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10
de julio de 2005

Desde
hace poco tiempo, en Mozambique se utilizan ratas para buscar
y destruir las minas sembradas en los campos.
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Una
rata gigante husmea en un campo minado de Vilanculo,
un pequeño pueblo al norte de la capital Maputo,
en Mozambique.
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Las ratas
tienen muy mala fama. Son consideradas repugnantes, ladinas
y peligrosas. Noticias sobre ratas que mordieron a bebés
suelen asustar a los lectores de periódicos una y otra
vez.
Pero que estos roedores también pueden salvar vidas
humanas lo sabe muy poca gente. Aunque eso es justamente lo
que está ocurriendo ahora en África, más
precisamente en Mozambique.
Es de madrugada en Vilanculo, un pequeño pueblecito
de pescadores, ubicado 800 kilómetros al norte de la
capital Maputo.
A quince minutos en coche desde el centro del pueblo hay un
campo minado todavía sin limpiar. Ruta
y otras tres ratas gigantes duermen sobre astillas de madera
en sus jaulas y no se perturban por los ruidos que hay a su
alrededor.
Ruta sólo abre los ojos cuando su entrenador
la saca con cuidado de la jaula y le coloca una especie de
arnés hecho a su medida. Luego, el viaje sigue por
caminos marcados con exactitud hasta el lugar de trabajo:
una zona de diez metros por diez metros delimitada con mucho
cuidado.
Dos expertos en desactivar minas, vestidos con trajes especiales,
tensan una soga en uno de los lados del cuadrado, que atan
a sus piernas y a la que a su vez se ata a Ruta.
Sin dudarlo, la rata camina a lo largo de la soga de un hombre
al otro. Mientras lo hace, husmea intensamente en el suelo,
se gira, y avanza otra vez, la nariz sobre la tierra cubierta
de césped.
De repente, se detiene y comienza a arañar. Para los
entrenadores de Ruta, ésa es una señal
de que detectó una mina. Un tercer hombre marca el
lugar con exactitud, para que luego puedan sacarla y desactivarla.
Luego continúa la búsqueda con la soga a una
distancia de medio metro.
Tarea peligrosa
Limpiar campos minados es una tarea extremadamente peligrosa,
laboriosa y cara. Hasta ahora, se utilizaban para ello a personas,
perros y máquinas. Pero las máquinas sólo
pueden trabajar sobre terreno plano.
Desde hace poco, también las ratas contribuyen en la
búsqueda de minas con un éxito considerable.
La idea fue del belga Bart Weetjens, ingeniero especializado
en diseño de productos, al que su trabajo en la oficina
le aburría. Desde pequeño tenía ratas
y ratones en su casa.
Cuando un día leyó que unos estadounidenses
estaban experimentando con jerbos del desierto de Mongolia
se preguntó si el método se podría aplicar
a ratas.
Weetjens renunció a su trabajo y comenzó a investigar.
Pasaron algunos años, en los que en principio vivió
de la seguridad social, antes de que con ayuda de biólogos
pudiera desarrollar un método que hacía aptas
para la búsqueda de minas a ratas gigantes de Gambia
(Cricetomys gambianus).
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Bacilos
de la tuberculosis atacando a una célula.
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Las ratas
tienen importantes ventajas frente a los perros en el negocio
de las minas. Su olfato está igual de desarrollado
o quizá incluso más, pero su entrenamiento cuesta
una décima parte de la suma que se gasta en perros.
Comen menos, se reproducen más rápidamente,
y son más fáciles de transportar y mantener.
Se adaptan rápidamente a su entorno y no sólo
responden a un entrenador.
La variante gambiense elegida por Weetjens pesa unos 1,5 kilos
y es casi tan grande como un gato pequeño. Llama la
atención su larga cola, blanca hasta la mitad, y su
barriga también clara. Es demasiado liviana para hacer
explotar una mina.
Por cada explosivo hallado, las ratas son recompensadas con
un pedacito de plátano o cacahuete. Mientras tengan
hambre, se concentran totalmente en su trabajo. Husmear una
zona de 100 metros cuadrados no lleva más de 30 minutos.
Para estar bien seguros de que las ratas no hayan dejado escapar
ninguna mina, los entrenadores revisan cada zona con dos o
tres animales.
Hasta ahora, los roedores encontraron todas las minas. Los
aparatos que se usaban hasta el momento suenan con cualquier
fragmento de metal que haya en el suelo. Y eso dificulta la
limpieza, porque en Vilanculo, por ejemplo, hay inmensas cantidades
de cartuchos vacíos y astillas de metal.
También
tuberculosis
Bart Weetjens
tiene grandes planes para sus ratas. Él cree que también
están en condiciones de detectar bacterias de tuberculosis.
Anualmente mueren unos dos millones de personas a causa de
esa enfermedad.
Según Weetjens, un trabajador de laboratorio puede
analizar por día unas veinte pruebas de saliva. Una
rata, en cambio, según demuestran los primeros estudios,
puede analizar hasta 150 pruebas en 30 minutos. Así,
el diagnóstico sería mucho más barato,
lo que beneficiaría sobre todo a los países
más pobres.
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