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2
de enero de 2005

Es una cofradía que envuelve a los feligreses de la
ermita San Juan Bautista, en Nahuizalco. Hay hombres que llevan
un mensaje sobre el nacimiento del Niño Jesús,
así como música, baile, pastores y hasta pan
con café.
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Es una
tarde reluciente de finales de diciembre. El sol aún
obliga a fruncir el entrecejo y el viento se siente libre,
como si acabaran de soltarlo luego de permanecer encadenado.
En ese ambiente, en la ciudad de Nahuizalco, Sonsonate, dos
hombres y un grupo de niños rinden homenaje al Niño
Jesús.
Se han situado frente a la ermita San Juan Bautista.
Los hombres, de edad madura y con marcas indígenas
en sus rostros, visten trajes azul y blanco. llevan sombreros
que caen en hileras sobre sus caras y tienen semblante de
cansados.
Son conocidos como los micos dioses. Así se les llama
en la cofradía del Niño Dios que ellos representan,
y llevan ahí bailando desde que el alba dio sus primeros
destellos. Danzan de un lado a otro, al son de la música
de guitarra, de flauta y de tambores que unos músicos
forasteros se encargan de hacer sonar.
Vamos los pastores, vamos a adorar, hoy José
y María quedan en el portal, dice uno de ellos
mientras avanza dos metros hacia adelante, luego regresa al
punto de partida y espera la respuesta del otro: Todos
los pastores estamos en este día, rindamos la gracia
a Santa María.
Los pastores o vasallos, representados por niños, se
sitúan en dos líneas alrededor de los micos
dioses. Ellos también se mueven al compás de
las melodías y elevan en dirección del cielo
unas varas enormes, en cuya punta se halla una pelota de bejuco
de chupamiel forradas con tela y adornadas con plástico.
Así permanecen por largo rato, hasta que los músicos
de la guitarra parecen desfallecer de cansancio, y los expertos
del tambor van disminuyendo la intensidad de sus toques hasta
convertirlos en débiles y cadenciosos.
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| Son pocos los habitantes de Nahuizalco
que salen de sus casas para contemplar el paso de la procesión
de la Virgen de la Soledad. Para la mayoría, los
pastores y los micos dioses pasan inadvertidos. |
Entonces
llega la hora darse un descanso y tomar un refrigerio. A un
costado de la iglesia se halla la mayordoma, María
Isabel Cortés, con sus ayudantas, quienes han preparado
café y chocolate y lo ofrecen con el pan que han horneado
desde el amanecer.
También regalan chilate caliente y dulce de plátano,
sobre todo a los feligreses que han dado buenas ofrendas al
momento de presenciar la danza de los micos dioses y los pastores,
pues eso eso es señal de que llegan con amor.
Quienes son generosos reciben como reliquia un
pedazo de torta especial. Los que han dado poca ayuda, a lo
mejor un dólar o menos que eso, la mayordoma decide
darles sólo un par de panes para llevar.
Cofradía
al Niño Dios
La ermita San Juan Bautista celebra tres cofradías
en el año: la virgen de los naturales, la Juan Bautista
y la del Niño Dios, que permanece del 15 de diciembre
al siete de enero.
Todo comienza mucho antes cuando los mayordomos, que son elegidos
cada año, trabajan por su cuenta con el fin de reunir
el dinero necesario para los primeros preparativos de la cofradía.
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| Músicos que llegan desde Sonsonate
para amenizar la cofradía al compás de flautas
y tambores. |
La mayordoma
María Isabel Cortés cuenta que esta vez iniciaron
con 400 dólares. Eso les permitió revivir la
celebración que en años anteriores ya daba visos
por desaparecer.
La
anterior estuvo muy triste, vino poca gente y había
pocas reliquias, recuerda ella.
Ahora han abundado los niños; tres músicos de
Sonsonate han llegado a amenizar la ceremonia con sus flautas
y tambores, la gente ha dado buenas ofrendas, y no han faltado
quienes llegan a traer a los danzantes para que ofrezcan una
ceremonia en el patio de sus casas.
En agradecimiento sólo les dan refrescos, nada más
que eso. Pero Isidro Pérez, el mico primero, y Lorenzo
Zarco, el mico segundo, no han dejado de practicar esta tradición
porque es algo que les nace en el corazón.
Aunque
dicen que en nada se compara la costumbre actual con la que
vivían en sus años mozos. Entonces los
mayordomos nos compraban ropas y hasta nos ponían un
collar a cada uno, relata Isidro.
No parábamos en todo el pueblo porque la gente
venía a solicitarnos a cada rato, recuerda Lorenzo.
Las reliquias eran abundantes porque incluían
hasta tamales, agrega.
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| Mientras bailan, los micos dioses se
intercambian el mensaje sobre el nacimiento del Niño
Jesús. |
Ahora
los tamales sólo se hacen el veinticuatro, el día
que se celebra el nacimiento del Niño Jesús.
Además de eso se revienta pólvora, se hacen
dos rezos y los micos dioses y los pastores son acompañados
con música de violín, guitarra, concertina y
hasta una trompeta.
A las diez de la noche se oficia la misa del gallo y el Niño
es presentado en el templo central.
Los días posteriores sigue la celebración habitual,
hasta llegar al siete de enero cuando el Niño Dios
es guardado en el sagrario, se hace un rezo y se cierra con
un almuerzo.
Entonces
los danzantes guardan sus trajes, los músicos se van
para otros pueblos con sus instrumentos, la mayordoma y sus
ayudantes reparten las últimas reliquias
y los pastores dejan de cargar las enormes varas para volver
a su vida normal.
Personajes
de la cofradía
Los vasallos:
un grupo de niños que representan a los pastores.
Los micos dioses: danzantes que llevan el mensaje del nacimiento
del Niño Dios y se encargan de que no muera la tradición.
Los mayordomos:
pareja de feligreses que ponen el dinero y se preocupan por
el buen desarrollo de la cofradía.
La
partera de Jesús
El primer día que se celebra la cofradía, al
llegar el atardecer, los micos dioses y los pastores trasladan
a la Virgen de la Soledad en una procesión, desde la
ermita San Juan Bautista hasta la iglesia central de Nahuizalco.
Ella es conocida entre los devotos como la partera que atendió
a la Virgen María. Es la mujer que asistió
el nacimiento del Niño Dios, se oye decir entre
los que van en la procesión.
Durante el recorrido hay música, baile, los pastores
hacen malabares para sostener las varas y hasta los que se
han pasado de tragos van a la cabeza del peregrinaje.
La Virgen de la Soledad se queda entre el silencio y la penumbra
que reina en el templo. Al siguiente día es venerada
en la misa que se oficia al amanecer, a las seis de la mañana.
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