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6 de noviembre
2005
Un nuevo Nautilus
El SeaOrbiter, un buque semi-sumergible de impresionante diseño
futurista, estudiará la contaminación marina
a partir de 2008. Tierramérica dialogó con su
creador, Jacques Rougerie.
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| Maqueta
del SeaOrbiter, que se espera se deje llevar por la corriente
del golfo. |
El SeaOrbiter
(satélite del mar) parece un curioso objeto marino
salido de la imaginación del escritor Julio Verne.
Es un silencioso buque sin motor, de 51 metros de altura y
semi-sumergible, que se dejará llevar por la corriente
del golfo, en el océano Atlántico, para estudiar
la vida marina y la contaminación.
Al contrario del submarino Nautilus, imaginado por Verne en
el siglo 19, y de todos los otros sumergibles modernos que
deben salir regularmente a la superficie, el SeaOrbiter podrá
observar el océano las 24 horas del día, ya
que 31 metros de su estructura estarán sumergidos permanentemente.
El SeaOrbiter transportará una tripulación de
18 personas que analizará durante tres meses en 2008
los efectos de la contaminación en los ecosistemas
del océano, el papel de las corrientes marinas e incluso
el comportamiento de las especies en presencia de un objeto
silencioso.
El creador del proyecto, el arquitecto y oceanógrafo
francés Jacques Rougerie, afirma que el principal objetivo
de la misión es llamar la atención del gran
público sobre el mar y las amenazas que enfrenta.
Mi principal objetivo es pedagógico: dar a la
gente la oportunidad de aprender un poco más sobre
el mar, dijo Rougerie a Tierramérica en sus oficinas
de París, instaladas en una embarcación anclada
en el río Sena, a pocos metros de la Plaza de la Concordia.
El SeaOrbiter dispondrá de un equipo de oceanógrafos
y ambientalistas, y de equipamiento técnico de alta
calidad para analizar la presencia de dióxido de carbono
en el agua del mar y su diseminación en virtud de las
corrientes, señaló.
La tripulación del SeaOrbiter podrá estudiar
la concentración salina del agua marina, la dinámica
de las corrientes, los ritmos de cambios de densidad poblacional
y de especies, entre otras cosas.
El buque de Rougerie dispondrá de cámaras y
micrófonos controlados a distancia, capaces de grabar
imágenes y sonidos a 600 metros de profundidad. Todo
el material fílmico y sonoro registrado será
puesto a disposición del público en tiempo real,
gracias a una conexión de internet de alta velocidad.
El especialista concibió el SeaOrbiter cuatro años
atrás, como parte de sus esfuerzos para estudiar la
contaminación marina: teme que, debido a su dinámica,
el agua de mar se convierta a mediano plazo en vector incontrolable
de contaminantes y de virus.
Como podemos ver actualmente con la epidemia de la gripe
aviaria, hay virus mutantes, dijo Rougerie. Existe
la posibilidad de que un virus se adapte a un organismo marino,
y constituiría una catástrofe ecológica
y de salud de dimensiones globales, dada la dinámica
de las corrientes marinas, argumentó.
El SeaOrbiter derivará guiado por la corriente de agua
cálida que fluye por el océano Atlántico
desde el Golfo de México hacia la proximidad de las
costas europeas durante tres meses, a partir de la primavera
boreal de 2008, y funcionará como un centinela continuo
de la biología marina.
En su porción sumergible, de 31 metros, el vehículo
dispondrá de una sección presurizada, que permitirá
a la tripulación salir directamente bajo el agua en
caso de necesitar una observación inesperada, sin necesidad
de someterse a las largas y penosas sesiones de descompresión
previas y posteriores al buceo.
Dado que las condiciones de vida en un navío de este
tipo son comparables a las de una nave espacial, el SeaOrbiter
podrá ser utilizado como base de entrenamiento para
astronautas.
En el diseño del navío y de su misión
cooperan varios astronautas de Estados Unidos, como Scott
Carpenter, uno de los primeros en navegar en el espacio exterior,
y Bill Todd, responsable del programa Misión de Operaciones
en Ambientes Extremos (NEEMO son sus siglas en inglés)
de la agencia especial estadounidense NASA.
La parte del SeaOrbiter que navegará por encima del
nivel del mar, con 20 metros de altura, operará a la
presión terrestre normal.
Dado que el SeaOrbiter no dispone de motores y se dejará
arrastrar por las corrientes marinas, su superficie sumergida
podría convertirse en hábitat para una multiplicidad
de seres vivos, debido a la atracción que ejercen los
objetos flotantes sobre todo tipo de especies marinas, desde
microorganismos hasta peces de talla relativamente grande.
Esto permitirá a la tripulación analizar en
condiciones especiales la vida marina e inscribirse en la
lista de las epopeyas de la investigación oceanográfica,
como la naufragada expedición por el Pacífico
del Astrolabio de La Pérouse, en 1785,
o el buque científico Glomar Challenger, que en los
años 70 perforó el lecho marino.
El proyecto SeaOrbiter es una asociación de empresas
privadas y de los institutos oceanográficos de Marintek,
en Noruega, y de París.El autor es corresponsal de
Inter Press Service (IPS)
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