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Edición
del 31 al 7 de noviembre de 2004

Las
exportaciones de alcohol producido a partir de caña
de azúcar totalizarán dos mil millones de dólares
en 2004, casi tres veces más que el año pasado.
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| La
caña de azúcar es la principal materia prima
del etanol en Brasil. Foto: Claudio Contreras |
El alza
del precio del petróleo y la inminente entrada en vigencia
del Protocolo de Kyoto, por la ratificación de Rusia,
aceleran un proceso que conduce a Brasil a afirmarse como
una potencia de la bioenergía.
Las exportaciones de alcohol producido a partir de caña
de azúcar deben pasar de 800 millones de litros el
año pasado a dos mil millones este año, y la
expansión tiende a mantenerse con independencia de
los precios del petróleo.
Son muchos los países que, como Japón, se aprestan
a mezclar etanol con su gasolina, o aumentar el agregado de
ese alcohol al combustible, para reducir la contaminación
del aire. Se augura que las fuentes renovables tendrán
un decidido impulso global con la entrada en vigencia del
Protocolo de Kyoto (1997), que controla la emisión
de gases de efecto invernadero, responsables del cambio climático.
El Senado de Rusia anunció el 27 de octubre la ratificación
del tratado. Una vez promulgada por el Ejecutivo ruso, el
protocolo de Kyoto entrará en vigencia, pues se completa
así el número de países requerido: aquellos
que emitan el 55 por ciento de los gases invernadero.
En Brasil, el combustible de fuente renovable recupera la
popularidad que tuvo en los años 80, y no sólo
por su menor precio. Crece aceleradamente la demanda de automóviles
bicombustible, que pueden usar gasolina, alcohol
o cualquier mezcla de ambos, lanzados el año pasado.
En 1985 y 1986, los vehículos impulsados a alcohol
habían alcanzado la fantástica proporción
de 76 por ciento del total producido en Brasil. Pero problemas
de abastecimiento y precios afectaron la credibilidad del
programa Proalcohol, de sustitución de combustibles,
iniciado luego de la crisis petrolera de 1973.
La producción de automóviles a alcohol tocó
fondo en 1997, cuando fue 0,06 por ciento del total, según
datos de la Asociación Nacional de Fabricantes de Vehículos
Automotores.
Desde entones registró una lenta recuperación,
acentuada desde el año pasado, cuando 84,173 automóviles
que usan alcohol carburante, incluyendo bicombustibles,
fueron 4,6 por ciento del total. Este año esa cantidad
debe quintuplicarse, ya que la producción de enero
a septiembre sumó 253 mil 817 unidades. Las de septiembre
fueron 32 por ciento del total de ese mes.
La posibilidad de usar uno u otro combustible contribuye,
junto con el precio, a rescatar la confianza en el alcohol,
ya que elimina el riesgo de desabastecimiento o súbita
elevación de precios.
Además, toda la gasolina en Brasil lleva de 20 a 25
por ciento de adición de alcohol anhidro, reduciendo
el consumo de petróleo y la contaminación. Y
se empieza a fabricar en el país aviones para fumigación
que usan etanol.
El subsidiado desarrollo de Proalcohol costó unos 40
mil millones de dólares, pero el país ya
recuperó esos gastos y cosecha ahora los frutos,
incluso por la tecnología desarrollada, dijo a Tierramérica
el investigador Osvaldo Stella Martins, del Centro Nacional
de Referencia sobre Biomasa.
La caña necesaria para hacer de Brasil el mayor productor
mundial de azúcar y alcohol genera gran cantidad de
bagazo, fuente de calor y electricidad, que va al mercado
energético, además de alimentar las propias
centrales azucareras y destilerías.
Ahora el nuevo programa de biodiesel entusiasma a investigadores
y empresarios. El gobierno anunció que autorizará
en noviembre su adición al combustible diesel petrolero,
en proporción de dos por ciento que se elevará
a cinco por ciento dentro de algunos años.
Además de reducir importaciones y mejorar el ambiente,
ese programa será de inclusión social, al generar
cientos de miles de empleos y favorecer la agricultura familiar
en áreas pobres, según el ministro de Ciencia
y Tecnología, Eduardo Campos.
Por eso se piensa priorizar la producción a partir
de ricino (Ricinus communis) en el noreste, la región
más pobre del país, pero el biodiesel de ricino
deberá ser fuertemente subsidiado, ya que cuesta el
triple del petrolero, señaló Stella, ingeniero
mecánico con doctorado en Ecología y Recursos
Naturales.
También se investiga para producir biodiesel a partir
de varios otros vegetales, e incluso de grasa procedente de
residuos orgánicos urbanos.
El autor es corresponsal de Inter Press Service (IPS).
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