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6
de noviembre de
2005
Exposiciones
Muestra del esplendor prehispánico
El período
Clásico: con sus zonas de apogeo, sus intercambios
comerciales, su cerámica y sus concepciones religiosas,
se ha atrapado en una sola exposición de piezas arqueológicas
en el Museo David J. Guzmán.
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Jade:
símbolo de la nobleza
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El
Clásico fue el esplendor de las culturas prehispánicas,
enfatiza el antropólogo Gregorio Bello Suazo, director
del Museo David J. Guzmán. Y esos vestigios arqueológicos
están ahí a su costado, evidenciando el desarrollo
que este periodo tuvo en la región salvadoreña.
Fueron 700 años de actividad (del 200 al 900 d. de
C.). Y cinco asentamientos los más representativos,
los más dinámicos. El Tazumal, en Chalchuapa;
Joya de Cerén y San Andrés, en La Libertad;
Cara Sucia, en Ahuachapán, y Quelepa, en San Miguel.
Las 129 piezas que pasan por la sala temporal del Museo fueron
rescatadas durante excavaciones formales realizadas en estos
sitios desde 1940 hasta las más recientes en la década
de los 70 y los 80.
Algunas se habían expuesto antes, otras permanecían
guardadas como parte de la colección nacional.
Pertenecientes a un solo período reflejan el momento
de las grandes construcciones y del intercambio comercial
de la época.
Además, la forma en que los antepasados concebían
la naturaleza, la religión y la ciencia, cree Claudia
Alfaro, técnica del área de Servicios Educativos
e Investigaciones del Museo.
Los diferentes estilos de cerámica dan visos de que
tuvieron nexos con culturas de otras regiones. Que no
estuvieron solos, agrega Claudia. En El Tazumal se encontraron
restos de copador, como le han llamado los arqueólogos
a los utensilios similares identificados en El Salvador y
en Copán, Honduras.
En Quelepa se han descubierto yugos, hachas y juegos de pelota
muy parecidos a los de Veracruz, en México. Y los vestigios
domésticos de Cara Sucia se identifican más
con los hallados en el Pacífico de Guatemala, muy propios
del estilo de la cultura Cotzumalhuapa.
Algunas de las piezas de la exbición fueron desenterradas
en los alrededores del embalse del Cerrón Grande, en
Chalatenango, y se han denominado salúas porque se
les ha relacionado con los vestigios propios del río
Ulúa, en Honduras.
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Cada
uno de los cinco sitios arqueológicos más
representativos del período Clásico fue
influenciado por otras culturas de Mesoamérica.
Por ejemplo, San Andrés las recibió de
Copán, en Honduras, y Quelepa, además
de Honduras, también de México.
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La cerámica
de San Andrés, Joya de Cerén y El Tazumal tenía
similitudes en sus diseños, considera Gregorio Bello
Suazo, esto debido a la cercanía de los sitios. Pero
la de Quelepa y de Cara Sucia era más parecida a las
de las regiones de Mesoamérica, como México
y Guatemala.
Entendiendo
sus concepciones
Bello Suazo detalla que este montaje le da una dimensión
diferente a la arqueología del país, pues la
gente podrá entender el desarrollo geográfico,
político, económico y artístico que tuvieron
los antepesados prehispánicos, justo en un lapso de
700 años.
Un período que estuvo marcado por acontecimientos importantes
entre quienes se asentaron en El Salvador. Entre ellos la
erupción del volcán de Ilopango, la construcción
de las esculturas del jaguar y el establecimiento de las relaciones
comerciales entre Chalchuapa y la cultura teotihuacana.
Visitando este montaje que perdurará hasta febrero
de 2006, el público podrá apreciar las vasijas
en cerámica que representan la cosmovisión del
periódo Clásico, los objetos empleados para
depositar la sangre de los sacrificios y los incensarios donde
se hacían los sahumerios.
Y no sólo eso, también la riqueza en figuras
rituales y decorativas de la cerámica salúa,
esa donde se han plasmado escenas que registran la vida, la
vestimenta y los ritos de los antiguos pobladores asentados
en zonas de Chalatenango.
Además, las vacijas copador con sus característicos
diseños rojos, en donde se muestran las aves de la
época, el jaguar, la importancia que estas culturas
ancestrales daban a los cuatro puntos cardinales y los famosos
nadadores, que bien pudieron ser artesanos de la época.
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Rostros
de jade de algún personaje de la nobleza.
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¿Una
forma de acercarse a su forma de vida, a sus concepciones?
Sí, estos vestigios ancestrales nos están
demostrando que hubo cinco centros principales, muy dinámicos,
que tuvieron su apogeo en esos años, dice Claudia
Alfaro.
Ella compara ese período con el que viven los salvadoreños
actuales. Igual que hoy existen ciudades principales
como San Salvador y Santa Ana, entonces había grandes
aldeas funcionando, con mucha vida, señala. Y
las piezas arqueológicas están allí para
confirmarlo.
Riqueza
arqueológica
- La exposición
del periodo Clásico se inauguró el jueves 27
de octubre, como parte de la clausura del Primer Congreso
de Arqueología, al que asistieron unos 150 participantes,
entre ponentes, estudiantes y público en general. Permanecerá
abierta hasta febrero de 2006.
- El antropólogo Gregorio Bello Suazo explica que esta
propuesta arqueológica es una muestra de lo que será
mas adelante la sala del periodo Clásico, un proyecto
permanente que piensa implementarse más adelante en
el Museo.
- La arquitectura del periodo Clásico se caracteriza
por la abundancia de estructuras de tipo ceremonial y por
los grandes templos construidos sobre basamentos piramidales
que simulaban planos celestiales y plazas que servían
como adoratorios.
- Se desarrolló el concepto de metrópolis y
asentamientos satelitales tributarios o dispersos. También
se establecieron vínculos comerciales, religiosos y
culturales con ciudades y otros sitios distantes.
Fuente: Museo Nacional de Antropología David J. Guzmán.
(Muna)
A lo
largo de investigaciones
Las piezas
arqueológicas exhibidas en la sala temporal del Museo
David J. Guzmán se han encontrado en diferentes excavaciones
a lo largo de varias décadas.
- El Tazumal, Chalchuapa (desde 1940)
- San Andrés, La Libertad (desde 1940)
- Quelepa, San Miguel (1960)
- Joya de Cerén, La Libertad (desde 1976)
- Cara Sucia, Ahuachapán (1980)
Entre
las 129 piezas que conforman el montaje, unas 69 son de jade.
Algunas pertenecen a particulares y otras son parte de la
colección nacional.
La mayoría, entre las que hay collares, orejeras y
pendientes, fue encontrada en los sitios arqueológicos
de San Andrés y El Tazumal.
Entre la información que se ofrece al público
en la sala de exposiciones se cita que en las culturas prehispánicas
esta piedra fue un símbolo de estatus, de autoridad
y de nobleza, debido a eso su uso no estaba permitido a la
gente común.
Más bien era empleado en los trajes de la nobleza más
alta. Su importancia no se limitó a intereses materiales,
sino que trascendió a un nivel metafísico, como
elemento esencial de la cosmogonía y la religión
de casi todas las culturas de Mesoamérica.
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El
jade se usaba en cinchos, pulseras y tobilleras.
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Vaciado
en yeso de un cerco de varas, Quelepa.
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La
cerámica fue influenciada por otras culturas.
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Incensario
cuya asa presenta forma de garra.
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