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Edición:
28
de marzo de 2004

Bab
Zuweila es uno de los monumentos sobrevivientes más
antiguos del mundo
de arquitectura militar medieval en Egipto.
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Mujeres
egipcias pasan por la puerta de
Bab Zuweila, de 900 años, en El Cairo.
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Apenas
instalaron la puerta en la muralla hace 900 años, los
viajeros empezaron a incrustar dientes humanos y otros objetos
en las grietas para atraer la buena suerte.
Algunos dejaban notas manuscritas, con una letra mística
ilegible, dirigidas a un santo muerto años antes.
Las ofrendas salieron a la luz al cabo de la restauración
de la puerta más antigua de El Cairo, Bab Zuweila,
en el ajetreado vecindario histórico llamado Cairo
Islámico.
Algunos artefactos son exhibidos cerca de la puerta y otros
en un trozo de portón cuyo estado de deterioro impedía
restaurarlo y colocarlo en su lugar original.
El trabajo de restauración, financiado por Estados
Unidos, fue parte de un proyecto para restaurar las antigüedades
arquitectónicas de la capital egipcia. La ciudad contiene
cientos, acaso miles de construcciones valiosas como Bab Zuweila,
pero el país no cuenta con los medios para su restauración.
La puerta y las torres circulares de piedra que la flanquean
fueron construidas en 1092 bajo el reinado de los fatámidas,
antes de las Cruzadas. Diseñadas para defender la ciudad
de los ejércitos turcos, las puertas revestidas de
metal no se habían movido en 500 años sino hasta
que comenzó la restauración en 1998. En torno
de ellas se alzaba un metro de desperdicios.
Cruce de caminos
Bab significa puerta, y Zuweila es
el nombre de una tribu bereber norafricana que se instaló
en el antiguo vecindario del sur.
Éste es uno de los monumentos más antiguos
de El Cairo. Es uno de los monumentos sobrevivientes más
antiguos del mundo de esta clase de arquitectura militar medieval,
dijo Jaroslaw Dobrowolski, director técnico del Centro
Estadounidense de Investigaciones en Egipto, que dirigió
la restauración.
Hay muchos castillos, murallas y puertas de las Cruzadas,
pero esto es anterior. De ahí su singularidad,
aseguró.
Los artefactos hallados bajo la puerta, como tazas de café
chinas con inscripciones en árabe y pipas otomanas,
ponen de manifiesto el lugar histórico de El Cairo
como cruce de caminos que ha cambiado de manos muchas veces
a lo largo de los siglos.
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Embajador
de los EE.UU. en Egipto, David Welch,
y ministro de Cultura, Farouk Hosny.
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Los conquistadores
musulmanes construyeron minaretes de 80 metros de altura donde
antes se encontraban las torres.
Una mezquita cercana con casa de oraciones, escuela y bebedero
público también forma parte del proyecto de
restauración.
Éste es uno de los poquísimos lugares
del mundo donde ha habido ajetreo constante, las 24 horas
del día, durante los últimos mil años.
Este lugar, donde estamos parados, nunca ha estado desierto,
dice Dobrowolski.
Sobre las puertas de 20 metros de altura se dejaron aperturas
en el arco para que los defensores pudieran volcar aceite
hirviendo sobre las tropas enemigas.
De nada sirvió cuando los turcos otomanos tomaron El
Cairo en 1517, 424 años después de la construcción
de la puerta. Para entonces, la ciudad se había extendido
mucho más allá.
La gente deposita talismanes para la buena suerte al pie de
la puerta desde el día de su construcción. Se
encuentran ofrendas humildes tales como cabellos.
Algunos de los amuletos son bastante modernos,
dice Dobrowolski al llamar la atención sobre una nota
escrita con bolígrafo en papel rayado de escolar.
Es un texto mágico, de letras inconexas. Nadie
escribe así, no es árabe auténtico,
manifiesta.
Durante la restauración se buscaron piedras en canteras
locales para reemplazar los tramos faltantes del muro. Con
aparatos modernos se pudo eliminar la mugre acumulada durante
siglos.
Bab Zuweila domina un patio donde trabajaban los artesanos
hace casi un milenio. Ahora está lleno de basura, y
entre las chozas precarias se alzan antiguos arcos de piedra.
Es precisamente la clase de lugar que atrae al restaurador,
dice Dobrowolski.
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