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9 de enero de 2005

El
Protocolo de Kyoto obliga los países industrializados
a reducir sus emisiones de gases invernadero en un cinco por
ciento en el 2012. El calor aumenta y el derretimiento de
los polos amenaza con anegar los continentes.
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Foto
: AP
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Pablo conduce su taxi por las calles de Buenos Aires desde
hace un par de años y el calor de este verano lo deja
fatigado al final del día.
Antes no era así, dice este hombre de 42
años, que entiende perfectamente por qué esta
ciudad ha sido el epicentro de la última convención
del cambio climático.
Es que nos estamos asando, ¿viste? El verano
cada vez es más insoportable, asegura.
En los alrededores de la estación Plaza de Italia,
los representantes de las delegaciones oficiales y organizaciones
no gubernamental intentan persuadir a Estados Unidos para
que firme el Protocolo de Kyoto, que contiene los mecanismos
para ayudar a que los países ricos reduzcan sus volúmenes
de gases invernadero y atenuar el calentamiento de la tierra.
Los gases invernadero (dióxido de carbono, metano y
óxido nitroso) capturan los rayos solares en la atmósfera
en una especie de enorme burbuja, de modo que recalientan
la temperatura global.
En pocas palabras, este es el fenómeno que está
poniendo de cabeza al mundo sin que nadie caiga en cuenta
sobre los riesgos que implica el fenómeno.
La Décima Conferencia de las Partes de la Convención
Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático,
conocida como la COP-10, se ha desarrollado rodeada de una
fuerte custodia policial, a fin de proteger a los más
de 5,400 delegados de 189 países que acuden, con ganas
o sin ellas, a discutir las posibles soluciones para este
problema.
Pese a todo, hubo optimismo. La holandesa Joke Waller-Hunter,
secretaria ejecutiva de la COP-10, se congratula por la publicación
de una síntesis sobre los logros y los retos en los
primeros diez años de la puesta en vigor del convenio.
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Ecologistas
en Argentina realizan una carrera para concientizar
sobre los efectos del derretimiento de los polos. Foto
AP
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Hay optimismo
por el informe Los primeros 10 años. Pero
no es suficiente, sobre todo cuando Estados Unidos junto a
Australia se resisten a firmar el Protocolo de Kyoto.
Waller-Hunter dice que entre 1990 y 2000 se redujeron 6,6
por ciento las emisiones humanas de dióxido de carbono,
metano y óxido nitroso.
Pero los fenómenos atmosféricos, como el aumento
en la prolongación de la temporada de huracanes, el
incremento en el nivel del mar y el sucesivo desorden ecológico,
no son elementos válidos para que cambie su posición
oficial.
Tema costoso ¿para quiénes?
A criterio de Estados Unidos y Australia, que son parte de
la Convención, es imposible ratificar el Protocolo
porque su aplicación es demasiado costosa, por un lado,
y, por otro, excluye a las naciones en desarrollo. La delegación
australiana dice que Kyoto hará subir los precios de
la energía y recortará empleos.
La entrada en vigor del Protocolo de Kyoto está prevista
para el 16 de febrero de 2005.
La administración del presidente George W. Bush ha
optado por buscar su propio camino para reducir la contaminación
que ellos mismos generan.
¿Cómo? Invirtiendo en ciencia y tecnología
y aumentando la cooperación internacional. ¿Duplicación
de esfuerzos? El delegado estadunidense no lo ve así.
Estados Unidos ha elegido un camino diferente,
dice Harlan Watson.
En las afueras de La Rural, sede de la conferencia, los porteños
siguen con su rutina diaria bajo un inclemente sol. Atrás
ha quedado Pablo, con su taxi. Antes de bajar, cuando hizo
un alto y vio a un colega con un auto en mejores condiciones
y el rótulo que rezaba: servicio climatizado,
él dice: que bárbaro se la pasa ese mientras
trabaja, ¿viste?. Sí, respondo,
pero el aire acondicionado es una de las principales causas
del calentamiento de la tierra.
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Lluvias
torrenciales e inundaciones son la cara más visible
del cambio climático del planeta. Foto
AP
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¿En
serio? ¿Y qué iba a saber yo?, agrega
mientras extiende la mano para tomar el billete con que le
pago.
Este hombre quizá ignora que Argentina es uno de los
países más afectados por las catástrofes
e inundaciones en Suramérica porque es el que más
aumento de precipitaciones pluviales ha tenido en el siglo
XX, de acuerdo a un informe de la Secretaría de Ambiente
y Desarrollo Sustentable y el Programa de las Naciones Unidas
para el Medio Ambiente (PNUMA).
De hecho, esta región austral es la más afectada
por el adelgazamiento de la capa de ozono, que es la encargada
de absorber gran parte de la radiación ultravioleta
emitida por el Sol, y que de seguir siendo vulnerada podría
causar graves daños biológicos en la Tierra.
Los científicos consideran que la amplitud del Agujero
de ozono, como se le llama popularmente, bordeó
los 25 millones de kilómetros cuadrados.
Pablo se alejó sin inmutarse por los comentarios, al
igual que los delegados de los países desarrollados
que asistieron a esta Cumbre del Clima, que finalizó
bajo la sombra del fracaso.
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La
contaminación es una de las grandes causas del
efecto invernadero y el calentamiento global que amenaza
a la humanidad. Foto: AP
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Como el
taxista, prefieren fijar su vista en vivir el día a
día. ¿El futuro? Ese llegará a todos,
implacable como siempre. Si no habrá que preguntar
a los sobrevivientes del maremoto en Asia.
La cifra de muertes podría llegar a los 200 mil, para
convertirse en una de las catástrofes naturales más
mortíferas de la historia.
Ahora esto es pasado, pero antes del 26 de diciembre de 2004
nadie habría imaginado que la Tierra tuviera tanta
furia.
Si la Cumbre se hubiese desarrollado con el antecedente de
esta tragedia, quizá los resultados serían otros.
Tal vez no. Es más fácil reunir cientos de millones
de dólares para ayudar a los damnificados por fenómenos
naturales violentos que modificar los medios de producción
en los países ricos. Después de todo, los muertos
los ponen otros.
Un
reclamo a los países desarrollados
La Décima
Cumbre del Clima criticó el papel de los países
desarrollados por su falta de compromiso con el cuidado del
medio ambiente y por evadir responsabilidades ante el cambio
climático.
El plenario de la Conferencia de las Partes sobre Cambio
Climático (COP 10), estuvo marcado por sucesivas discusiones
para barajar alternativas ante la negativa de Estados Unidos
a adherirse al Protocolo de Kyoto.
El presidente argentino Néstor Kirchner llegó
a la sede de la COP 10 con una posición directa hacia
las naciones industrializadas.
Algunos países, los más evolucionados,
tienen más recursos de cooperación y tecnología
para hacer frente al cambio climático y no están
sometidos a la carga de la deuda externa, a las demandas de
sus sociedades, dijo el gobernante en clara relación
a la situación que vive Argentina tras la crisis financiera.
El gobernante, que vive presionado por las expectativas de
una sociedad agobiada por la corrupción y la pésima
administración pública, recalcó que quienes
cargamos con mayores deudas financieras somos los mayores
acreedores ambientales.
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Representantes
de grupos indígenas argentinos protestan por
las inundaciones que sufren en la Patagonia. Foto:
AP
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No debemos
aceptar la doble moral que exige a nuestros países
el cumplimiento de las deudas financieras, mientras que los
países más avanzados no cumplen con su deuda
ambiental, dijo ante más de cien delegados.
El segmento de Alto Nivel de la COP 10 cuenta con la participación
de ministros de Medio Ambiente y 80 delegados miembros de
agencias especializadas y programas de las Naciones Unidas,
así como de otras organizaciones intergubernamentales.
El Protocolo de Kyoto obliga los países industrializados
a reducir sus emisiones de gases invernadero en un 5% en el
año 2012.
Para la Unión Europea, esto equivale a una reducción
de 25%. Y, en este aspecto, Alemania está a la cabeza
en cuanto a desarrollo de energías alternativas, ya
que planea reducir el nivel de gases de efecto invernadero
hasta un 40% antes de 2020. La Unión Europea aspira
a descender hasta un 30% el nivel de emisiones contaminantes.
Sin embargo, por muy ambiciosas que suenan estas cifras, no
son suficientes para contrarrestar el fenómeno del
calentamiento global. En realidad, habría que modificar
toda la estructura de consumo de combustibles fósiles
(como el petróleo) por energías eólica,
solar y biomasa, entre otras grandes medidas.
De por medio hay sendos intereses económicos. No en
vano el gobierno de Arabia Saudita fue nominado al premio
el fósil del día, que es una distinción
irónica que conceden los ecologistas a las delegaciones
cuya posición va en contra de la Cumbre.
Arabia Saudita es el mayor exportador petrolero del mundo
y su estrategia es bloquear cualquier iniciativa que vaya
en función de sustituir el consumo de carbón
y petróleo.
El panorama es desalentador por cuanto el mundo debería
cortar su emisión de gases invernadero hasta un 70%
si lo que se quiere es lograr un desarrollo que resulte sostenible
en el tiempo y para preservar la vida.
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Aseguradoras:
un aliado emergente
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A falta
de consenso entre las naciones, el poder de la industria de
seguros emerge como el principal aliado para combatir el cambio
climático.
Estas compañías perdieron más de 40 mil
millones de dólares en 2004, el año más
costoso por desastres naturales en la historia de este sector,
aún antes del maremoto en el Sur de Asia, que añadiría
pérdidas por unos 100 millones de dólares más.
Según éstos, la mayor parte de las fianzas pagadas
corresponden a los efectos de los ciclones en Estados Undios,
el Caribe y Japón.
Munich Re es la reaseguradora más grande del mundo
y pertenece a la iniciativa financiera del Programa de las
Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).
Un informe oficial de la reaseguradora Munich Re reveló
que la industria de seguros perdió al menos 35 mil
millones de dólares en lo que va del año debido
a los efectos del cambio climático y que se ha traducido
en el aumento de las temporadas de huracanes, inundaciones,
incendios forestales, principalmente.
El informe de la empresa dice que Estados Unidos fue el país
con más pérdidas aseguradas. Sin
embargo, aclara que la mayoría de las pérdidas
económicas por desastres naturales no estaban aseguradas.
Si estas hubieran estado cubiertas por un seguro por desastres,
la cifra total ascendería a 90.000 millones de dólares,
dice un despacho de Naciones Unidas.
Una representación de Munich Re participó en
la Décima Conferencia del Cambio Climático para
llamar la atención de los países desarrollados
sobre la importancia del Protocolo de Kyoto como instrumento
contra el efecto invernadero.
Un responsable del consejo de dirección de la entidad,
Stephan Heyd, que expresó su conmoción por la
escala de la tragedia humana en el sur de Asia, atribuyó
esta situación al calentamiento global y afirmó
que las catástrofes naturales de este año subrayan
el firme compromiso de Munich Re por la aplicación
de medidas inminentes y rigurosas contra el cambio climático.
Tras los decepcionantes resultados de la cumbre sobre
el clima, el tiempo se nos agota. Seguiremos cubriendo pérdidas
por catástrofes naturales si el precio se ajusta al
riesgo, que está muy expuesto a los fenómenos
meteorológicos y a la concentración de valor,
destacó.
Ni los panoramas apocalípticos de los ambientalistas
más ortodoxos ni los más concienzudos informes
científicos que dan certeza de un futuro difícil
para el planeta han podido mover la voluntad de los países
desarrollados respecto al cambio climático. Lo que
no puede hacer el conocimiento y la razón, que lo haga
el dinero.
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