| Edición
del 30 al 5 de junio de 2004

Desde
la infancia buscan y transportan la leña como el bien
más
preciado. Son los herederos de un oficio que identifica a
Santa
Catarina Masahuat, en Sonsonate.
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La
mayoría de leñadores son mujeres que tienen
años de dedicarse a esa labor. |
Bajan
desde las fincas Los Manantiales, Montecristo, Santa Rosa,
San Lorenzo, El Ciprés y doña Marta con un tercio
de leña en sus cabezas. La carga parece doblegarlas
y las obliga a apurar el paso cuando se deslizan sobre las
pendientes.
Las más señoras, las que siguen amando su pasado
indígena, llevan el rollo de leña sobre sus
espaldas atado con una cinta sostenida por la frente, conocida
como mecapal.
Sus pieles se marchitaron sin que ellas renegaran de esta
tarea que les heredó su ciudad natal desde la infancia.
Siguen levantándose a las cinco de la mañana
para emprender una tarea que la necesidad y la tradición
les ha obligado a mantener.
Teresa Santos, una mujer de cuerpo enjunto y con rasgos indígenas
visibles en sus facciones, cultiva ese trabajo matutino desde
los diez años.
Aunque ha llegado a los 73, sus pasos se han vuelto lerdos
y su resistencia ha disminuido, Teresa sigue internándose
en las fincas para ir en busca de las ramas de café,
guamito, mango y pepeto.
Entre
uno de los horcones que sostiene el tejado de su vivienda
guarda el preciado mecapal que siempre le ha ayudado a transportar
la carga, que ahora no sobrepasa las dos arrobas, pero la
obliga a caminar con su espalda encorvada y su vista fija
en el suelo.
Por lo menos el 90% de los 3,500 moradores del casco urbano
de Santa Catarina Masahuat ha heredado esta actividad que,
según el alcalde del municipio, Manuel Zúniga,
se remonta desde su fundación en 1543.
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Algunas
veces las leñadoras se acompañan
de sus hijos. |
Las mujeres
se han mantenido más fieles a esta actividad. Son ellas
las que cruzan escabrosas veredas con el peso sobre sus cabezas.
A veces son acompañadas por sus hijos pequeños,
con quienes comparten parte de su cargamento.
Los hombres buscadores de leña son menos y contrario
a las mujeres que arman con paciencia los rollos, ellos suelen
transportar un solo tronco en sus hombros.
Leña escasa
La mayoría de los pobladores de Santa Catarina Masahuat
aún conserva su poyo (banco de piedra y de lodo que
suele construirse junto a las paredes en las casas de campo).
Sobre ellos queman la leña para cocinar las tortillas
y los demás alimentos, cuyo delicioso sabor, según
ellos, no es comparable con el que dan las cocinas eléctrica
y la de gas.
Otros aprovechan para ganar unos centavos al venderla entre
los pocos pobladores que no visitan los cafetales. Algunos
días, Teresa Santos acarrea para el uso y otras veces
suele vender el rollo a un dólar.
En verano
acuden a las fincas hasta cinco veces a la semana para almacenar
la leña que van a necesitar en el invierno, época
en que la tarea se vuelve difícil, pues el camino se
pone liso y los cafetales amanecen empapados por las lluvias.
En las fincas nadie les dice nada. Los dueños y los
mandadores de las propiedades saben que contra esa cantidad
de gente nadie puede hacer nada. “No podemos detenerlos
y sabemos que tienen necesidad”, dice Rafael Gutiérrez,
mandador de la finca Montecristo.
Algunos buscadores de leña rompen los cercos, se llevan
las varas de bambú y cortan los árboles maderables
y hasta los cafetos, pues la poda de sombra que se hacía
antes de la caída de los precios del grano de oro ha
dejado de hacerse y la leña se ha escaseado.
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Para
transportar la leña utilizan el “mecapal”
atado a sus espaldas. |
Úrsula
García, leñadora de toda la vida, comenta que
ellas sólo se dedican a recoger las ramas que han quedado
en el suelo, es decir los residiuos que van dejando los panteadores
pagados por las fincas. “Antes estaban llenas de árboles
y ahora cuesta hallar palitos”, dice mientras se detiene
para descansar en un sector conocido como los “Tres
caminos”.
Hasta el momento ninguna denuncia por cortar un árbol
ha llegado a la alcaldía ni tampoco existe algún
estudio que demuestre el grado de deforestación que
la gente ha ocasionado.
Sin embargo, el alcalde de Santa Catarina Masahuat considera
que la deforestación propiciada por los buscadores
de leña ya se descubre en algunos puntos de los cafetales.
A los leñadores parece no importarles que la espesura
de los cafetales vaya cediendo con el tiempo. Siguen levantándose
antes del alba para seguir con una actividad que les dejaron
sus antecesores y ahora ellos desarrollan con total libertad
en las fincas que rodean a Santa Catarina Masahuat.
| Preservadoras
del mecapal
Forman
parte de un grupo de mujeres conocidas como las señoras
de El Calvario (barrio donde habitan). Se caracterizan
por ser fieles a costumbres indígenas que están
a punto de desvanecerse.
Visten refajo, usan zapatos de hule y como cuando eran
niñas transportan la leña con ayuda del
mecapal. Teresa Santos y Narcisa Tadeo son parte de
ese remanente y han acarreado leña desde que
tenía diez años.
Como en la época de su adolescencia, ellas se
llaman antes de irse a los cafetales. Toman el mecapal
que les ayuda a aminorar la carga, buscan la leña
de guamito, cujito y café y de regreso marchan
al mismo paso.
Van con la espalda encorvada y la frente ceñida
por la cinta. Se detienen para descansar en los “Tres
caminos”, sitio donde la calle principal se divide
en tres y desde donde aparecen los leñadores
con su tercio o su tronco a cuestas.
“Vamos cuatro veces a la semana”, menciona
Teresa Santos, después de regresar de su jornada
matutina. “Así nos vamos a morir, haciendo
este trabajo”, dice Narcisa Tadeo, de 67 años,
con una sonrisa a flor de piel.

El
producto se acumula en
los hogares para cocinar. |

Niñas,
jóvenes y adultas,
no hay edad para extraer
leña en los bosques.
Masahuat
y sus raíces
El historiador Jorge Lardé y Larín detalla
en sus escritos que Santa Catarina Masahuat data de
tiempos precolombinos y al igual que otros pueblos de
la zona fue fundado y habitado por indios yaquis o pipiles.
Mazahuat en idioma nahuat significa “río
de los mazahuas”, pues proviene del sufijo at,
agua, río, y del prefijo mazahua, nombre de una
tribu de los yaquis o pipiles que se distinguían
porque pastoreaba venados blancos o iztacmazat.
Masahua quiere decir “los poseedores de venados”.
Ese nombre está formado de las raíces
mazat, venado, y hua, el que tiene o posee algo, por
eso Mazahuat puede traducirse de forma literal como
“río de los poseedores de venados”. |
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