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Edición
del 28 al 5 de diciembre de 2004

Una
Escuela de inventores funciona en Argentina para
estudiantes que investigan y mejoran herramientas, maquinarias
y utensilios.
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| Los
niños son los más entusiastas a la hora
de desarmar y crear prácticos utensilios. |
Daniel
Núñez nunca imaginó que se convertiría
en inventor. Fue la pérdida parcial de la visión
lo que lo obligó a hallar una forma creativa para dejar
de depender de extraños a la hora de tomar el autobús
para ir a su trabajo.
Cuando se acerca un autobús puedo ver lo que
es, pero no alcanzo a distinguir su número, explicó
el vendedor de 45 años. Tengo que preguntarle
a alguien, lo que siempre es una molestia.
Cansado de molestar a los transeúntes, Núñez
se arremangó la camisa y se unió a varios artesanos,
inventores y creadores de Buenos Aires que se dedican a buscar
solución a los problemas cotidianos.
Su invento, la parada parlante, consiste en una
señal eléctrica que recibe ondas de los autobuses
a medida que se aproximan. Cuando el pasajero pulsa un botón,
la señal indica el recorrido en voz alta y emite una
luz que advierte a los conductores para que detengan la marcha.
Núñez espera que su creación sea adoptada
por el gobierno de Buenos Aires, una de las ciudades más
importantes de América del Sur, y donde se respira
un espíritu innovador.
El pionero fue Juan Vucetich, creador del sistema de identificación
a través de las huellas digitales en 1891. Medio siglo
más tarde, fue el inmigrante húngaro Ladislao
José Biro quien dio vida a uno de los inventos más
populares: el bolígrafo.
Las nuevas generaciones esperan que su creatividad capture
la atención mundial. La estrategia: exhibiciones, competencias
y conferencias de inventores y hasta una escuela para pequeños
creadores.
El argentino es muy capaz y muy determinado, aseguró
Núñez, cuya parada parlante ganó
el primer puesto en una competencia de inventos.
En una exposición reciente pudo verse una bolsa de
aire que impide que el control remoto se rompa al caer al
suelo, un abridor de botellas de vino que puede usarse con
una sola mano y un motor de baja fricción que opera
en forma más eficiente y con menor consumo de combustible.
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| Nicolas
Di Prinzio muestra el señalador magnético
para libros que él inventó. |
Es que
en este país latinoamericano, sacudido casi a diario
por las protestas callejeras y el creciente delito, el caos
puede ser el mejor aliado de la creación.
Como el cesto de basura antivándalos de
Eduardo Fernández, un prolífico inventor preocupado
por los miles de basureros que son destruidos en la ciudad.
Señalador magnético
Nicolás Di Prinzio abandonó su trabajo en ingeniería
luego de inventar el señalador de libros magnético
que queda fijo entre dos páginas.
Una noche abrí uno de mis libros y el señalador
había desaparecido. Entonces se me ocurrió la
idea, y a las dos de la madrugada me puse a armar el primer
prototipo, recordó.
Ahora Di Prinzio espera obtener la patente en Estados Unidos.
Trabajo a tiempo completo para introducirlo en el mercado,
pero no es sencillo.
Para alentar el espíritu creativo entre los jóvenes,
Buenos Aires posee una Escuela de inventores para
estudiantes de cinco a 16 años que son dirigidos por
Lucas Perfumo en la investigación y mejora de herramientas,
maquinarias y utensilios.
El aula es un cementerio de piezas electrónicas y aparatos
desarmados: una hélice acuática junto a una
plancha, un cordel de teléfono y una vieja caja de
chocolates adheridos con cinta.
Nunca me canso de desarmar cosas, dijo Joshua
Nicolás Torres, de 10 años, mientras escudriñaba
un sacapuntas eléctrico.
Torres contó que posee ideas para 34 creaciones y que
la escuela de inventores es su lugar favorito.
Puedo crear muchas cosas y usar grandes herramientas,
y puedo ayudar a los demás, dijo mientras Leonardo
da Vinci lo observaba desde un póster en la pared.
Estas clases, explicó Perfumo, se dirigen a los estudiantes
que se aburren con los métodos clásicos de enseñanza.
El espíritu creador y la capacidad para resolver problemas
son especialmente útiles en Argentina, donde los servicios
prestados por el Estado son deficientes.
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