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04
de diciembre
de
2005
ACTUALIDAD
Nuevos visos para un agricultor
Era
un agricultor tradicional: maíz y maicillo. Un día
escuchó hablar de la diversificación, palabra
extraña al principio, pero con 16 estanques de peces
y un proyecto de agroecoturismo en mente cada vez le resulta
más familiar.
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| Puedo
pasar en la mañana, al mediodía, también
en la tarde y siempre encuentro compradores, dice
Miguel Ángel. |
Las veinte
manzanas de terreno de Miguel Ángel Valle, parte de
ellas extendidas sobre una llanura y el resto en las faldas
de un cerro, en el cantón Juan Mesa, una región
de San Pablo Tacachico, en La Libertad, reflejan la nueva
visión de un agricultor.
Por todos lados hay cañerías que transportan
el agua desde los nacimientos que yacen en su terreno hacia
los 16 estanques de peces. Hay allí plantaciones de
papaya, de loroco, cocoteros, bellos jardines y un rancho
donde suelen departir los visitantes que llegan en busca de
descanso.
Al parecer, Miguel Ángel Valle, un ingeniero agrónomo
de 51 años, ha comenzado a entender el concepto que
un día le pregonó Jaime González, técnico
del Centro de Tecnología Agropecuaria y Forestal (Centa).
Diversificar es ahora la clave de la agricultura,
le sugirió el especialista.
Eso significa, expresa González, destacado en la Agencia
de Extensión de Atiocoyo, en La Libertad, cambiar de
los rubros tradicionales a otros que ofrezcan mayor rentabilidad,
y eso va combinado con otras condiciones como mayor acceso
a la tecnología.
Todo en el campo de Miguel Ángel, antes destinado a
la siembra de maíz y maicillo, ha tomado nuevos rumbos.
En el portón de la entrada se deja ver el nombre de
la propiedad: Quinta Juan Valle, en honor a su
padre, pero también evoca fuerza, linaje, casta de
hacienda y agricultor.
Al sobrepasar el portón hay un sendero, adornado con
plantas ornamentales en sus dos costados. Más allá
se hallan los cocoteros cargados de frutos que casi topan
al suelo, o por lo menos no resulta difícil poder alcanzarlos
con las manos.
Pero su más grande proyecto, ése que no dudó
implementar, aun cuando tuvo que hacer un préstamo
para invertir más de 90 mil dólares en sus inicios,
son los 16 estanques de tilapia que por ahora le dan un promedio
de ochenta libras al día.
Antes asistió a un curso de crianza de pescado impartido
por el Centro Nacional de Desarrollo Pesquero (Cendepesca),
y a veces, también recordaba que cuando él era
pequeño, 12 años a lo sumo, su padre acostumbraba
divertirse con pequeñas represas instaladas en su terreno.
Después de trabajar en el campo, su padre pasaba ratos
tirando pedazos de tortilla a los pe
ces y de vez en cuando le comentaba: Eché poquitos
y mirá cuántos hay. Él no lo hacía
con una visión grande, pero siempre le agregaba: Esto
deberías de tomarlo en cuenta algún día.
También agroecoturismo
Al implementar su proyecto de acuicultura, a inicios de 2002,
Miguel Ángel tenía dos caminos: empezar con
un estanque e ir probando como se daban las cosas o arriesgarse
de una vez por todas.
Él hizo una relación rápida. Si
el pescado necesita 16 semanas antes de estar listo, por lo
menos debía tener igual número de estanques,
para poder ofrecerlo todos los días. Primero
sembró dos mil alevines, ahora mantiene un promedio
de tres mil en cada embalse, unos 48 mil en total.
Además, quería que el producto tuviera un precio
accesible para la gente: $1.25 menos que en el mercado local.
Y casi todo se le ha ido cumpliendo. Cuatro de sus trabajadores,
quienes usan un uniforme verde, camisa y calzoneta, pasan
varias horas del día tirando el trasmallo en las represas.
Por las mañanas, Miguel Ángel aborda su camión
azul, en compañía de sus tres hijos o de algún
ayudante, y sale por los alrededores de San Pablo Tacachico
para pregonar el producto por medio de una bocina. Pescado
fresco, vivito y coleando, ofrece su hija de cinco años.
A veces no es necesario predicar la venta. La música
grupera o ranchera avisa a los pobladores que es el momento
de salir a la vera del camino para adquirir el pescado fresco
que se conserva vivo en un amplio contenedor con agua.
Miguel Ángel hace sus propias cuentas, las que a él
más le interesan. Si vende ochenta libras, y cada una
incluye en promedio cuatro peces, significa que unas 240 personas
están aliméntandose con sus tilapias todos los
días.
Aunque por ahora su visión no es el mercado nacional,
se conforma con llegar a cubrir el local, sí ha comenzado
a soñar con un proyecto agroecoturístico. Sobre
todo porque grupos de gente se están acercando para
disfrutar de la tranquilidad, la brisa fresca y hasta lo atractivo
de los estanques que allí se descubre.
En la parte más alta del terreno piensa construir la
piscina, porque desde allí se contempla el horizonte
y esto permite que la mente comience a volar y se olviden
todos los problemas. No quiere sistema de toboganes, a lo
sumo más ranchos y una cocina de leña para que
todo sea más natural.
Tampoco se siente motivado por el comercio extrangulador,
sino ofrecer una alternativa agroecoturística accesible
para la gente pobre. ¿De qué voy a vivir?,
se pregunta. Probablemente de vender las libras de pescado
y los diferentes cultivos que la diversificación le
ha enseñado a combinar.
Con
asesoría del CENTA y de Taiwan
Durante
su proceso de diversificación, Miguel Ángel
ha recibido la asistencia técnica de Taiwan y del Centro
de Tecnología Agropecuaria y Forestal (Centa).
El ingeniero Jaime González, técnico del Centa,
le habló de la diversificación y lo ha orientado
en su proyecto de acuicultura. En agradecimiento, Miguel Ángel
le escribió un poema donde describe la belleza de la
campiña y el aporte que ha recibido de este especialista.
Con la enseñanza del técnico de Taiwan este
productor ha comenzado a experimentar el reversado de las
tilapias, un tratamiento hormonal que se aplica cuando se
encuentran en la fase de alevín. Consiste en masculinizar
a la hembra a fin de retrasarle su etapa de reproduccción,
y de esa forma lograr un mayor crecimiento en menos tiempo.
Sus
otras apuestas
Miguel Ángel no piensa dejar de lado sus cutivos. La
nueva era de la agricultura me ha demostrado que debemos buscar
nuevos rubros, dice. Sigue sembrando papaya, loroco
y otras hortalizas, como pepinos y pipianes.
El agua que extrae de los estanques cada vez que pasan por
el proceso de limpieza es depositada en unas pilas, para luego
utilizarla en el riego de los cultivos.
Debido a que la gente está descubriendo los atractivos
de su quinta de veinte manzanas, y algunas escuelas mandan
a sus alumnos para que conozcan la agricultura y la acuicultura
desde sus iniciativas, Miguel Ángel quiere apostarle
también al turismo.
Producción
autosostenible
Sin contar los motores que utiliza para bombear el agua desde
los nacimientos hacia los estanques, Miguel Ángel invirtió
más de 90 mil dólares para emprender su proyecto
de acuicultura.
Empezó con 2,000 alevines en los 16 estanques;
ahora mantiene un promedio de 48 mil, tres mil en cada uno.
Aunque la iniciativa no le deja mayores ganancias sí
le ha permitido seguirse autofinanciando. Cada día
vende 80 libras de pescado, a un dólar cada una, en
total unos 240 ejemplares.
Ha empleado a cinco personas que trabajan en darle mantenimiento
a los estanques, alimentar y atrapar las tilapias con el trasmallo.
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