|
|
Edición
del 31 al 7 de noviembre de 2004

Es
uno de los líderes religiosos más influyentes
de los últimos años y ha transformado a miles
de personas a través de su música. Durante su
última visita a El Salvador y previo a ofrecer un concierto
masivo, conversó con Hablemos sobre su vida.
|

|
Tercero
de diez hermanos, siete mujeres y tres varones, Jesús
Adrián Romero nació y creció en Hermosillo,
Sonora, México, hace cuarenta y dos años.
Desde niño le gustó la música, pero no
fue sino hasta los 16 años que descubrió la
razón para la cual Dios le había entregado el
don de cantar.
Todavía recuerda como si fuera ayer cuando siendo un
adolescente, con el cabello largo y los jeans
rotos y gastados asistió a una reunión de jóvenes
cristianos y fue tocado por el Espíritu Santo, dice.
A partir de ahí no sólo nació el cantante,
sino también un hombre nuevo, dispuesto a entregar
su vida al Creador.
Se graduó de teología y durante nueve años
fue pastor de varios ministerios en México; sin embargo,
la música lo llevó por otro camino.
Un día -hace más de una década- dejó
el ministerio y decidió evangelizar a través
de las alabanzas. El éxito fue rotundo.
Descubrí que transmitir el mensaje de Dios a
través de la música era mucho más efectivo
que participar en una congregación, porque a través
de la música se toca más gente, explica.
Desde entonces se ha dedicado a viajar alrededor del mundo
transformando los corazones de decenas de personas cristianas
y no cristianas.
Ha escrito más de 250 canciones, grabado seis discos
que se venden por miles en toda Latinoamérica y cada
vez que ofrece un concierto hay un lleno total.
Un piloto comelón
Sin embargo, más allá del exitoso cantante de
alabanzas y el hombre entregado al servicio hay otros aspectos
poco conocidos en la vida de Jesús Adrián Romero.
Quienes le conocen, entre ellos su manager y amigo
de toda la vida, dicen que es un hombre disciplinado que siempre
demanda excelencia en quienes trabajan con él.
Me molesta la mediocridad, la falta de excelencia, porque
yo creo que para Dios debemos tratar de ser lo mejor, pero
también me gusta ser espontáneo y hacer cosas
divertidas, aclara.
Una de las cosas que más le divierte es bailar, por
ello no es raro verlo saltar a mitad del escenario al ritmo
de sus canciones.
|

|
|
En
el concierto masivo ofrecido por Jesús Adrián
Romero en el Gimnasio Nacional abundaron las sorpresas.
|
Pese a
su figura delgada y un tanto atlética también
se confiesa un comelón empedernido, de esos que se
cuelan en la cocina a mitad de la noche en busca de un buen
taco o unas quesadillas.
Dice que le encantan las pupusas y, por supuesto, como todo
mexicano, sus platillos deben llevar mucho chile, si no no
tienen sabor, recomienda.
Ese afán por comer, dice, le obliga a hacer mucho ejercicio.
Por eso seis días a la semana corre al menos ocho kilómetros
diarios, no importa dónde se encuentre. En su reciente
visita a El Salvador también se levantó temprano
para correr en los alrededores del hotel donde se hospedó.
Todos los años participa en al menos dos maratones
ya sea en México o en Estados Unidos de
42 kilómetros cada una.
Además de atleta, Jesús Adrián obstenta
el título de piloto aviador. Hace apenas un año
y medio obtuvo su licencia.
Al hablar de volar, como si fuera un niño contando
sus hazañas, el rostro se le ilumina, sus manos de
mueven jugueteando, como si quisiera saltar de la silla y
subirse ya mismo en una avioneta.
Es un sueño que tenía desde mi niñez,
y cuando pude saqué mi licencia. Vuelo cada dos semanas,
llevo amigos o mi familia y vamos a empezar a volar con la
banda. Aquellos que les da miedo, pues no lo van a hacer,
dice y sonríe orgulloso.
Otra de sus pasiones, muy poco conocida, es la de escritor.
Ya publicó un libro titulado Cenando con Jesús,
que es un best seller en México.
El libro presenta a Jesuscristo de una manera muy humana,
muy tierna, alcanzable, porque la gente cree que Dios está
lejos, pero Jesús tiene interés de convivir
con nosotros, explica.
Entre sus proyectos futuros está escribir otros libros
y continuar publicando artículos en algunas revistas
cristianas de su país e internacionales.
Y es que Jesús Adrián posee estudios de periodismo,
y aunque se inclinó por la licenciatura en teología,
sin duda tiene habilidades de comunicador y de líder.
Cuando se para en el escenario, la gente lo sigue y lo aplaude,
baila con él y escucha atento sus prédicas.
Su manager dice que el éxito se debe a
que Jesús Adrián es un hombre que predica con
el ejemplo. Uno de sus esfuerzos es defender los valores
familiares. Para él, por encima de cualquier cosa,
está la familia, dice Aarón Pérez,
su asistente.
|

|
|
A través
de su música, el pastor y ahora cantante ha llegado
a cientos de corazones jóvenes.
|
Quizá
por eso al preguntarle sobre momentos que han marcado en su
vida, no duda en responder que uno de los más importantes
fue cuando su hijo Adrián, de catorce años,
quien sigue sus pasos en la música, le mostró
su primera canción.
Recuerdo con mucha satisfacción que mi hijo me
trajo su primera canción y me sorprendió su
talento y su habilidad, dice.
Y cuando lo cuestionamos sobre las cosas que más le
entusiasman, de inmediato responde que son las horas que pasa
jugando con sus hijas, Jannaí, de once años,
y Melissa, de nueve, en la piscina de la casa.
El simple hecho de que se suban encima de mí,
me abracen y me besen es siempre muy importante. Juego mucho
con ellas y eso marca mi vida a diario, dice.
Si bien su agenda está llena de compromisos, asegura
que siempre tiene tiempo para jugar con sus hijos o pasar
un buen momento junto a su esposa Pecos.
Todos los días me levanto a las seis de la mañana
para llevar a mis hijos a la escuela y luego me voy a la oficina
a trabajar en todos los proyectos que tengo, cuenta.
Por ahora, su interés es promover valores jóvenes
que quieran servir a Dios a través de la música,
por eso ha creado Vástago Producciones,
una mezcla de casa disquera y ministerio cristiano que organiza
congresos,
conciertos y retiros. Apoyamos eventos que de alguna
manera ayudan a edificar el corazón de las personas,
dice.
Y ese es sin duda su mayor objetivo: edificar el corazón
de la gente, tocarlos con su música y hacer que descubran
lo valioso que es estar en presencia del Creador.
No se puede separar el ministerio
de la empresa
H:
¿Por qué cree que la música de
adoración toca a la gente tan rápidamente,
hay gente que incluso se ha convertido al oír
una alabanza?
JAR: Hay una explicación muy sencilla y tiene
que ver con la razón por la cual fuimos creados
y fuimos creados primordialmente para alabar a Dios,
a través de nuestra vida. Entonces cuando descubrimos
la alabanza y la adoración descubrimos el propósito
de nuestra existencia y nos damos cuenta de que esto
es lo que andábamos buscando, algo que nos
conectara con Dios.
H: Algunas personas critican el hecho de que ciertos
cantantes de alabanza buscan sólo el beneficio
comercial y no el servicio a Dios a través
de la música. ¿Qué opina de esto?
JAR: Para mí no hay divisiones, no se puede
separar el ministerio de la empresa. Todo un ministerio
debe funcionar como empresa, se debe administrar como
tal, porque si no, no funciona. Para mí ha
sido muy importante eso en el sello disquero; tener
gente muy capaz en todas las áreas, administradores,
contadores y toda la gente que tiene que ver con esto,
porque se tiene que hacer bien. Pero claro en toda
empresa se puede perder el enfoque, la meta. Los principios
y la misión del ministerio deben ir halando
el aspecto empresarial; la misión siempre debe
ir enfrente. Cuando invertimos, y ponemos la empresa,
el hacer discos o vender libros, enfrente, y eso se
vuelve lo más importante, se puede llegar a
pervertir lo que estás haciendo.
H: ¿Qué significa Dios en su vida?
JAR: Todo. No hay nada de lo que yo hago que lo considero
fuera de Dios; mi vida, mis emociones, mis pensamientos,
mi familia, todo gira alrededor de Dios. Si yo sacara
a Dios de la ecuación, literalmente no hay
un propósito para existir.
|
|