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Edición
28 al 5 de diciembre de 2004

Ligia
Alvarenga, la nueva directora de CARE El Salvador, no se imagina
en otra misión más que la de ayudar a combatir
la pobreza rural. Diez años en esa área la han
ligado a ese desempeño.
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Ligia
Alvarenga, economista con experiencia en la planificación
de proyectos de desarrollo social, dice tener una vivencia
cercana con la gente discriminada y con más carencia
de oportunidades en El Salvador.
Conoce muchas estadísticas que reflejan las causas
de la pobreza como a la palma de su mano. Y a media entrevista,
ella las cita como si fueran parte de su discurso.
Habla del 20% de la población más privilegiada
que se queda con el 58% de los ingresos. Y del 20% de los
más necesitados que se gastan apenas el 2.8% de la
riqueza producida en el país.
Según ella, esa brecha de desigualdad genera barreras
que, por ahora, significan grandes desafíos en la lucha
por abordar la pobreza.
Hace dos meses asumió la presidencia de CARE El Salvador,
una organización de ayuda humanitaria de las más
grandes del mundo.
Aunque su último empleo estuvo encaminado a solucionar
la pobreza con el desarrollo de capacidades empresariales,
ella siente que le espera un nuevo reto.
Aunque en sus dos trabajos anteriores, en la Organización
Thechnoserve y en la Agencia de los Estados Unidos para el
Desarrollo Internacional (USAID), había desarrollado
proyectos para la reducción de la pobreza, esa nueva
etapa no dejaba de ser un reto para ella.
Sabía que se trataba de combatir las carencias de la
población más necesitada, pero desde un enfoque
más integral. Teníamos que buscar las
razones de esa desigualdad social y a partir de ahí
dar una respuesta, dice.
Desarrollando capacidades
Su voz se torna suave y hasta se matiza con un dejo de sensibilidad
cuando habla de las causas de la pobreza. La falta de educación,
el difícil acceso a la salud, la deficiente gestión
de las instancias locales y la desifualdad en la política.
Es en esas áreas donde CARE centra sus proyectos. Y
tiene presencia casi en todos los departamentos de El Salvador,
con más fuerza en aquellos donde las carencias económicas
golpean más a la población, como Cabañas,
Morazán y Ahuachapán.
De ese trabajo de desarrollo social lo que más le encanta
es el contacto con los habitantes de las zonas rurales. Ese
deseo ávido que ellos tienen de tomar ventaja de las
oportunidades, señala.
Eso le ha confirmado la hipótesis que ahora se maneja
en CARE. Lo dice acentuando sus palabras: No basta proporcionar
el acceso físico a vivienda o a infraestructura, es
necesario desarrollar las capacidades para que ellos puedan
sacar ventaja, agrega.
Doscientos cincuenta mil personas son beneficiadas con los
proyectos en El Salvador. Ligia destaca que lo más
importante es que esa ayuda sea sostenible, pues lo más
fácil es darles infraestructura o alimentos y luego
marcharse. Eso, dice ella, no hace más que reproducir
necesidades.
Ellos, admite, buscan establecer un vínculo; que la
comunidad se sienta dueña y aprenda a querer la obra.
Eso hace la diferencia entre darles dinero y hacerles ver
que también tienen deberes. Es una de las formas
más viables de abordar la pobreza, sostiene.
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Sus
facetas como profesional
Estudió
su primaria en el colegio Guadalupano, en la capital, y se
graduó como economista de la Universidad Centroamerica
José Simeón Cañas (UCA).
Luego se ganó una una beca para cursar una maestría
en economía agrícola en el Colegio de Postgraduados,
en México, y más tarde hizo un postgrado en
agronegocios en la Universidad de Santa Clara, California,
Estados Unidos.
Entre los cargos que ha desempeñado esta economista,
de 45 años, se hallan el de asesor de proyectos de
Technoserve y gerente general del Instituto Regulador de Abastecimientos
(IRA).
Además se ha desempeñado como gerente de proyectos
del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en la alcaldía
de San Salvador y de la Agencia de los Estados Unidos para
el Desarrollo Internacional (USAID) en El Salvador.
Soluciones
a la pobreza
* Care trabaja en más de setenta países en vías
de desarrollo y está integrado por doce naciones, entre
ellas Alemania, Australia, Canadá, Bélgica,
Noruega y Japón.
* Provee ayuda a las personas más necesitadas y busca
soluciones reales con el fin de alcanzar un desarrollo integral.
También brinda beneficios técnicos y humanitarios
en caso de desastres para la reconstrucción y después
de las emergencias.
* Una de las metas globales de este organismo es la reducción
de la pobreza en un 50% hasta el 2015.
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