9 de enero de 2005

Aún tienen alma de niños y son dueños de voces sublimes, que en coro penetran hasta lo más profundo de los corazones. También bailan, se contorsionan, actúan y desbordan energía cada vez que se cruzan por un escenario.

Morena Rivera
Fotos: César Avilés


Samuelito, el integrante más pequeño del Coro LACC de los liceos Juan Bueno, en El Salvador, define esa faceta de su vida como “muy bonita”. Luego vuelve a hablar: “Lo que un día era un sueño hoy lo hemos hecho realidad”.

Plantados en el escenario, ya sea en los de sus colegios a nivel nacional, o en auditorios de Estados Unidos, donde ofrecieron 30 conciertos en el 2003, estos jóvenes —entre los nueve y los 14 años— han demostrado que pueden liberar su energía a través del canto, la actuación y el baile.

No son un coro tradicional, ni siquiera se limitan sólo a modular y coordinar sus voces de forma perfecta durante las presentaciones. Aparecen vestidos como cualquier muchacho de la época, danzan como cualquier bailarín que coordina sus pasos con el ritmo de la música y a veces se sumergen en el drama musical.

La música que cantan es cristiana, aunque el fin del coro no es promover ninguna religión, sino llevar un mensaje espiritual. En uno de los conciertos brindado en el INFRAMEN, los estudiantes tuvieron que enjugarse las lágrimas a media jornada, pues la energía y la sensibilidad de los coristas terminó por tocarles el alma.

“Es algo que va más allá del simple querer nuestro”, explica Vinicio García, productor general del proyecto. Agrega que muchas veces los temores los invaden antes de salir al escenario, se imaginan la indiferencia y hasta los silbidos del público, pero sus mensajes espirituales siempre terminan por seducir a los presentes.

“Vale más poder brillar que sólo buscar ver el sol”, canta uno de uno de los adolescentes que se ha colocado en primer plano. Luego hay movimientos coordinados, se sitúan en línea recta y se unen las voces de todos: “Pintarse la cara color esperanza, entrar al futuro con el corazón...”.

Todas las canciones incluidas en su primer disco “Puedes creer” son autoría de diferentes músicos cristianos, pero el segundo que ya se encuentra en proceso también va a incluir letras originales algunas son producto de la incursión de ellos en la composición.

A veces, los jóvenes contorsionan su cuerpo con el“break dance”. Es parte de las coreografías.

Volando alto

El coro LACC, denominado de esa forma por la institución que les ayuda con el financiamiento (Latin America Child Care), nació en septiembre de 2002. La idea, cuenta Vinicio García, era hacer una gira por Estados Unidos para promover la celebración de los cuarenta años del Liceo Cristiano Juan Bueno.

Primero se pensó en incluir niños de toda Latinoamérica, donde los colegios tienen presencia. Pero la dificultad de reunirlos para los ensayos hizo que se decidieran sólo por El Salvador, donde se encuentra la obra más grande con unos 38 colegios en siete departamentos.

Para seleccionar a los integrantes se preparó una audición en la que participaron 800 niños. Samuel Cordero, director musical, se inclinó por aquellos veinte que tocaban instrumentos y tenían aptitudes para el baile y el canto.
“Y algo muy importante fue ver sus corazones”, dice Vinicio García.

Les hicieron preguntas sobre sus anhelos, cómo se ven en el futuro y cómo se visualizaban más adelante dentro del proyecto. Los que se han quedado definen la experiencia como “algo grato que los prepara y les ha enseñado a trabajar bajo presión”.

Del 2 de julio al 17 de agosto de 2003 emprendieron la gira “Tour por tu vida” y se estrenaron como artistas en escenarios de Miami, Virginia, Pensylvania, Maryland, Georgia, Ohio, Washington y Carolina del Norte, Estados Unidos, allí ofrecieron treinta conciertos durante siete semanas.

Vinicio García considera que pudieron alcanzar el éxito porque el público llenó los auditorios, las iglesias y los colegios.

Cuando regresaron al país cerraron el evento de los cuarenta años en el estadio Jorge Mágico González.
Dedicaron el 2004 a los ensayos, a las presentaciones internas, a una gira por Honduras y a construir muchos proyectos. Ya tienen programado el próximo viaje por Estados Unidos y el lanzamiento de su segunda producción con la que se piensa presentar el coro al público salvadoreño.

Ellos quieren que el coro trascienda y que vuele muy alto, más allá de las fronteras. “Queremos impactar a los jóvenes y demostrarles que pueden ocupar su tiempo en cosas más importantes y útiles que consumir drogas y alcohol”, detalla Vinicio García.

Cautivados por el canto y el baile

* El coro se perfilaba como un proyecto a corto plazo, sólo para la celebración de los cuarenta años. Pero ahora, Vinicio García guarda la idea de convertirlo en todo un fenómeno como lo fue Menudo y el grupo Timbiriche.

* A raíz del éxito que ya han tenido se ha formado la unidad ADORARTE Producciones, que busca descubrir y promocionar talentos al interior de los colegios.

* El coro LACC no sólo interpreta canciones en español. El hecho de que sus integrantes hablen el inglés ha facilitado que también graben canciones en ese idioma.

* Los chicos cuentan con una maestra vocal (Vicky Cordero), una de danza y de expresión corporal (Ileana Castillo), uno de música (Samuel Cordero) y uno en el ámbito espiritual (Juan Girón).

* Además de los chicos que componen el coro, hay otros cinco que cantan “rap” y bailan “break dance” y a veces matizan con sus talentos las presentaciones del grupo.

También incursionan en la actuación. Entre su repertorio, durante las presentaciones, ofrecen dramas musicales.

La experiencia en sus labios

* “Al principio era un sueño, pero ha sido muy bonito. Me gusta cantar y me siento bien”. Samuel Cordero, 9 años.

* “La mejor respuesta es que el público sienta lo mismo que nosotros”. Diana Quinteros, 14 años.

* “Hemos impactado muchas vidas, hemos hablado con gente. Lo único que va a cambiar este mundo es Dios y llevar un mensaje positivo”. Emanuel Medina, 13 años.

* “Queremos decirle a los jóvenes que existe Alguien con quien pueden contar, que hay una salida para todo problema, y ese es Dios”. Luis Leiva, 13 años.

* “Es una experiencia que nos prepara hacia el futuro y nos enseña a trabajar bajo presión”. Gabriel Guevara, 13 años.

La incursión en el coro ha ayudado a estos menores para que se comporten con madurez, actúen con disciplina y se planteen nuevos retos ante el futuro.


 


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