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11
de septiembre
de 2005

El artista
Atilio Munguía comercializa su arte en los pasillos
de un centro comercial. Lápiz en mano captura el
ángel de la gente, también les exalta
las características físicas más destacadas.
El sentido de la caricatura, dice.
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| En
mis caricaturas siempre me excedo haciendo sombras, porque
me gusta la profundidad. |
Sus caricaturas
sonríen. Es que es en ella donde está
el espíritu, o el ángel de la persona,
dice Atilio Munguía. Y se ha enfocado en humanizar
su trabajo, muchas obras trazos de personalidades de la vida
pública, de los que él exagera los rasgos más
sobresalientes.
Pero hay un límite; no podemos caer en la deformación,
admite Atilio. Si eso se hace se obvia la realidad y se pierde
el carácter de la persona, y ese no es el objetivo
de la caricatura, piensa él.
Es a lo sumo una interpretación personal del artista,
pues cada uno tiene su individualidad creativa. Atilio se
ha inclinado por reproducir los rostros de gente nacional
y extranjera involucrada en el mundo político, religioso,
cultural, empresarial y artístico.
Personajes como el Papa Benedicto XVI, la secretaria de Estado
de Estados Unidos, Condoleezza Rice; el presidente de México,
Vicente Fox; el mandatario de Venezuela, Hugo Chávez
y el escritor salvadoreño Manlio Argueta forman parte
de su colección.
Sobre esta su obra el poeta Mario Leonel ha escrito más
de un comentario. ¿Qué dirían el
presidente Hugo Chávez o un ex ministro de Hacienda
al verse retratados por Atmun (su seudónimo)?
Pues imagino que muchas cosas, pero no dejarían de
reirse o de maravillarse.
Algunos de estos rostros se muestran en la pequeña
exhibición que Atilio ha improvisado en el centro comercial
Galerías, colonia Escalón.
Allí también espera clientes, personas que al
ver su creatividad y su talento se deciden a ser retratadas
a cambio de diez dólares. Él los espera con
su paleta de colores, con su lápiz afinado y vestido
con su gabacha blanca y una boina negra acomodada en su cabeza.
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| Cada
día, él hace un promedio de cinco a diez
obras. |
Estos
atuendos son parte de la misma estrategia de comercialización
que ahora sigo, comenta el caricaturista que además
es pintor. Pero un día, hace dos años, decidió
salirse de su estudio para estar más cerca del público
y aprovecharlo para el sostenimiento de la vida.
Porque un artista no sólo necesita crear, sino vender
sus obras. Y esto último ahora no resulta tan fácil.
Por eso no le importa que algunos de sus colegas lo señalen
y hayan comentado incluso: Atilio ya se tomó
las calles, en referencia a su trabajo en un sitio público.
Eso a mí me tiene sin cuidado, sino quién
va a interesarse por mi bienestar. Creo que nadie, refiere.
Mejor quiere darle empuje a sus nuevos proyectos, entre ellos
la publicación de un libro y la inauguración
de una exposición denominada Personalidades en
trazos, donde incluirá gran parte de su colección
de caricaturas.
Piensa, además, editar un pasquín sobre valores
donde don Filomun (por filosofía y Munguía)
se convierte en el personaje principal de la historia. Éste
platica y saca conclusiones filosóficas sobre la vida,
la paz, la humanidad, el triunfo, el perdón, la disciplina
y la esperanza, entre otros temas.
Este trabajo es una forma de aportar, según él,
a las circunstancias de su país. Una visión
sobre la falta de valores, pero sin hacer crítica y
sin meterse en los confines de la política, que él
rehuye aun cuando otros la han tocado por medio de las caricaturas.
Sin embargo, Atilio no quiere llegar a ser crítico
con sus propuestas. Se conforma con dar otras visiones del
acontecer social y con buscar la expresión del arte
a través de una sonrisa reflejada en los rostros humanos
que reproduce lápiz en mano.
Distante
de la crítica y de la política
Atilio
Munguía, de 62 años, sabe que las caricaturas
siempre se han codeado con la crítica social y la política.
Pero él prefiere otros caminos para expresarse, mejor
abordar otros detalles de la vida cotidiana.
¿Cuándo descubre que hacer caricaturas le
resulta fácil?
La vocación suele descubrirse accidentalmente o buscándola.
A los ocho años me doy cuenta que podía manejar
el lápiz, que podía hacer cualquier forma que
vieran mis ojos. Entonces me dije: quizás voy
a ser pintor algún día.
¿Y por qué se ha centrado en el dibujo humano?
Un día sentí que podía hacer trazos humanos,
sin tener otra noción más que mis instintos
y el espíritu creativo que puede irse desarrollando.
Aunque después tomé clases de dibujo en la Escuela
Nacional Carlos Alberto Imery, en la Escuela Nacional
de Bellas Artes y en Galería Estudio con el pintor
Miguel Orellana.
¿Además de destacar la sonrisa, qué
otra cosa identifica a sus caricaturas?
La mía es una caricatura casi humanizada, anatómica.
Me excedo haciendo algunas sombras porque busco la profundidad
y la dimensión. Pero el estilo ya viene implícito
en cada quien; lo que hace el caricaturista es sólo
reafirmar lo que la persona es.
¿Es recomendable que las caricaturas lleven mucho
o poco texto?
Toda expresión de arte no debe requerir mayor explicación
para entenderla. Y los conceptos sobre diseño también
piden que se simplifiquen las cosas, que no se recarguen.
Si la idea está dicha en una imagen no requiere mucho
texto. No es que esté malo, pero no es recomendable
para el artista creativo.
¿Cuál de sus dos facetas le atrae más:
la de pintor o la de caricaturista?
Las dos juntas. Con mis caricaturas tengo muchos proyectos
y también sigo conectado con las artes plásticas,
pues soy parte del grupo CEDAA los cinco, con
el que hemos expuesto en San Pedro Sula y en Tegucigalpa,
Honduras.
¿Se puede ser crítico a través de
las caricaturas?
Es uno de los medios más gráficos y humoristas
para hacer política. En mi caso no me gusta hacer política
con las caricaturas, sino ver el punto humorista del asunto,
pero tratando los detalles de la vida cotidiana. Sin embargo,
yo reconozco el valor de quienes las usan con fines políticos,
para eso soy un cobarde.
¿Se puede abordar con ellas infinidad de temas?
No tiene límites, pues por ser un arte público
siempre tiene de qué hablar. Muchos la han usado para
criticar un sistema de gobierno, y a cambio han tenido serios
problemas. Aun así, el artista debe buscar otros caminos
para expresarse, no hay que morir con la crítica social
y la política. El arte de la caricatura es extenso.
Caricaturista
con proyectos
Atilio
Munguía se define como un hombre de proyectos. Para
octubre, cuenta, se ha programado en el centro comercial Galerías
la exposición Personalidades en trazos,
con el patrocinio de Inversiones SIMCO. Ésta es la
primera vez que expone sus caricaturas.
Con estos trazos que incluyen rostros de gente reconocida
como Antonio Saca, Consuelo Suncín, monseñor
Romero y Laura Bush, Atilio piensa publicar un libro, también
diseñado por él. En éste se incluirá
una breve historia de la caricatura y comentarios que su trabajo
ya ha despertado en artistas como Mario Noel Rodríguez,
Antonio Lara y José Roberto Cea.
Además, trabaja en un pasquín sobre valores,
donde demuestra su creatividad para la caricatura y a la vez
refleja sus pensamientos filosóficos de la vida. Entre
los temas que aborda se halla la pobreza, la disciplina, la
felicidad, la caridad, la humanidad y el perdón.
Tampoco piensa dejar de lado su faceta como artista plástico,
esa que lo lleva a plasmar escenas populares. Quiere organizar
exposiciones junto al grupo CEDAA los cinco, Una
de ellas podría gestionarse con el consulado de El
Salvador en Washington, dice Atilio.
Académico
con vocación
Aunque
descubrió su talento por el dibujo cuando apenas tenía
ocho años, más tarde Atilio Munguía,
originario de Armenia, Sonsonate, se preparó en las
escuelas de arte de la época.
Cursó estudios de dibujo y de pintura en la Escuela
Nacional Carlos Alberto Imery con el profesor
mexicano León Plancarte Silva, en la Escuela Nacional
de Bellas Artes con el maestro español Benjamín
Saúl y en Galería Estudio con el pintor Miguel
Ángel Orellana.
Además de ser pintor y caricaturista ha publicado unos
veinte artículos sobre las artes plásticas en
el periódico Nuevo Enfoque. Ha organizado exposiciones
colectivas e individuales en El Salvador, Honduras y Estados
Unidos.
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