Edición: 29 de febrero de 2004

Con los impresionantes monumentos conmemorativos y los blancos mausoleos,
la estirpe Durini, de procedencia suiza-italiana, dejó la estela del arte escultórico en el país.

Morena Rivera
Fotos: Evelyn Ungo

No se sabe con exactitud cuándo ni cómo tuvieron los primeros contactos con El Salvador. Ni siquiera se sabe si estos reconocidos artistas se instalaron aquí para levantar esas obras tan detallistas que datan de finales del siglo XIX y principios del XX.

Sólo el libro inédito “Plumas, álbumes y poderes”, del historiador Carlos Cañas Dinarte, da luces sobre una de las visitas de Francisco Durini Vassalli, hijo del emprendedor de esta empresa de arquitectos y diseñadores, Juan Durini.

Allí se cita que el 8 de agosto de 1882, el poeta nicaragüense Rubén Darío se encontraba en uno de los salones de desembarco del Puerto de La Libertad, luego de bajarse del vapor estadounidense “South Carolina”, el mismo que también había transportado a Francisco Durini.

Pero hay testigos silenciosos que dan fe de los estrechos nexos que relacionan a esta familia con El Salvador. Las inscripciones, nombres y algunas veces la fecha, que grabaron sobre el mármol, material con el que elaboraron gran parte de sus obras, aún inmortalizan su talento.

Grandiosos monumentos públicos o conmemorativos de la capital como los Próceres de la Independencia, en La plaza Libertad; Francisco Morazán, frente al Teatro Nacional, y Gerardo Barrios, en la plaza que lleva su nombre, componen el legado dejado sobre todo por el arquitecto Francisco Durini.

Además, a él se le atribuyen, según Rafael Alas, arquitecto de la Universidad Albert Einstein,
el monumento del parque infantil, el del levantamiento de los Ezetas y el del general Regalado, este último en Santa Ana.

El arte fúnebre de los camposantos también fue especialidad de este arquitecto. El aura de tristeza y desolación que evocan algunos mausoleos que yacen en el cementerio de Los Ilustres, en San Salvador, y en el general de Santa Ana y Santa Tecla fue diseñado por él.

Y hay una obra más bella aún. La decoración de buen gusto del Teatro de Santa Ana, caracterizada por los lienzos en los cielos falsos y las pinturas en las paredes, estuvo bajo la dirección de este artista.

Regadas por América


El campo de acción de la familia Durini no se limitó a El Salvador, ni siquiera a Centroamérica. Ecuador, en Sur América, es el país que alberga la mayor parte de sus obras y el que los enamoró, pues decidieron convertirlo en su segunda patria.

Restos de las familias Peralta Lagos, Dueñas y García González descansan bajo mausoleos de Durini.

Se cree que desde allí se movían hacia Centroamérica y México para dirigir los trabajos, pero el libro “América monumental”, recopilación hecha por Pedro Durini, quien reside en Ecuador en la actualidad, demuestra que Francisco Durini llegó a El Salvador por lo menos quince años antes que a esta nación de Sur América.

Algunos mausoleos que se hallan en el cementerio de Los Ilustres, como el de la familia Peralta Lagos, tiene grabado a un costado el año de 1886. Y según el libro “América monumental”, el monumento Francisco Morazán, el más antiguo de la capital, fue inaugurado en 1882.

El embajador de Ecuador en El Salvavador, Francisco Proano Arandi, comenta que según datos históricos, Francisco Durini Vassalli y su hermano Lorenzo arribaron a Ecuador en 1902, luego de ser invitados por el entonces presidente y general Leonidas Plaza Gutiérrez.

Todo indica que los hermanos suizo-italinos y el general tuvieron sus primeros encuentros en Centroamérica, mientras los arquitectos realizaban sus bellas obras y Gutiérrez vivía en el exilio en Costa Rica y en El Salvador, donde ocupó algunos cargos de la vida política.

El mandatario los contrató para que hicieran obras de canalización y alcantarillado de Quito. Pero más tarde se les encomendó el diseño y la construcción del monumento a los Héroes del 10 de agosto, ubicado en la plaza mayor de esta ciudad.

“Esta edificación es bella y representa el decaimiento del dominio español”, dice el embajador Proano Arandi. Una serie de obras arquitectónicas, urbanísticas y de ornamentación de la ciudad estuvieron en manos de estos arquitectos.

Su talento quedó regado en Guatemala, Honduras, Nicaragua y Costa Rica. En este último participaron en el diseño del Teatro Nacional, una de las obras más suntuosas de América, inaugurada en 1897.

No tuvieron rivales

El estílo que impregnaron a sus diseños los hermanos Durini ha unificado a los países en los que dejaron su huellla. “Ellos heredaron su impronta a todas estas naciones”, detalla Proano Arandi.

Ornamentación Durini. Escultura repetible en el Teatro de Santa Ana, conocida como la musa.

El arquitecto Rafael Alas refiere que los monumentos y los mausoleos que estos artistas dejaron en El Salvador tienen influencia del estilo neoclásico y un poco del gótico, pues se trataba del gusto y de las intenciones de la época.

Era una época en que la sociedad salvadoreña miraba mucho hacia Europa y, precisamente, la participación de los italianos en el diseño y la construcción de obras de arte encajaba muy bien con el criterio artístico de los gobiernos y de las familias pudientes que encargaban los mausoleos.

“Ellos marcaron los tiempos en que El Salvador estaba cimentando un concepto de patria y nación”, cree el arquitecto Rafael Alas. Muestra de ello son los monumentos que erigieron a los grandes personajes, “esculturas simbólicas y detallistas que dan paso a toda una interpretación de contenido”, agrega.

Aún quedan dudas sobre la forma en que los arquitectos Durini ganaban los proyectos artísticos en el país. El arquitecto Rafael Alas tuvo la oportunidad de conversar con Pedro Durini, uno de los descendientes de esta familia que reside en Ecuador y conocer más detalles sobre la forma en que trabajaban.

Luego de ganar los proyectos, los arquitectos establecían contactos con escultores en Italia y, muchas veces, las obras hechas a base de mármol, bronce y hierro se esculpían por piezas en Europa.

Después, las piezas eran traídas a El Salvador donde se ensamblaban sobre las bases que ya se habían preparado con materiales y mano de obra local. “Ellos se movían de un lado a otro con frecuencia porque tenían que participar en los concursos, supervisar las piezas y el ensamblaje”, detalla Alas.

En el caso de la ornamentación del Teatro de Santa Ana, los datos históricos revelan que estuvo bajo la dirección de Francisco Durini y Cristóbal Molinari, mientras residían en Costa Rica. Ellos se encargaron de contratar a los artistas italianos Luigi Arcangeli, Guglielmo Aronne y Antonio Rovescalli, entres otros.

Aunque mucha de la trayectoria de los Durini en El Salvador sigue siendo un enigma, los testigos silenciosos —como los denominamos al principio— demuestran que en esa época, al menos los monumentos conmemorativos, no tuvieron rivales.

Grandes arquitectos

Francisco Durini Vasalli, hijo de Juan Durini, nació en 1856 en Tremona. Junto con Lorenzo, su hermano, construyeron obras arquitectónicas en América Central y en México.

El primer país centroamericano que Francisco, el gran arquitecto, diseñador y escultor pudo haber visitado es Honduras. Los datos históricos revelan que arribó a Tegucigalpa cuando tenía 29 años, en 1879.

Su llegada a El Salvador no se tiene clara, pero sus primeras obras datan de principios de 1880. A él se le atribuyen los principales monumentos de la capital, el diseño del Teatro de Santa Ana y, por lo menos, cinco mausoles en el cementerio de Los Ilustres y otros en los cementerios de Santa Ana y Santa Tecla.

Más tarde, en 1902, Francisco y Lorenzo llegaron al Ecuador invitados por el general Leonidas Plaza G., quien era presidente en ese momento. Allí dejaron los diseños y las construcciones más representativas de la época.

Este país se convirtió en la segunda patria de esta familia. Tanto así que en la actualidad algunos descendientes viven en Ecuador, donde se han convertido en prestigiosos empresarios en la industria de la madera y la construcción.

Uno de ellos es Pedro Durini, quien podría tener unos 60 años. Él es el autor y editor del libro “América monumental”, donde hace una recopilación de las diferentes obras que sus antecesores heredaron a América.

En 1904, Francisco Durini y Cristóbal
Molinari ganan el proyecto de decoración
del Teatro Santa Ana.

 

Juan Durini (1824-1907)
Fue reconocido como un gran escultor y estuvo ligado al arte. Procreó dos hijos: Lorenzo y Francisco.

 

 

Francisco Durini
(1856-1920
Realizó obras arquitectónicas en México y Centroamérica.Murió en Guatemala.

 

 

Lorenzo durini (1855-1906)
Nació en Tremona y al igual que la de su hermano, su obra se halla en Centroamérica.





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