miguel y el de Izalco”, dice Alonzo luego de haber investigado sobre el tema.

José Luis Alonzo.
En ese año se emitieron cuatro ejemplares de diferentes valores: de medio real, de uno, de dos y de cuatro reales. “De esa forma se pagaba en esa década y ahora eso es parte de la historia”, detalla Alonzo.

Para el antropólogo Gregorio Bello Suazo, director del Museo David J. Guzmán, el valor monetario, accesible para los filatelistas, no puede compararse con lo impresionante de su valor cultural. Él cree que los sellos postales sirven como evidencia de que en una época sucedió un acontecimiento importante.

En ellos se han reflejado sucesos como la participación de las mujeres en la independencia del país y hasta los 150 años de la ciudad de Santa Tecla. “Las estampillas hacen que la memoria continúe a pesar del paso del tiempo”, considera el antropólogo.

Filatelia con un mensaje


El vicepresidente de la Sociedad Filatélica de El Salvador, José Luis Cabrera, lleva 55 años ensimismado en la filatelia. Primero comenzó a coleccionar del país, del que dice tener unos 3,000 sellos diferentes, así como de Alemania, España, y de deportes y religión.

Ahora se sumerge también en la arqueología mesoamericana y sigue consiguiendo los ejemplares a través de intercambios en el extranjero, compras de las nuevas emisiones en el Correo y en las reuniones de la Sociedad durante los fines de semana.

José Luis Cabrera y su pasión.
Hugo Mario Córdova, director General de la Dirección General de Correos, cuenta que se emiten unas diez series en el año. Entre éstas se tienen las conmemorativas (para celebrar aniversarios); las propias, que son temas decididos por ellos, y las libres, que se dejan para cualquier solicitud imprevista.

El diseño artístico de las estampillas, dice Córdova, se ha ido cambiando en los últimos tres años. Atrás quedaron aquéllas en las que sólo se plasmaba el número si era el aniversario de una organización, por ejemplo. Ahora se refleja el trabajo que esa entidad hace por el país.

Eso tiene más valor filatélico porque los coleccionistas quieren arte, diseño y también mensaje, cree Córdova. “Nosotros queremos guardar la historia en estos papelitos”, dice José Luis Alonzo mientras va sacando sus álbumes, donde descansan sus temas preciados: El Salvador, vírgenes, iglesias, fútbol, aves y flores.

Él también guarda los boletines que se emiten junto a las series, los errores, las postales, las máximas (postales junto a la estampilla con el mismo motivo), los sobres de primer día, los bloques de cuatro estampillas y una colección de sobres que circularon desde el siglo antepasado.

José Guadrón, diseñador gráfico de Correos, dibuja los artes de las estampillas.

Armando González Escobar también guarda postales antiguas, entre ellas una de 1908 que fue de El Salvador a París y otras de 1906 enviadas de Suramérica a Suchitoto durante un viaje emprendido en barco. “Primo, te aviso que vamos bien.

Estamos ahora en un puerto de Venezuela”, dice el mensaje en una de ellas.

Esa disciplina y esa búsqueda de los filatelistas, unos 300 a nivel nacional, ha hecho que la disminución de la correspondencia domiciliar, el 15% en los últimos cinco años, y la proliferación del correo electrónico no amenacen esa afición que tiene su arraigo en la tradición familiar.

A juicio de Córdova, el correo electrónico sólo ha afectado el franqueo, pero no la inclinación por la colección, pues se trata de un tema de valor, de cultura, de fomento y de interés personal.

Los filatelistas creen que la nueva tecnología no les impacta su sed de colección; es más, el correo electrónico les sirve para extender sus contactos e intercambiar a nivel internacional.

José Luis Alonzo tenía doce años el día que su padre le regaló la colección de estampillas que él había acumulado por muchos años. Ahora busca inculcar a sus hijos el amor por la filatelia y cada vez que puede los invita a desarrollar esa actividad relajante.

 

Estampillas viajan por el mundo
* La dirección Nacional de Correos tiene adscritos a su cuenta unos 673 filatelistas nacionales y extranjeros que adquieren las series cada vez que se emite una nueva. Entre ellos hay unos 300 salvadoraños y el resto son de España, Holanda, Israel, Estados Unidos, Honduras, Panamá y Bélgica.
* La mayor cantidad de sellos postales es adquirido por la Unión Postal Universal (UPU) y el resto se distribuye entre la Unión Postal América España y Portugal (UPAEP), el franqueo y las que son compradas por los filatelistas.
Futuras emisiones
Para este año, el Departamento de Especies Postales y Filatelia de la Dirección Nacional de Correos tiene programadas nueve emisiones.
* Noventa años de “La Prensa Gráfica” (25 de febrero).
* Conmemoración de 25 años de la muerte de monseñor Óscar Arnulfo Romero (25 de marzo).
* Centenario Rotario (22 de abril).
* 150 años del otorgamiento del título de ciudad al pueblo del Puerto de San Carlos, La Unión (6 de mayo).
* Grandes escritores centroamericanos (24 de junio).
* X Juegos Deportivos y Estudiantiles del Consejo del Istmo Centroamericano de Deportes y Recreación (CODICADER), (12 de agosto).
* Leyendas de la música latinoamericana (23 de septiembre).
* América 2005 (15 de octubre).
* Navidad 2005 (4 de noviembre).
Fuente: Dirección Nacional de Correos
El primer sello postal
El libro “Filatelia temática”, de Luciano Louro Piñeiro, cita que el primer sello del mundo circuló por privera vez el 6 de mayo de 1840. Su creador fue el inglés Rowland Hill y tenía el valor de un penique.
Debido a que era de color negro fue conocido más tarde como “penny black”, es decir “penique negro”. Este sello era imperforado y tenía plasmada la efigie de la reina Victoria de Inglaterra.
En España, la primera emisión de sellos apareció el 1 de enero de 1850, mientras que en El Salvador éstos circularon el 1 de marzo de 1867.

 

 


1995 - 2005. El Diario de Hoy
Derechos Reservados. Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular.

elsalvador.com