6 de marzo de 2005

Las mazas se entrechocan y las inmensas patas de los animales se desplazan pesadamente por el campo haciendo retumbar la tierra... No hay dudas de que el juego ha comenzado.

Vijay Joshi
AP
Los elefantes son los animales más inteligentes que he visto. Realmente entienden que la pelota necesita ir o no hacia la meta”,

Los jugadores con cascos se gritan instrucciones mientras se aferran a sus montas de dos toneladas. De repente se produce un entrevero en medio del campo de juego.

Las bestias colisionan y la pelota desaparece en una maraña de patas que provoca una polvareda y una sonora carcajada entre los espectadores.

Es un clásico amontonamiento en la atractiva práctica de polo con elefantes.

No es veloz ni violenta, pero tan estimulante y elitista como el polo equino que inspiró esta versión paquidérmica.

“Es casi como el polo con caballos, aunque con una velocidad mucho menor. Pero les aseguro que es mucho más difícil”, afirmó Raj Kalaan, un coronel retirado del ejército indio y ex jugador del polo tradicional que ahora integra el equipo Chivas Regal de polo con elefantes.

Kalaan se encontraba entre 55 jugadores —entre ellos tres ex rugbiers del equipo All Blacks de Nueva Zelanda, tres travestis de Tailandia y jinetes profesionales de polo— que se reunieron en la población turística de Hua Hin para el torneo Copa del Rey del Polo con Elefantes.

El torneo, en el que participaron 14 equipos, terminó con el triunfo de los Mobil Easy de Tailandia sobre los Sandalford Winery de Australia.

Kalaan, que entrena caballos en su granja en un suburbio de Nueva Delhi, admite que mucha gente puede pensar que el polo con elefantes es un deporte estrafalario. “Pero es un deporte tan competitivo como cualquier otro.

Una vez que uno está en pleno juego, lo que quiere es ganar. No siempre es fácil”, manifestó Kalaan, ex guardia presidencial y comandante de tanques de guerra.

No hay dudas de que para practicar el polo con elefantes es necesario entrenarse.

Intente golpear un objeto un poco más grande que una pelota de tenis mientras monta un animal inmenso blandiendo un martillo de bambú de 1,80 metros de largo, o parar y dar la vuelta cuando pierde la pelota, como hacen con frecuencia los jugadores.

Tocar la pelota no es garantía para marcar un tanto. El elefante del contrincante bloquea mucho espacio.
“Los elefantes realmente entienden que la pelota necesita ir o no hacia la meta”, dijo Oliver Winter, del equipo Mercedes Benz. “A veces pienso que ellos disfrutan del juego más que nosotros”.

Los elefantes, que durante algún tiempo fueron los “tanques” de los ejércitos asiáticos y posteriormente las bestias de carga de la ahora prohibida industria de la tala han perdido gran parte de su utilidad en la actualidad.

La mayoría de los elefantes domesticados en Tailandia vaga por las calles, junto con sus cuidadores. Winter y Kalaan sostienen que usarlos en actividades deportivas les ayuda a mantener su inteligencia despierta.

A diferencia del caballo en el polo, los elefantes no son controlados por el jugador que intenta alcanzar la pelota, sino por el entrenador o cuidador, que se sienta en el cuello del animal y dirige sus movimientos.

Los elefantes más jóvenes suelen ser más rápidos y ágiles para dar una vuelta para retroceder. Pero también tienden a ser más atrevidos y a veces suelen tomar la pelota con su trompa en medio del juego, generando una falta.

El polo con elefantes se juega en un campo de unos 90 metros por 55, casi un tercio del campo utilizado para el polo equino.

El juego se divide en dos períodos de siete minutos, con un intervalo de 15 minutos. Cada equipo está integrado por tres elefantes.

Las normas del juego han sido diseñadas por la Asociación Mundial de Polo con Elefantes, creada en 1982 para disputar los juegos anuales en Nepal. Desde entonces, también se ha practicado el deporte en Sri Lanka.

Tailandia se incorporó en el 2001 como sede de la primera Copa del Rey, organizada para recaudar dinero con el fin de conservar sus 1,500 elefantes silvestres y otros 2,500 domesticados.

“Cuando comenzamos... teníamos sólo seis equipos y era más bien un pasatiempo de fin de semana que un torneo”, expresó Christopher Stafford, vicepresidente de los hoteles de Anantara, que organizan la competencia anual.

“Ahora, tres años después, tenemos 14 equipos y una lista de espera... y el torneo figura en el sexto lugar de los acontecimientos más importantes del calendario turístico de Tailandia”, asegura.

 


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