13 de febrero de 2005

El 14 de febrero es el día de San Valentín, fecha que tradicionalmente está relacionada con los enamorados; por eso ahora presentamos a dos parejas, que aunque nunca celebraron este día, su amor ha trascendido en el tiempo.

Orsy Campos
Fotos: Arely Umanzor



El 17 de diciembre de 1929 y, luego, el 29 de esa misma fecha, Lauro Fernando Paniagua y María Isidra Jiménez se dieron el “sí acepto” durante su casamiento civil y el religioso respectivamente, y con esas palabras de tanto significado y un beso tímido sellaron una historia de amor que había comenzado un año antes a escondidas.

Ya pasaron 75 años y ellos siguen juntos como un ejemplo de unión marital, y, por qué no decirlo, de perseverancia y de toleracia.

Gracias a una nota publicada por Norfa Márquez, corresponsal de El Diario de Hoy en Usulután, nos enteramos de esta pareja que viene a ser, si no la más antigua, por lo menos una de ellas en el país.

Al visitarlos en su casa de residencia, en el municipio de Ozatlán, en Usulután, los encontramos en esa vivienda que han compartido por tantos años, el lugar que ha sido testigo mudo de una relación que ya marcó la diferencia.

—Venga, don Lauro, venga a sentarse con doña María —le indicamos para hacerle las fotos.

Él alzando la voz, y con una picardía todavía natural contesta:

—A la par de esta cipota.
Esta historia de amor comenzó entre 1927 y 1928; ya el tiempo hace estragos en la memoria. Lo cierto es que cuando doña María tenía entre 15 y 16 años vendía pan en un canasto en el mercado del pueblo, y fue ahí donde conoció a ese muchacho de simpatía singular del que se enamoró, entonces un joven insistente de 19 años.

—Se me pegaba detrás —recuerda ella con orgullo.
—¿Y qué le decía? —preguntamos con morbosa curiosidad.
—¡Ay, Dios! —contesta ella, queriendo esquivar la consulta.
—Cuéntenos qué le decía él —le insistimos.
—Mentiras... tonteras —contesta con mucho recato.
—Don Lauro, ¿cómo fue que se enamoraron? —se le pregunta al anciano.
—Comenzaba la Semana Santa cuando comenzamos a platicar; cuando acordamos fue el reventón —contesta el viejito con mucha gracia.

Lauro Fernando Paniagua, de 96 años, y María Isidra Jinénez de Paniagua, de 93 años.
El hilo de la historia nos hace entender que durante casi un año fueron novios a escondidas, pero cuando los abuelos de la muchacha los descubrieron, mandaron a llamar al enamorado y le preguntaron con exigencia que si se iba a casar con María.

Entonces la familia del joven buscó la ayuda de don Calixto Bermúdez, un hombre que le gustaba enseñar a leer y escribir, para que les hiciera una carta de amor, una carta de pedimento, donde expresaba la intención de Lauro Fernando de querer casarse con María.

Es así como en diciembre de 1929 se unieron hasta que la muerte los separe. De ese amor ha nacido una descendencia que en la actualidad llega a seis hijos (dos niñas murieron pequeñas), 16 nietos, 16 bisnietos y cinco tataranietos.

—¿Cómo es que han durado tanto? —le preguntamos a don Lauro, a quien hay que gritarle por su problema de sordera.
—Es cosa de Dios —nos grita él.
“Ellos nunca han peleado fuerte, han sido muy respetuosos, nunca se insultaron. Nosotros estamos contentos y admiramos esa permanencia matrimonial...

Ellos siempre fueron recatados; nunca los vimos abrazarse o besarse... y cuando había una discusión él se iba a trabajar, pero regresaba cuando el enojo ya había pasado”, menciona Santos de Jesús Paniagua, hijo menor de la pareja.
—¿Qué le aconsejaría a los que se quieren casar? —interrogamos a la anciana.
—Hoy no quieren consejos. A los 15 días ya están peleados —menciona ella.
—Y usted don Lauro, ¿qué les aconseja?
—Que se casen; en el camino se arreglan las cargas —dice con mucha espontaneidad.

Estos ancianos que aún se profesan cariño y respeto recibieron la bendición religiosa en la parroquia de Ozatlán el pasado 29 de enero, con lo que en familia celebraron 75 años de amor, tolerancia y goce marital.
Seis décadas de amor

En 1936, otra pareja de enamorados que siempre ha vivido en San Rafael Obrajuelo, en La Paz, se prometió amor mutuo para siempre. Y así como van las cosas, ellos también son de los matrimonios que mantendrán su amor hasta que la muerte los separe.

Su historia de amor comenzó entre 1927 y 1928, por lo que su relación ya lleva muchos años recorridos.
De hecho, don Jacinto Alvarado y Ramona Alvarado ya llegaron a los 68 años de matrimonio, una vida entera que ha dado como fruto 15 hijos, 49 nietos, 42 bisnietos y dos tatarananietos.

Él tenía 14 años y ella apenas 13 cuando se hablaron por primera vez palabras de amor.

Durante seis años fueron novios, y la mayor parte del tiempo se veían a escondidas. En la actualidad aún se expresan mucho cariño y ternura. Ella cuida primorosamente a su esposo, quien hace cuatro años sufrió un derrame cerebral.

—¿Cómo fue que se enamoraron? —se le pregunta al anciano.

—La vi a ella y me fui enamorando; creí que podría ser mi esposa y lo ha sido... Me enamoré tanto que a la fecha todavía la tengo —contesta don Jacinto con mucha seguridad.

Entre las anécdotas que recuerdan de su juventud, ellos mencionan cuando don Jacinto quería ir más allá de lo que ella permitía.

—Yo le hacía súplica... Así no más, sin contraer matrimonio... y le dije que me diera la prueba... “Yo no soy tu sopa”, me dijo ella. De ahí se fue haciendo formal la cosa —recuerda con mucha picardía don Jacinto, mientras la risa nos ataca.

Doña Ramona recuerda que su pareja se subía en un árbol de roble para vigiarla y ver hacia dónde salía, y así él la seguía para encontrarse.

Ramona Alvarado, de 89 años, y Jacinto Alvarado, de 90 años.

—Yo he sido feliz en el matrimonio... Y es cosa del Señor estar con él todavía. Él no ha sido soberbio, nunca me habló enojado ni me trató mal —recuerda la anciana, quien señala que los únicos defectos que él tenía eran que le gustaba beber y ser mujeriego.

Aun así, esta señora de malicia natural demuestra cómo ama tanto a su esposo que lo mima, lo acaricia, lo besa y lo cuida, mientras él le recita versos de amor, y le canta en voz baja canciones que hablan de ternura, a pesar de que una de sus hijas, Cruz Alvarado, dice que ellos siempre fueron recatados y poco expresivos, situación que los años parecen haber cambiado porque a flor de piel se expresan el cariño que aún se tienen.

 

 

 

Fiesta europea
Cupido es el dios romano del amor, y corresponde al Eros griego.
Los casos de los matrimonios Paniagua y Alvarado son un ejemplo de lo mucho que puede durar el amor entre una pareja, y este día de San Valentín, que también es conocido como el día de los enamorados y de la amistad, veremos de dónde viene esa celebración, una tradición que los Paniagua y los Alvarado nunca celebraron.
Diferentes autoridades creen que el Día de San Valentín comenzó en diferentes maneras o que pudo ser la mezcla de tres hechos. Algunos lo remontan al antiguo festival
romano “Lupercalia”, dedicado al Dios Luparco, que era celebrado los 15 de febrero. Otros expertos conectan el evento con algunos santos de la iglesia primitiva.
De acuerdo con una historia, por el año 268 después de Cristo, el emperador Romano Claudio II le prohibió el matrimonio a los hombres jóvenes. El emperador pensó que los hombres solteros eran mejores soldados. Pero un sacerdote llamado Valentín, quien ayudaba a escribir cartas de amor a los jóvenes romanos, desobedeció la orden del emperador y secretamente casaba a las parejas.
Debido a eso Valentín fue ejecutado el 14 de febrero, cerca del 269 después de Cristo cuando Roma todavía no era cristiana. En el 496 después de Cristo, el Papa Gelasio I nombró esa fecha como el Día de San Valentín.
Otros consideran que el día de los enamorados está relacionado con una antigua creencia inglesa de que las aves escogen su pareja (apareamiento) el 14 de febrero. El Día de San Valentín probablemente surgió de una combinación de las tres fuentes, además de la creencia de que la primavera es un tiempo para los enamorados.
Incluso el dramaturgo William Shakespeare escribió en Hamlet (1603) una referencia sobre la celebración de San Valentín, la cual ya estaba relacionada con los enamorados.
Ofelia, una mujer del drama canta: Mañana es el día de San Valentín,/ temprano, al amanecer,/ yo estaré en tu balcón;/ tu enamorada seré.
En todo caso, el comercio ha promocionado más las antiguas celebraciones para sacar provecho económico.

 

 


1995 - 2005. El Diario de Hoy
Derechos Reservados. Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular.

elsalvador.com