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11
de septiembre
de 2005

Los montañistas
José Luis Mestizo y Óscar Castellón,
miembros de la Federación Salvadoreña de Montañismo
y Escalada, viajaron hacia los Andes peruanos, donde se encuentra
la montaña Huascarán, en una expedición
fallida, pero que dejó el reto de vencerla.
Eternamente
nevada, la cima del Huascarán fue testigo de la lucha
interna que los montañistas salvadoreños José
Luis Mestizo y Óscar Castellón tuvieron en su
intento por hacer cumbre, un deseo que no pudieron culminar
por lo fuerte que es la travesía en ese macizo andino.
De hecho, para subir y bajar esa montaña se necesitan
de siete a nueve días de recorrido, atravesando los
más variados terrenos, desde áreas boscosas,
luego el terreno agreste y rocoso, hasta llegar al hielo y
la nieve, donde abundan las grietas y son comunes las avalanchas.
Sobre el nombre de esa montaña que se ubica en la cordillera
Blanca, que a la vez es parte de los Andes, hay diversas versiones:
en un mapa (del pueblo) de Ancash del explorador Antonio Raimondi
(1873), el nevado aparece con el nombre de Huascán,
que en quechua significaría atractivo o
tentador, según el estudioso G. Stiglich.
Esta misma persona plantea que habría existido una
propiedad cercana a la montaña llamada Hacienda Huascarán,
aunque no menciona si la hacienda fue llamada después
del nevado o viceversa. Otros atribuyen el origen del nombre
al inca Huascar.
Lo cierto es que el ascenso a esta montaña de dos picos
está registrado en dos fechas diferentes: 1908 (Huascarán
norte) y 1932 (Huascarán sur).
Pues ahí andaban los dos montañistas salvadoreños,
tratando de ser los primeros cuscatlecos en hacer cumbre en
las antiguas tierras incaicas.
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| Huascarán
forma parte de la cordillera Blanca, la cadena montañosa
ubicada al norte de Perú, en la cordillera occidental
de los Andes. |
En un
viaje oficial de la Federación Salvadoreña de
Montañismo y Escalada, con el acertado apoyo de empresas
como TACA, Inca Grill, Haves & Harris, CI Computadoras,
Industria e impresos La Unión, Empacando y Tiendas
Reggue.
La expedición inició el jueves cuatro de agosto,
en un viaje con escala en San José, Costa Rica. Después
de seis horas de travesía llegaron a Lima, la capital
de Perú. Luego hicieron un viaje por tierra por más
de diez horas, pasando por la ciudad de Huaraz hasta llegar
al poblado de Carhuaz, donde se establecieron.
Pero fue hasta el domingo siete cuando se dirigieron al poblado
de Musho, donde comenzaría el ascenso al Huascarán.
En Musho alquilaron dos burros y el servicio de un arriero
para subir parte del equipo de montañismo, que consistía
en tiendas de campaña para gran altura, cocina portátil,
bolsas de dormir y equipo para nieve, entre otros.
Fue una caminata sin complicaciones que les llevó dos
horas y media para llegar al campamento base, ubicado a 4,200
metros sobre el nivel del mar.
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| Vista
de Carhuaz. Al fondo la montaña Huascarán.
Esta población está a 432 kilómetros
de Lima; por tierra son ocho horas de viaje. |
Ese mismo
día iniciaron la excursión para llegar al segundo
campamento, llamado Morrena, y que está 675 metros
más arriba.
Es en esta etapa que comienzan los problemas, ya que se fueron
sin guía, confiados en las indicaciones que les dieron
de cómo llegar a Morrena.
Les habían dicho que la caminata se podía hacer
de dos a tres horas. No obstante, cuando ya pasó ese
tiempo y no vislumbraban ninguna instalación comprendieron
que se habían equivocado de camino.
Retornaron sobre sus pasos para reecontrarse con el camino
correcto cuando la noche los alcanzó y los obligó
a campar en medio de un lugar rocoso e inclinado.
Cómo sólo habían partido con parte del
equipo porque después regresarían por
el resto al campamento base tuvieron que levantar una
tienda no apropiada para el frío del nevado, además
debieron dormir sin bolsas, ni siquiera pudieron hacer comida
caliente.
Bajo esas circunstancias, y el frío que descendía
su temperatura hasta llegar a menos cero grados en la madrugada,
dormir era algo que simplemente no pudieron hacer.
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| José
Luis Mestizo en el refugio del Campamento Morrena. |
Además,
existía el temor de que al quedarse dormidos, las extremidades
se congelaran y se vieran afectadas por la falta de circulación
de la sangre, lo que podría generar en amputaciones.
Rogábamos a Dios para que amaneciera, para ver
el sol y calentarnos, menciona José Luis Mestizo.
Por fin la mañana llegó, pero fue hasta las
siete que salieron de la tienda para calentar sus cuerpos,
y luego emprendieron la búsqueda del campamento Morrena.
Al llegar ahí se establecieron con la tienda de campaña,
y pronto volvieron a bajar para enseguida subir con el resto
del equipo. Una tarea que al final causó agotamiento
en la pareja, por lo que el martes nueve decidieron descansar
para reponer energías.
El miércoles 10 (este día acamparon) y jueves
11 caminaron hasta llegar al campamento uno de avanzada, donde
al día siguiente saldrían a la cima, pero, debido
a la falta de un guía y luego al agotamiento de Óscar
Castellón, el intento por hacer cumbre falló.
No obstante, el reto por alcanzar esa cima está siempre
latente.
El
parque nacional
El Parque
Nacional Huascarán fue establecido el 1 de junio de
1975; dos años después fue reconocido como núcleo
de la Reserva de Biosfera del mismo nombre. Declarado Patrimonio
Natural de la Humanidad desde 1985, por la Organización
de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia
y la Cultura (UNESCO).
Tiene una extensión de 340,000 hectáreas, y
abarca casi toda la Cordillera Blanca, la cordillera tropical
más grande del mundo.
Aquí se encuentra la montaña nevada Huascarán,
con una cumbre de dos picos, en donde el del sur alcanza los
6,768 metros sobre el nivel del mar, lo que la convierte en
la cima más alta de perú, y la quinta de América.
Para los que practican el montañismo y la escalada,
el Huascarán es una de las montañas más
deseadas, porque ahí se reunen varios factores climáticos,
ambientales y de terreno que sirven como entrenamiento y capacitación
para expediciones difíciles, como escalar montañas
que sobrepasan la altura de los ocho mil metros.
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