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11
de septiembre
de 2005

El hoyo sobre territorios australes chileno y argentino alcanzará
su máxima extensión la próxima semana.
El contrabando de sustancias químicas, el uso continuado
de otras y el cambio climático explicarían el
fenómeno.
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| La
Antártida tendrá un enorme agujero en la
capa de ozono en septiembre. Photo
Stock |
La capa
de ozono estratosférica luce un enorme agujero sobre
la Antártida por segundo año consecutivo, exponiendo
a los territorios australes de Argentina y Chile a altas dosis
de radiación solar ultravioleta.
El agujero o adelgazamiento de la capa de ozono
tiene una extensión de 25 millones de kilómetros
cuadrados y sigue ensanchándose, según la información
satelital de la Agencia Espacial Europea. Podría ser
el más grande de la historia.
Estos datos parecen contradecir los últimos anuncios
acerca de que la concentración atmosférica de
clorofluorocarbonos (CFC), gases agotadores del ozono, ha
comenzado a declinar. De hecho, esas sustancias permanecerán
en la atmósfera por muchas décadas.
Mientras, el aumento de otras sustancias agotadoras del ozono,
como el agroquímico bromuro de metilo, y el uso ilegal
de CFC indican que la lucha para restaurar la capa protectora
de ozono está lejos de terminar.
Pueden aparecer nuevos agujeros en los próximos
30 ó 40 años, dijo a Tierramérica
el meteorólogo Craig Long, del Centro de Predicción
del Clima de Maryland, de la Administración Nacional
Oceanográfica y Atmosférica de Estados Unidos.
El agujero de este año sobre la Antártida
alcanzará su máxima extensión a mediados
de este mes (septiembre), pronosticó Long. La
fecha coincide con el Día Internacional para la Preservación
de la Capa de Ozono, que se celebra el 16 de septiembre, a
instancias de la Organización de las Naciones Unidas
(ONU).
Gracias al Protocolo de Montreal sobre Sustancias que
Agotan la Capa de Ozono, el riesgo de las radiaciones dañinas
parece estar cediendo, dijo el secretario general de
la ONU, Kofi Annan.
El Protocolo de Montreal, adoptado en 1987, obliga a 184 naciones
que lo firmaron a eliminar el uso de CFC y de casi 100 sustancias
químicas que afectan la capa de ozono, ubicada a una
altitud de 15 a 30 kilómetros de la superficie terrestre
y cuyo efecto es filtrar los rayos ultravioletas dañinos
para la vida.
El debilitamiento de esa capa por las emisiones humanas de
gases en las últimas décadas ha incrementado
las radiaciones ultravioletas en todo el mundo, provocando
más casos de cáncer de piel, enfermedades de
la vista y otros problemas de salud en humanos y en otras
especies animales y vegetales.
De acuerdo con un estudio del Centro para la Integración
Estadística y la Ciencia Ambiental de la Universidad
de Chicago, la declinación global de los niveles de
ozono se atenuó entre 1996 y 2002.
Aunque es una buena noticia, los científicos son cautelosos.
Algunas sustancias permanecen en la atmósfera
durante muchas décadas, y continúan siendo peligrosas,
dijo el científico Sherwood Rowland, en un comunicado.
Rowland y sus colegas Mario Molina y Paul Crutzen ganaron
en 1995 el premio Nobel de Química por su aporte en
la identificación de los peligros para la capa de ozono
en los años 70.
El Protocolo de Montreal permite el uso de sustancias agotadoras
del ozono en situaciones críticas.
Por ejemplo, las naciones industriales debieron haber eliminado
el bromuro de metilo el 1 de enero de este año. Pero
los horticultores y fruticultores estadounidenses usaron en
2005 unos 20 millones de kilogramos de este plaguicida, más
de lo aplicado en 2002.
Estados Unidos convenció a los países parte
del Protocolo que se le permitiera utilizar 8,5 millones de
kilos de bromuro de metilo en 2006, más que de lo que
usará el resto del mundo rico. Sin embargo, hay alternativas
a este plaguicida, económicas y fáciles de usar.
Los sustitutos de los CFC son utilizados ampliamente en todo
el mundo, pero su mayor costo ha dado lugar a un mercado negro
en sectores como refrigerantes de automóviles, extinguidores
de fuego y solventes industriales.
Millones de libras de CFC han ingresado de contrabando a Estados
Unidos. Pero, aunque ahí está declinando, hay
un problema emergente en Asia, según el Programa de
las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). En esa
región existen muchos equipos basados en CFC, pese
a los compromisos asumidos por las naciones de la región.
Bajo el Protocolo de Montreal, los países en desarrollo
acordaron reducir en 50 por ciento el consumo de CFC para
enero de 2005 y eliminarlo en enero de 2010. Esto ha conducido
a un aumento del contrabando, sostuvo un informe del PNUMA
divulgado en enero.
Las condiciones climáticas también pueden exacerbar
la desaparición del ozono sobre las regiones polares.
La zona del Ártico ha presentado pocos y más
pequeños adelgazamientos que la Antártida, pero
en el último invierno boreal sufrió su mayor
pérdida debida al frío extremo.
Algunos expertos culpan al cambio climático.
A medida que el clima de la tierra se recalienta, la atmósfera
superior se vuelve más fría en las zonas polares,
creando las condiciones ideales para que sustancias como los
CFC y el bromuro de metilo destruyan el ozono.
Aunque se conoce más sobre el impacto del cambio climático
en el polo norte, el mismo proceso podría estar ocurriendo
en la Antártida, dijo a Tierramérica Claus Zehner,
de la Agencia Espacial Europea en Italia.
En definitiva, el clima local y el grado de respeto del Protocolo
de Montreal determinarán que existan o no agujeros
en la capa de ozono en la segunda mitad del siglo XXI, indicó
Zehner.
El autor es corresponsal de Inter Press Service (IPS)
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