Edición del 29 al 5 de septiembre de 2004

Es un hombre para quien no existen límites. Cuenta con tres carreras
profesionales y es un modesto empresario de música y charlas
motivacionales que busca servir a otros con su fe.

Tania Urías
Fotos Arely Umanzor


En su consultorio, los expedientes de sus
pacientes son escritos en braile.

“La clave está en decir siempre yo puedo”, me dice Gonzalo Avelar, y sonríe, mientras inquieto juega con su bastón, el mismo que lo ha acompañado durante los últimos treinta años de su vida.

Y es que Gonzalo, un hombre de 41 años, es clínicamente ciego, y digo clínicamente porque tiene una enorme capacidad para “ver” más allá de lo que cualquiera miraría.

Ser ciego de nacimiento nunca le ha impedido alcanzar tantos triunfos como diplomas y reconocimientos tiene colgados en la pared de su modesto consultorio ubicado en San Salvador.

Gonzalo es sicólogo de profesión, también es administrador de empresas, tiene un profesorado en idioma inglés, canta y ha grabado tres discos compactos de corte cristiano, es capacitador empresarial, especialista en más de un centenar de temas sobre familia y valores y además es escritor.

Es un salvadoreño que si bien ha enfrentado a lo largo de su vida numerosos tropiezos, siempre ha salido airoso por su fe en Dios y por la convicción que tiene de que todo se puede si se cree en ello.

Su vida no ha sido fácil, sin embargo él se considera un hombre feliz, casado con Lorena, una ex maestra que ahora es su asistente y padre de Raquel, de siete años, y José Daniel, de cuatro, dice que tiene todo lo que necesita para estar en paz con el Creador.

“No puedo pedirle más a Dios, tengo todo lo que necesito: una esposa que me ama, hijos maravillosos, una carrera profesional que me permite servir y una vida plena”, dice orgulloso.


Gonzalo, el niño


Hijo de un agricultor y una ama de casa, nació en el cantón Buenavista de Chalatenango. Último de cuatro hermanos fue el único que nació ciego.

Su madre, desde el momento que lo tuvo en brazos comenzó un peregrinaje en varios hospitales tratando de encontrar ayuda, lucha que se truncó cuando Gonzalo tenía apenas diecisiete meses.

A esa edad quedó huérfano de madre, pues ella falleció por una mala praxis médica y se crió junto a su padre y a sus abuelos paternos.

Aunque se considera independiente, en ocasiones encuentra peligrosos obstáculos en algunas calles
de San Salvador.
Gonzalo ha cosechado numerosos éxitos profesionales
a lo largo de su vida.
Su esposa dejó la carrera de la docencia para convertirse en su asistente.

Desde niño tuvo un espíritu rebelde y nunca atendió los protectores consejos de sus abuelos y parientes, que no lo dejaban jugar porque era ciego.

“Yo escuchaba que ellos decían que yo nunca iba a lograr hacer nada y yo pensaba lo contrario. Si me decían no corrás, pues yo corría; que no subiera a caballo, pues me subía al animal hasta que aprendí a montarlo; que no podía usar una bicicleta, pero una vez conocí el terreno aprendí a usarla. Yo sabía que podía y además quería demostrarlo”, dice emocionado.

Sin embargo, cuando ya había aprendido a desenvolverse en su cantón fue llevado a San Salvador e inscrito como interno en la Escuela de Ciegos Eugenia de Dueñas.

“La primera semana lloré mucho, porque me quedaba ahí solito”, recuerda. Sin embargo, pronto descubrió un mundo de aprendizaje. Una vez conoció el sistema Braile se volvió un adicto de la lectura y ganó los primeros lugares de su curso.

Tiempo después, cuando tenía doce años, debió ser trasladado a la escuela normal y entonces de nuevo enfrentó incertidumbre.

“Cuando comencé en la escuela Joaquín Rodezno fue muy dificil. Ya no estaba de tú a tú con mis compañeros. Los niños me molestaban. Cuando les pedía que me dictaran lo que habia escrito en la pizarra no querían. Gracias a Dios y a la maestra no me retiré y terminé la primaria”, rememora.

Joven de “primera”

Al llegar a la adolescencia ya era un joven independiente y dispuesto a continuar luchando.

Estudió el bachilerato en el INFRAMEN y se convirtió en el mejor bachiller de su promoción. Al graduarse vio frustrado el hecho de convertirse en ingeniero, porque sus parientes y amigos le dijeron que un ciego no podría desenvolverse con las matemáticas.

Optó por la sicología en la Universidad Tecnológica .

Tanto fue su empeño que al cuarto año de carrera optó por una beca otorgada por el Sistema de Asuntos Culturales de la Embajada de Estados Unidos junto a 300 aspirantes y la ganó.

“Era para terminar los estudios superiores en una universidad de Estados Unidos. Trescientas personas participaron y sólo 22 fueron elegidas; todas videntes, excepto yo”, cuenta orgulloso.

Su familia pensó que estaba loco y que no lograría desenvolverse en el país del norte; tenían miedo dejarlo ir, pero nuevamente los desafió, armó sus maletas y viajó como becado a mediados de los noventa.

Una vez en Estados Unidos luchó contra la barrera del idioma y con el desconocimiento de la ciudad, y aunque al principio le pusieron asistentes, pronto pudo desenvolverse solo.

Sicólogo y capacitador

Al regresar al país optó por una nueva carrera y al ser bilingüe trabajó como maestro de inglés en algunas escuelas; sin embargo, la sicología corría en su sangre y estaba listo para ejercer.

José Daniel y Raquel, sus dos hijos, son su mayor inspiración..

Empezó a manera de servicio en la Radio Luz, una emisora católica que aprobó la idea de crear un espacio sicológico con corte espiritual. Tanto fue el éxito, que más tarde también obtuvo espacios en al menos cuatro radios más.

La acogida y aceptación de sus temas sobre valores y familia tuvo tal demanda que se vio obligado a abrir su consultorio profesional en un modesto barrio de San Salvador.

Pero ahí no acabó todo: sus mensajes y sus charlas comenzaron a ser solicitadas por la gente, por lo que decidió grabarlas en casetes que él mismo comercializa a bajo costo.

Y el éxito siguió al ser reconocido por su espíritu de lucha y su carisma; también comenzó a ser invitado para pronunciar conferencias sobre valores y otros temas similares.

Ahora tiene una agenda llena de capacitaciones en distintos colegios y empresas públicas y privadas en todo el país. Su trabajo también lo ha llevado a Perú, Costa Rica, Panamá, Honduras y a otros países.

Por si fuera poco, también le encanta la música y ha grabado tres discos compactos con música de su autoría o adaptaciones cristianas.

Todo lo que hace, dice, más que un trabajo es una misión de servicio que piensa abandonar hasta que ya no le queden fuerzas

El Lic. Avelar ha grabado tres discos compactos de corte cristiano.

El escritor

El licenciado Avelar es el autor del libro“Hombre, despierta y defiende a tu familia”, que obviamente incluye aspectos motivacionales para el hombre de familia.

“Yo siempre he tratado de convencer a los hombres de que si nosotros cumpliéramos el compromiso que Dios nos ha dado de ser cabeza del hogar, responsablemente evitaríamos muchos problemas, y de eso trata el libro”, explica.

Él ha pagado el financimiento de la edición de tres mil ejemplares y confía en Dios que muchos se interesarán por leerlo.
Dónde lo encuentra: Librerías La Casita, San Pablo, Magníficat (Metrocentro), Epifanía, Editorial La Ceiba y otras. Costo: $3.

Para contactarlo
- Consultorio sicológico Oasis es el nombre de la clínica del licenciado Gonzalo Avelar. Ahí atiende todos los días por cita. El teléfono es 225-4017.
-Posee casetes con las grabaciones de sus charlas motivacionales. El precio es de $3 por cada uno y se venden en el consultorio.
-Sus discos compactos son “De fiesta con Jesús”, “Historias para la vida”, “Pensando en Dios”. El costo es de $10.
-Empresas, colegios, escuelas o particulares interesados en contactarlo para una de sus charlas pueden llamar al 225-4017 o al 853-0086.

 



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