|10 de abril de 2005

Hallazgos arqueológicos han demostrado que el sueño del hombre por volar es tan antiguo como poder moverse libremente dentro de los mares.

Gustavo Rico BaÑos

Conocer con exactitud detalles de la primera inmersión y del diseño del traje original de buceo es casi imposible.

Pero se tienen indicios de que las actividades subacuáticas provienen desde el Paleolítico, ya que existen pruebas en el mar Báltico y en las costas de Portugal que lo certifican.

En el período Neolítico, la gente hacía inmersiones para buscar joyas y conchas marinas.

Herodoto en el 450 a.C. escribe sobre aparatos submarinos que tenían fines bélicos.

En Oriente se menciona a unas mujeres llamadas “Amas” —vivieron aproximadamente hace 1500 años—que se sumergían con gafas y piedras que aceleraban el descenso, para buscar perlas, ostras y algas.

En Perú, en el año 2000 a.C. se buceaba conteniendo la respiración.

También se descubrió que en Polinesia se buceaba con armazones de madera y láminas transparentes hechas de carey o conchas de tortugas marinas, que servían como lentes.

Perseo, último rey de Macedonia en el año 168 a.C., utilizó buzos para recuperar sus tesoros lanzados al mar durante las batallas entre Grecia y el imperio de Roma.

Aristóteles en sus escritos hablaba de artefactos de inmersión submarina, y menciona el uso de una esponja empapada de aceite que el buzo soltaba suavemente al internarse en las profundidades, para que el aceite lubricara los ojos del submarinista.

Pero la fascinación del hombre por el mundo submarino no termina en la antigüedad, mucho menos en la época moderna. En nuestros días, las profundidades de los océanos son casi desconocidas para nosotros.

Evolución del “jacket”

El traje moderno de buceo ha ayudado a salvar miles de vidas humanas, porque proporciona más movimiento bajo el agua. También ha ayudado a colocar este emocionante deporte al alcance de millares.

Uno de los últimos inventos que nació en la milicia y ha llegado al traje “Scuba” es el “Rebreather”, que sustituye al viejo tanque de buceo, y que permite al buzo permanecer más tiempo en el agua reciclando su mismo aire; carece de expulsión de aire al exterior y es de menor peso en comparación con el tanque convencional.

Luego de la Segunda Guerra Mundial, en Norteamérca nace el placer por las motos, los autos todo terreno y el buceo con el equipo “Scuba” (“Self container underwater breathing aparatus”).

Eran los años 50, la marina estadounidense puso sus ojos en el chaleco salvavidas que había sido olvidado por los pilotos de la fuerza aérea.

Era el famoso “jacket”, que en el mundo se conoce como “bi ci di” o “BCD” (buoyancy compensator device: dispositivo compensador de flotabilidad). Fue diseñado en 1935 por James Boyle, como un sistema de flotación individual para que los aviadores sobrevivieran en el mar si eran derribados.

Su contextura era de tela engomada y se inflaban en forma manual, o al jalar la cuerda disparaba un cartucho de CO2. Más tarde, Nelson Beck inventó el chaleco que se inflaba automáticamente al tocar el agua.

En 1961, un nuevo chaleco salió a luz, esta vez de manos de la empresa francesa “Fenzy”. La innovación era una pequeña botella de aire comprimido en medio de la tela engomada, llamada “Sea Quest”.

Al paso del tiempo, las innovaciones se han ido haciendo para comodidad de los buzos. Muchas las han creado submarinistas que tratando de mejorar sus inmersiones han hecho cambios significativos en el equipo “Scuba”.
Submarinismo en El Salvador

El arqueólogo argentino Javier García Cano menciona que en 1949 el francés Emile Gagnan diseñó la válvula del respirador moderno del equipo “Scuba”.

Al bajar al océano es prudente hacerlo por el cable del ancla. Ayuda en lugares con corriente submarina. Es para no tener un descenso sin referencia descontrolada.

Uno de los aparatos más rudimentarios que se conocen en la historia del buceo es el “urinatori”, una campana gigante que se introducía al mar, pero dentro viajaba un buzo que tomaba aire del techo de la campana. Este instrumento subacuático es del siglo XIV.

García Cano es catedrático, arqueólogo y posee especialidad en arqueología acuática.

Visitó El Salvador en enero pasado, junto a la arqueóloga, docente y también con especialidad en buceo Mónica Valentini.

Cano comenzó su fascinación por el submarinismo cuando a Argentina llegó un arqueólogo acuático de Italia.

Buceé con Cano y con Mónica en el lago de Ilopango (San Salvador) y en Los Cóbanos, en Sonsonate, alrededor de los barcos “Chirigón” y “S.S. Douglas” (el nombre original es “Sakkarah”), que datan de aproximadamente entre 1870 y 1895.

“Sin duda habría datos de otro tipo”, decía Cano, a la pregunta de que si la arqueología sería la misma si no existiesen buzos arqueólogos. “Para conocer del buceo y recabar datos de esta especialidad tienen que existir buzos marinos o la arqueología subacuática”, respondía Mónica.

Cano y Valentini han trabajado en Chile, Argentina, Brasil, Holanda, Suecia, Estados Unidos, entre otros, y de visita en El Salvador, su primera inmersión fue en busca de los restos del “S.S. Douglas”, carguero europeo hundido a escasos dos kilómetros de la costa de Los Cóbanos, en Sonsonate.

Scuba en El Salvador

“En los años 60 comenzó la fiebre por el buceo en El Salvador”, comenta Armando Rodríguez Eguizábal, uno de los varios buzos recreativos que comenzaban en dicha época en el país.

“En esos días se buceaba únicamente con arnés, aletas y careta; no existía chaleco ni manometro”, asegura.

Alex Hasbún, director de una escuela de buceo, recuerda a “Karl Arneke, alemán que ayudó a la construcción del muelle de CEPA (Comisión Ejecutiva Portuaria Autónoma)”.

Arneke sería el primer buzo industrial que hubo en el país en los años cincuenta. “Los buzos más conocidos eran Jaime Saade, Eddie Arango y mi padre Salvador Hasbún”, rememora.

“En esos días, los buceos eran por grupos de amigos. Unos buceaban en Los Cóbanos, otros en Coatepeque, y así este deporte comenzó a popularizarse.

Unos enseñaban a los otros”, dice Hasbún, quien fue alumno de Víctor Hernández, que le enseñó el arte de las inmersiones en Coatepeque en 1985.

En 1987, Rodolfo González se convirtió en el primer instructor de buceo del país. Se graduó en Estados Unidos.

Luego Alex Hasbún creó la primera escuela de buceo, El Salvador Divers, en diciembre de 1995.

En la actualidad, el submarinismo es practicado por los amantes de la vida marina, que buscan placer en las profundidades.

Instrumentos antiguos
La escafandra es utilizada en nuestros días en el buceo industrial y cientiifico. Era un sistema de flujo continuo, siendo de bronce al principio del siglo XIX. Los respiradores antiguos no tenían la posiblidad de conectarle manómetro de aire ni instrumentos. El regulador actual nació por el ingenio de Jackes Cousteau y Cagnan, favoreciendo la respiración deportiva. En 196, nace el chaleco “Fenzy”, de la empresa francesa del mismo nombre. La innovación era una pequeña botella de aire comprimido en medio de la tela engomada.
 


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