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04 de diciembre 2005
Stan golpeó a los pobres,
pero no al PIB
Expertos
hacen un balance a un mes del paso del huracán por
el istmo centroamericano: pese a que miles de personas lo
perdieron todo, la macroeconomía saldrá bien
librada.
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| Un
puente sobre el río Nahualete, en el sur de Guatemala,
se derrumba frente al poder de Stan. |
Aunque
el golpe que infringió la tormenta tropical Stan a
los pobres de El Salvador y Guatemala fue severo, las principales
variables macroeconómicas de esos países apenas
exhiben magulladuras.
A un mes del paso del huracán, los gobiernos pueden
respirar tranquilos. Su crecimiento económico, la inflación
anual de sus países, el equilibrio fiscal y los niveles
de deuda externa están relativamente a salvo.
Pero otra es la historia para las personas afectadas, cuyo
futuro inmediato augura más pobreza, así como
para el medio ambiente, que soportó daños gigantescos
que podrían tardar décadas en resarcirse, según
evaluaciones de una treintena de expertos coordinados por
Naciones Unidas.
Los efectos de Stan, que cruzó el istmo centroamericano
y el sur de México en los primeros días de octubre,
fueron analizados con lupa por un equipo liderado por la Comisión
Económica para América Latina (Cepal) en los
casos de Guatemala y El Salvador. Entre el 26 de octubre y
el 8 de noviembre, más de 30 expertos trabajaron en
el análisis.
Una de las conclusiones centrales del estudio fue que el impacto
de Stan será relativamente pequeño en el ámbito
macroeconómico, pero variará de severo a grave
entre las comunidades afectadas, dijo a Tierramérica
Ricardo Zapata, uno de los expertos que lideró la investigación.
¿Por qué esa diferencia? Es que los afectados,
que son los más pobres, aportan muy poco a las economías
de sus países, explicó Zapata.
El crecimiento del producto interno bruto (PIB) de Guatemala,
donde las lluvias torrenciales, inundaciones y deslaves causados
por Stan aplastaron bajo lodo a zonas rurales, matando a casi
700 personas, apenas caerá este año de 3,2 a
3 ó 3,1 por ciento.
En el caso de El Salvador, donde murieron 69 personas, el
PIB bajará de alrededor de 2,5 a un 2,2 por ciento.
En ambos países centroamericanos, las pérdidas
económicas directas provocadas por la tormenta se valuaron
en mil 331 millones de dólares, llevando la peor parte
Guatemala, con 976 millones.
Grupos no gubernamentales, que se volcaron a ayudar a los
damnificados por Stan, sostienen que lo sucedido en El Salvador
y Guatemala tuvo dimensiones de catástrofe entre los
pobres, a quienes tomará varios años regresar
a sus anteriores niveles de desarrollo.
Persiste el peligro de hambrunas y la situación
sigue grave, pero la economía macro no tiene problemas,
lo que confirma que en nuestros países hay un estilo
de desarrollo injusto e inequitativo, dijo a Tierramérica
Eduardo de León, director de la Fundación Rigoberta
Menchú en Guatemala.
Sobre el caso guatemalteco, la Cepal señala que más
allá del monto económico de los daños
y pérdidas, el efecto de Stan es sobre todo en el ámbito
social, con consecuencias difíciles de cuantificar
en el tejido social, en las redes comunitarias, y efectos
diferenciadas entre hombres y mujeres y respecto de los diversos
grupos étnicos y culturales.
Para El Salvador apunta algo parecido: El impacto social,
el mayor en términos cuantitativos, tiene a su vez
un impacto cualitativo sobre los distintos grupos poblacionales,
en particular los más vulnerables: la población
rural, las mujeres campesinas y pequeños comerciantes,
en cuya economía de patio el daño
y las pérdidas son poco visibles.
En materia ambiental, la agencia advierte que se registraron
severos daños, con pérdidas de tierra cultivable,
que se añadieron a los ya existentes. Y advierte que
Stan y otros fenómenos naturales similares serían
menos dañinos si se protegieran y aprovecharan de mejor
manera los bosques y las cubiertas vegetales.
Pero en las finanzas macro de los gobiernos, tema que tanto
preocupa a sus acreedores y a organismos financieros internacionales,
hay relativa tranquilidad.
Zapata señaló que las autoridades de esos países
prefieren no contratar nuevos préstamos ni alterar
sus equilibrios fiscales para atender el golpe social infringido
por Stan.
El experto prevé que los programas sociales oficiales
que ya estaban en marcha se volcarán hacia las comunidades
afectadas. Lo que sucede es que se dejará de
ayudar a unos para atender a otros, expresó.
En América Central viven 43,2 millones de personas,
y más de la mitad es pobre. Los peores grados de desarrollo
social corresponden a El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua,
países en los que la población que vive bajo
la línea de pobreza, medida por la imposibilidad de
satisfacer necesidades básicas, fluctúa entre
30 y 60 por ciento del total.
Aunque en América Central el PIB ha crecido desde fines
de los años 90 en porcentajes que fluctuaron entre
4,5 por ciento en 1999 y 3,8 en 2004, ese ritmo no se tradujo
en una baja significativa de la pobreza y en mejoras en materia
de empleo y educación.
En nuestros países lo que importa es la macroeconomía,
y no la micro que es la que verdaderamente nos puede sacar
de la pobreza, opinó el director de la Fundación
Menchú.El autor es corresponsal de Inter Press Service
(IPS)
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