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9 de enero de 2005

El
gobierno de Lula decidió iniciar este año la
transposición de las aguas del río San Francisco
al noreste del país. Amplios sectores se oponen al
proyecto.
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| El
río San Francisco, también conocido como
Viejo Chico, baña cinco estados del
país. Crédito: Brasil/MIN |
Será el Iraq de Lula, vaticinó Apolo
Heringer Lisboa, para realzar su rechazo al proyecto gubernamental
de llevar parte de las aguas del río San Francisco
a tierras semiáridas del noreste de Brasil.
Sus razones están expuestas en un largo manifiesto,
firmado por 205 organizaciones de diversos tipos, que condena
la transposición como equivocada, insustentable
en términos políticos y técnicos serios,
con riesgos económicos, éticos y ambientales
previsibles y consecuencias incalculables.
Pero la decisión está tomada, y el gobierno
pretende empezar las obras este año, tras lograr aprobación
ambiental para el proyecto, que costará unos 2,380
millones de dólares al cambio actual hasta 2010, según
el Ministerio de Integración Nacional (MIN).
El presidente Luiz Inácio Lula da Silva adoptó
la iniciativa como una de sus prioridades, tildando de egoístas
las reacciones negativas. Es una cuestión humanitaria
llevar agua a gente que camina muchos kilómetros para
beberla sucia, alegó.
La polémica idea de transponer aguas del San Francisco,
conocido como Viejo Chico, hacia áreas
que sufren frecuentes sequías se discute en Brasil
desde hace un siglo y medio. Esta vez parece haber voluntad
política del gobierno central, pero también
una feroz resistencia en los cinco estados que baña
el otrora llamado río de la integración
nacional, por unir el centro y el noreste del país.
La oposición une a gobiernos estaduales, ambientalistas,
científicos, asociaciones comunitarias y profesionales,
numerosas organizaciones no gubernamentales (ONG) y el Comité
de la Cuenca Hidrográfica del San Francisco, un organismo
de gestión y planificación compuesto de representantes
de gobiernos y sociedad civil.
El proyecto del MIN es inútil, inviable
y dañino para el ambiente, porque el caudal del San
Francisco no es suficiente para abastecer más que su
actual cuenca, argumentan los opositores.
Se reduciría, por ejemplo, la capacidad de generación
de centrales hidroeléctricas instaladas en su curso
y responsables de 95 por ciento de la electricidad consumida
en el noreste, y gastaría mucha energía en bombeo,
elevando el costo del agua a un nivel incompatible con la
pobreza de la población local.
Aumentar 3,9 por ciento el agua disponible en las áreas
a las que se quiere beneficiar sólo favorecería
a grandes hacendados y empresarios, sostuvo Lisboa, un médico
impulsor del Proyecto Manuelzao de recuperación ambiental
de la cuenca del Río das Velhas, importante afluente
del San Francisco.
En cambio, la geóloga Juliana Roscoe, gerente de ambiente
y revitalización del MIN, afirma que el proyecto ofrecerá
seguridad de abastecimiento y que eso permitirá
una gestión más racional de los recursos hídricos.
Los ríos locales son intermitentes, por las sequías,
y la región depende de un sistema de represas cuya
agua se ahorra al máximo por la incertidumbre, lo que
aumenta su evaporación. Pero a veces la lluvia causa
más pérdidas, si hay que abrir compuertas para
frenar crecidas, explicó.
Todo eso obliga a limitar el uso económico del agua,
para asegurar el abastecimiento público, pero el aporte
del San Francisco pondrá fin al desperdicio, liberando
recursos existentes para el desarrollo, explicó Roscoe.
Los temores de insuficiencia de agua en el San Francisco son
mitigados por la fórmula acordada, de transferir un
volumen fijo que asegure agua potable a la población,
es decir 26 metros cúbicos por segundo, o uno por ciento
del flujo del río, indicó la geóloga.
Además se pondrá en marcha un proceso de revitalización
de la cuenca en los próximos 20 años, para superar
problemas de deforestación, sedimentación y
contaminación de ríos, informó Mauricio
Laxe, coordinador del programa en el Ministerio de Medio Ambiente.
El primer desafío es construir una articulación
interinstitucional entre varios ministerios, gobiernos
estatales y municipales, y ampliar foros locales para movilizar
a la sociedad y combatir eficazmente los problemas, sostuvo.
Falta también educación ambiental.
La región metropolitana de Belo Horizonte, capital
del sureño estado de Minas Gerais, concentra 30 por
ciento de los 12,5 millones de habitantes de la cuenca y más
de 20 por ciento de su contaminación, pero sólo
uno por ciento de su población tiene conciencia de
vivir en la Cuenca del San Francisco, lamentó.
Recuperar las nacientes, reforestar las riberas y crear áreas
de protección son otras tareas clave. Sólo en
saneamiento ambiental, a cargo de los ministerios de Ciudades
y Salud, se prevé aplicar 220 millones de dólares
en 2005, destacó Laxe para señalar la multiplicidad
de acciones e inversiones.
Corresponsal de Inter press service (IPS)
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