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10
de julio de 2005

Expertos
rehabilitan el ecosistema lesionado por una mina que operó
en Cuba durante casi cinco siglos.
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La cantera de lo que fue la mina
de El Cobre, y su lago adyacente. Foto René
Camacho |
Los responsables
de la más antigua mina de cobre de América Latina,
situada en el oriente cubano, aspiran a que sea reconocida
como patrimonio nacional y de la humanidad, tras cerrar sus
puertas en 2001.
Esa meta es clave en los planes para rehabilitar el ecosistema
lesionado por la industria minera, diseñados por especialistas
de la estatal empresa Geominera de Oriente, y reanimar el
poblado de El Cobre, hijo de la explotación de los
yacimientos descubiertos en 1530.
Los daños ambientales están a la vista, y el
trabajo de rescate exige paciencia y un buen presupuesto.
Éstos eran suelos agrícolas, con muchos
frutales, pero todo eso se perdió. La zona se degradó
y el cambio del entorno fue total, dijo a Tierramérica
la ingeniera Alina Yasell.
La mina está en un cerro a doce kilómetros de
Santiago de Cuba, capital de la provincia homónima.
Su mejor época fue la primera mitad de siglo XIX, con
una producción de 67 mil toneladas. Una escasa producción
y bajos precios del metal en el mercado mundial determinaron
que fuera cerrada.
Lo que buscaban sus descubridores era oro, e incluso
se envió a España una muestra de calcopirita,
uno de los sulfuros minerales de los cuales se obtiene cobre,
creyendo que se trataba de ese metal precioso, cuenta
el geólogo Miguel Ruiz.
Indios y negros traídos de África fueron utilizados
sin piedad en la explotación minera, y en el siglo
XVIII eso desembocó en el primer gran alzamiento de
esclavos en Cuba. Una gran escultura recuerda ese hecho desde
lo alto de una colina.
El monumento a esa rebeldía de los cimarrones,
como se llamó a quienes se refugiaban en los montes
para salir de la esclavitud, se levanta en lo que quedó
del antiguo cerro del Cardenillo, actual loma de Los Chivos,
cuyas entrañas fueron horadadas por casi cinco siglos
de explotación minera.
Queremos conservar para las futuras generaciones todo
este legado histórico de la mina, y una de las galerías
se convertirá en museo, dice Yasell, especialista
principal del programa de rehabilitación, cuya envergadura
obligó a dividirlo en varios proyectos.
El plan abarca la restauración de lo que fue la cantera,
en cuyos bordes ya ha comenzado, tímidamente, a verdear
alguna vegetación silvestre. En esta área se
trabaja para evitar deslizamientos de tierra y reconstruir
taludes y bermas.
La cantera originó una enorme oquedad, convertida ahora
en un gran lago cuyas aguas se estudian, dado que por su alto
contenido de minerales, especialmente sulfuros, tienen
propiedades medicinales, pero eso debe avalarlo el Ministerio
de Salud, apuntó Yasell.
El sueño de especialistas y autoridades de El Cobre
es convertir el área en un centro recreativo con casa
de descanso para visitantes, incluyendo a peregrinos que vistan
el santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre.
Otros proyectos apuntan a explotar residuos que resultaron
al obtener concentrado de cobre, que guardan oro y plata entre
otros elementos. También se busca conservar la torre
del pozo minero y remozar la entrada al yacimiento. En cada
área de proyecto habrá un vivero para reforestar
el entorno de unas 40 hectáreas, cuyos suelos requieren
tecnologías que le devuelvan fertilidad.
Todo se hará con mano de obra de aquí,
pues se trata de vincular a la población con estos
proyectos, dice Ernesto Steven, presidente del Consejo
Popular de la localidad, quien calcula que el programa requiere
1,2 millones de dólares.
El Cobre tiene actualmente unos 17 mil habitantes, y 45 por
ciento de ellos tiene alguna relación directa o indirecta
con la mina, que contaba con 325 trabajadores cuando cerró.
Ochenta y cinco permanecen en la empresa ahora llamada Unidad
de Servicios Mineros.
Del resto, algunos fueron reubicados en otras plazas laborales,
y otros realizan cursos de capacitación profesional
o se jubilaron. A ninguno tomó el cierre por sorpresa,
aunque no todos aprueban esa decisión.
Me cayó muy mal la noticia. Desde los 17 años
trabajé allí. Creo que la mina aún podía
aguantar, se apresuraron a cerrar, dice Jesús
Calzado Falcón, quien afirma que pese a sus 63 años
volvería a las labores mineras.
El hombre considera que el cierre fue terrible
y un golpe muy grande, ya que todo lo que
uno tenía que resolver, lo resolvía allí.
Si había que hacer una soldadura, por ejemplo, uno
iba a la mina. O si hacía falta un transporte. El personal
almorzaba y comía en la mina.
Antonio Falcón, 56 años, corrobora lo dicho
por Calzado y opina que una parte del pueblo murió
con el cierre.
Nos queda la virgen, la Patrona de Cuba, que atrae visitantes
extranjeros y siempre queda algo para el pueblo. También
el cimarrón ayuda, pues viene a verlo gente del exterior,
comenta.Corresponsal de
Inter Press Service (IPS)
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