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9
de enero de 2005

En el marco de la celebración del mes del Adulto
mayor, el lunes 10, el Centro de Atención a Ancianos
Sara Zaldívar conmemorará sus 120 años
de brindar refugio, amor y las últimas atenciones para
aquellas personas que los años ya los tiene cansados
y desprotegidos.
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Cada anciano
que ha vivido, y que habita actualmente, en el Centro Sara
Zaldívar es una historia triste que contar. Cada uno
tiene su propio relato de trabajo no recompensado, de desamparo
familiar, de las malas decisiones tomadas cuando fueron jóvenes
y en algunas ocasiones de los infortunios de la vida.
Aquí se refugian desde personas que han tenido un alto
nivel de estudios o que ocuparon cargos sociales hasta los
más humildes procedentes de las zonas rurales, señala
el doctor José Anrtonio Velásquez Portillo,
director del centro.
Uno de esos casos es el de Moisés Abraham Salinas,
cuya edad se calcula en 66 años, menciona la trabajadora
social Bella Echegoyén de Arrué.
Moisés es un hombre de estatura baja, hiperactivo,
de ojos curiosos y andar apresurado. En comparación
con el resto de inquilinos, su rostro no tiene los surcos
que el tiempo marca en la piel, aunque sí ha perdido
un poco el juicio.
Desde que fue ingresado hace dos años hasta el momento
ningún familiar lo ha visitado. No obstante, la trabajadora
social señala que según sus investigaciones
y lo poco que Samuel ha conversado con ella, él hizo
estudios en arte e ingeniería, tal vez civil; fue maestro
particular, dice haber impartido filosofía en la universidad
y ha demostrado hablar fluidamente francés e inglés,
y su vocabulario es academico y profundo.
Hay una hipótesis de su problema mental, y es que cuando
regresó de un viaje del extranjero encontró
a su padre y a su madre muertos en su apartamento, y la impresión
le afectó demasiado. Con el paso del tiempo perdió
el apartamento donde vivía, y su casa era la calle
antes de llegar al asilo.
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Moisés
Abraham Salinas, quien se supone ha sido maestro.
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Vicente
Menjívar es uno de los más antiguos del
centro.
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La
reintegración familiar es otra tarea del Sara
Zaldívar.
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Otro caso
curioso es el de Vicente Marguey, conocido como Vicente Menjívar.
A diferencia de Moisés, él tiene mente lúcida,
aunque es minusválido de piernas y manos desde nacimiento.
Con alguna dificultad en su habla, pero con un gran carisma,
Vicente cuenta un poco de su difícil vida: Soy
de Nahuizalco, tengo 87 años. Nací cuando reventó
el cerro del Jabalí.
Cuando yo tenía ocho años murió mi mamá,
y al mes después murió mi papá. Entonces
mis hermanos me echaron de la casa.
Cuando crecí me fui a San Miguel, decidido a vivir
o a morir, porque mis hermanos no me recogieron. Estuve diez
años en ese lugar, ahí pedía limosna
para comer y alquilar una pieza.
Luego me fui a Jiquilisco, después pasé de pueblo
en pueblo hasta que llegué a Santa Tecla en 1941. Ahí
la policía me detuvo, y fue ahí donde me cambiaron
el apellido. Después me enviaron a la policía
de San Salvador, y ellos me trajeron al asilo, recuerda.
Con 63 años de vivir en el Sara Zaldívar, don
Vicente es uno de los más viejos inquilinos del centro.
Aunque él entró cuando apenas tenía 24
años, porque fue considerado un desvalido, en la actualidad
el centro es sólo para ancianos mayores de 65 años
en situación de abandono y riesgo.
Reintegro familiar
En el pasado ha quedado cuando el asilo Sara Zaldívar
era utilizado tanto para ancianos, indigentes y hasta niños.
En la actualidad es exclusivamente para ancianos, y el sitio
le da refugio a 98 hombres y 90 mujeres, en su mayoría
sin familiar conocido, menciona el geriatra y director del
centro José Antonio Velásquez Portillo.
Aquí
procuran mantener activos a los de la tercera edad, tanto
a nivel físico, social y sicológicamente, gracias
a un programa de rehabilitación geriátrica y
la terapia ocupacional, alrededor del cual giran las actividades
de manualidades, carpintería, juegos, música,
baile, incluso excursiones y el cultivo hidropónicos,
entre otras actividades.
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| Las
internas del Centro Sara Zaldívar cultivan la amistad
con otras ancianas, lo que les permite mantener una mayor
relación social, una situación que les beneficie
porque no se sienten solas, a pesar de que algunos familiares
no las visiten. |
Una política
del centro que beneficia a los abuelitos es el de la casa
abierta. Gracias a esto vienen gente de otras instituciones,
jóvenes de universidades, de colegios o religiosas
para realizar actividades de visita y agasajos, lo que permite
que los ancianos convivan con los jóvenes y que reciban
abrazos y cariño.
Sin embargo, el Centro de Atención a Ancianos no es
un sitio para que las familias lleven a sus abuelitos para
deshacerse de ellos, este es un lugar para aquellos que no
tienen familiar alguno que los pueda atender.
En ese sentido, desde enero a septiembre de 2004, este centro
ha propiciado el reencuentro y la integración de diez
viejitos con sus familiares, con lo que la institución
no sólo recibe a los hombres o mujeres que por su avanzada
edad han sido desamparados, sino que incentiva a la responsabilidad
familiar.
El
asilo con su historia
A fines
de 1883, reunidos los miembros de la Logia Masónica
Excélsior # 17 de San Salvador, H. León Dreyfus
Grado 33 llamó la atención hacia el dolor y
la desgracia de los ancianos inválidos y mujeres indefensas,
y solicitó a los presentes una ayuda material y mensual
para organizar una casa de asilo donde mendigos e inválidos
encontrasen habitación, alimentos, cuidado personal,
medicinas y distracción para hacerles llevadero su
desamparo.
En dicha reunión estuvo presente el señor Rafael
Zaldívar, Presidente de la República en ese
entonces, quien le contó a su esposa Sara de Zaldívar
la obra que habían decidido emprender.
Ella se entusiasmó tanto con la idea que ofreció
su casa de campo para el asilo.
Al cabo de seis meses se concluyeron las obras, quedando un
local cómodo e higiénico en donde podrían
ser alojadas 50 personas. Se hicieron cargo de la institución
tres hermanas de la Caridad.
El acuerdo de fundación de esta casa para desvalidos
dice: El Poder Ejecutivo, deseando proteger a la clase
más desvalida de la sociedad y evitar el lastimoso
espectáculo que presentan los mendigos, implorando
la caridad públicamente. Decreta:
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| Sara
de Zaldívar, quien donó su casa de campo
para el asilo. |
"Fundar
un establecimiento que se denominará Asilo Sara,
aprovechando para ello el extenso y cómodo local que
con tan noble y humanitario propósito ha cedido la
señora Sara de Zaldivar.
En la casa expresada se dará acogida a todos los desvalidos
y menesterosos que no se hallen enfermos, proporcionándoles
la asistencia necesaria y el trabajo que sea compatible con
su estado.
El Ministerio de Beneficencia organizará y reglamentará
este nuevo instituto y propondrá a la próxima
legislatura los fondos necesarios para su sostenimiento. Dado
en el Palacio Nacional; San Salvador, enero 10 de 1885
(Diario Oficial # 11-13 enero de 1885).
Inició sus labores el 24 de octubre de 1884 y fue llamado
por decisión de la Junta Directiva Asilo Sara
en honor de su benefactora.
En 1961, fecha en que se fundó el Instituto Salvadoreño
de Rehabilitación de Inválidos (ISRI), el asilo
pasó a ser una dependencia de éste.
En enero de 1985, siendo director el doctor Porfirio Humberto
Soto Fiallos, fue solicitado a la Asamblea Legislativa que
se decretara el día 10 de enero como Día
del anciano asilado y por decreto Legislativo Nš 313
fue aprobado.
(Fuente: Tesis El Asilo Sara y su función social
en El Salvador, de Nora Teresa Vargas y Jaime Augusto
Mejía. Y Asistencia social al anciano en El Salvador,
de GildaMata Sol).
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