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5 de junio
de 2005

Ecuador
y Honduras son los casos más graves de pérdida
de bosques costeros, alerta el PNUMA a propósito del
Día Mundial del Medio Ambiente.
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Guardabosques patrulla una zona de manglares en el Pacífico
mexicano. |
El número de estanques camaroneros en Ecuador, Honduras
y México se multiplica para lucro de sus dueños,
pero también aumenta la destrucción de manglares,
bosques costeros protectores que tienen influencia en la vida
de 70 por ciento de los peces y crustáceos de interés
comercial.
En los últimos 12 años, las piscinas donde se
crían camarones, gran parte de ellas ubicada en lugares
que antes eran manglares, crecieron vertiginosamente hasta
causar significativos problemas ambientales, indicó
el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.
Esa agencia difundió, a propósito del Día
Mundial del Medio Ambiente, que se celebra este domingo, el
documento Un solo planeta y mucha gente: Atlas de nuestro
cambiante medio ambiente, realizado con base en tomas
satelitales.
En las imágenes salta a la vista que en el caso de
América Latina, las camaroneras de Ecuador y Honduras
arrasaron con el manglar. En el primer caso en el golfo de
Guayaquil y en el segundo en el de Fonseca, en el Océano
Pacífico, compartido por Honduras, Nicaragua y El Salvador.
Los criaderos de camarón y los estanques se han
multiplicado, tapizando el paisaje, (y) se han despejado manglares,
defensas costeras naturales y viveros para peces libres, para
ocuparlos como criaderos, apunta el documento.
No aparece en las imágenes México que, detrás
de Ecuador y Honduras, es el más importante productor
de camarón cultivado en el continente americano,
pero la destrucción de su manglar también es
grave, según ambientalistas.
En Honduras la superficie que ocupan las camaroneras pasó
de 1,450 hectáreas en 1986 a 10,500 hectáreas
actualmente.
Según cifras del Banco Central hondureño, la
exportación de camarón cultivado significó
ingresos de 152 millones de dólares en 2004. Esa actividad
genera unos 24,750 empleos, informó a Tierramérica
Alberto Zelaya, miembro de la Asociación Nacional de
Acuicultores.
Pero la expansión de las camaroneras también
causó un grave impacto social y ecológico en
Honduras, dijo a Tierramérica Saúl Montufar,
portavoz del no gubernamental Comité para la Defensa
y Desarrollo de la Flora y de la Fauna del Golfo de Fonseca.
En lo social hubo marginación y desalojo de familias
pesqueras en las zonas de cultivo, pérdida de acceso
a sitios tradicionales de pesca y un descenso en la explotación
pesquera, apuntó.
En materia ambiental hubo un abuso en la introducción
de miles de toneladas de nutrientes (para alimentar a los
camarones de cultivo) que incidieron en la pérdida
de calidad de las aguas y la destrucción de amplias
zonas de manglar, explicó Montufar.
Similares problemas se registran en Ecuador, donde la superficie
original de manglar original, de unas 363 mil hectáreas,
se redujo a 108 mil en 2000, indicó a Tierramérica
Marianeli Torres, coordinadora local de la Red Manglar Internacional.
Los activistas ecuatorianos, hondureños y mexicanos
sostienen que las regulaciones ambientales dictadas en sus
países para las camaroneras son insuficientes, se violan
o simplemente se ignoran.
Los mexicanos, por ejemplo, temen que la destrucción
del manglar avance rápidamente en los próximos
años debido a insuficiencias legales.
Según denuncian, la norma que originalmente protegía
estrictamente a esos ecosistemas fue modificada en 2004 por
el gobierno del presidente Vicente Fox, para permitir el corte
de manglar a cambio de compensaciones económicas.
El gobierno cambió la norma sin las consultas previas
que establecía la propia ley, con el único
afán de beneficiar proyectos como ampliación
de puertos, turismo y acuacultura, dijo a Tierramérica
Héctor Magallón, coordinador de la campaña
de Bosques del grupo ambientalista internacional Greenpeace.
En México, los manglares ocupan hoy 886,760 hectáreas,
o sea 69,389 menos que en 1993, mientras la producción
de camarón en piscina pasó de 30 mil toneladas
en 2000 a 60 mil en 2004.
Pero el problema no es privativo de países latinoamericanos.
La superficie de manglares en el mundo se redujo en las últimas
décadas 35 por ciento, para llegar a unos 17 millones
de hectáreas. La destrucción avanza a una tasa
anual de 2,1 por ciento, ritmo superior al 0,8 por ciento
con el que desaparecen los bosques tropicales, de acuerdo
con estudios recogidos por Greenpeace.
Las principales causas de la desaparición de este ecosistema
son, en orden descendente, acuicultura y construcción
de granjas camaroneras, deforestación, alteraciones
y obstrucción del flujo de agua, cambio de uso de suelo
y contaminación con herbicidas.
El autor es corresponsal de Inter Press Service (IPS). Con
aportes de Juan Carlos Frías (Ecuador) y Thelma Mejía
(Honduras.
El autor es colaborador de Tierramérica
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