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Edición
del 30 al 5 de junio de 2004


Activistas en la isla italiana
de Sicilia denuncian que el crimen
organizado se apoderó del manejo hídrico. Se
estima que en dos
décadas se embolsaron más de $1,400 millones.
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En Sicilia,
la gente padece sed, pero no por falta de agua. La isla italiana
recibe siete mil metros cúbicos de lluvias cada año,
casi el triple de lo necesario para la demanda anual de dos
mil metros cúbicos.
Pero el líquido se escurre entre la mala administración,
la corrupción y la mafia.
Italia, con 236 ríos y 53 lagos, es la mayor consumidora
de agua de Europa y la tercera del mundo después de
Estados Unidos y Canadá.
Sin embargo, un tercio de los italianos no tiene acceso a
agua potable, sobre todo en las regiones meridionales.
En Calabria y Sicilia, esa carencia afecta a 53,3% de la población,
en Basilicata a 64%, y en Puglia a 64,4%.
En los últimos 20 años, más de 1,400
millones de dólares terminaron en manos de mafiosos
relacionados con el negocio del agua en Sicilia. Mucho de
ese dinero se destinó al pago de coimas, a represas
jamás inauguradas o fue gastado en las continuas reparaciones
del sistema de distribución.
Ya en 1874, los llamados “guardianes” y “fontaneros”,
asociados a la mafia, cobraban por el agua.
En 1968, gran parte de los 13 pozos de agua registrados en
la isla eran administrados por familias mafiosas. Surgida
en el siglo XIX en el sur del país, la mafia es liderada
por unos 1,500 jefes o “padrinos” y controla el
contrabando, la prostitución, la inmigración
clandestina y el tráfico de drogas, órganos,
animales, desechos tóxicos y armas.
“En Sicilia, la mafia tradicionalmente ha desempeñado
un papel importante en las concesiones de las obras hídricas
y en la construcción de nuevas represas y embalses.
No le interesa que se reparen los daños, porque perderían
su negocio”, dijo a Tierramérica el director
de la organización ambientalista Legambiente, Roberto
della Sora.
Palermo, la capital de Sicilia, dispone de manantiales, pozos
y ríos para proveerse de agua, pero 40% de ella se
desperdicia, por filtraciones de la vieja red de distribución.
Un tanque de seis mil litros costaba el año pasado
de 72 a 84 dólares.
La situación se volvió tan dramática
que el lema del partido Refundación Comunista para
las últimas elecciones regionales fue “Agua en
cada casa y en el campo, 24 horas de 24, 365 días al
año, contra la mafia, los desperdicios y las privatizaciones”.
Hoy, según las autoridades, los 800 mil habitantes
de Palermo pasan menos sed, con un consumo por cabeza de 210
litros anuales y un desperdicio de agua de 27 por ciento.
“No se excluye la participación de la mafia,
porque es un fenómeno presente que no se puede cancelar
del todo. A ellos les interesaba el agua, pero no hay evidencias.
El Estado administra el agua, aunque hay 1,200 pozos en manos
privadas”, comentó el presidente de la Empresa
Municipal de Agua, Dario Allegra.
En Agrigento, otra ciudad de la isla que tiene 55 mil habitantes,
la población recoge agua de lluvia en jofainas colocadas
sobre los techos, en tinas de baño o baldes. En 1986,
el agua llegaba tres horas cada 18 días, y en 2002
tres horas cada 15 días.
Agrigento tiene 14 depósitos de agua que no están
interconectados y alimentan diferentes partes de la red de
distribución. Sicilia tiene 30 represas, pero no todas
funcionan. Algunas están en construcción hace
20 años, y otras pierden hasta 50 por ciento del agua
que pasa por ellas.
“La mafia está en todos los negocios, desde el
hormigón hasta la distribución de agua, pasando
por la recolección de basura”, aseguró
a Tierramérica el ingeniero Giuliano Canatta, profesor
de la Universidad de Siena y presidente del Instituto de Ambiente
Territorial y Recursos.
En la isla hay 450 institutos estatales y privados, sociedades
mixtas y privadas, y también consorcios que se ocupan
del agua. Pero ninguno logra aplacar la sed.
Las actuales autoridades nombraron un comisario general para
ordenar el sistema y quieren privatizar el servicio, aunque
los críticos alegan que el agua es un bien común,
no una mercancía.
“La mafia logró entrar en los concejos y hasta
en el parlamento regional. Hay una red de complicidad y los
procesos de privatización pueden caer en sus manos”,
dijo el secretario provincial de Refundación Comunista
de Agrigento, Alfonso Frenda.
La
autora es colaboradora de Tierramérica
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