Edición del 27 al 3 de julio de 2004

El uno de julio se cumplen 200 años del nacimiento de la escritora
francesa George Sand.

Sabine Glaubitz
DPA

Dibujo de la escritora francesa George Sand, que escribió alrededor de 180 libros.

Sobre todo hacia fines del otoño, cuando los oscuros nubarrones cuelgan profundamente sobre el paisaje de colinas de la región de Berry, en el centro de Francia, los inmensos robles, hayas y olmos tienen un aspecto sombrío y amenazante.

Por eso, la escritora francesa George Sand le decía “Vallée noire“, el “valle negro“, a esta zona alejada 260 kilómetros de París, ubicada entre las poblaciones de Nohant y Chateauroux.

En este “paraíso salvaje” se replegó la escritora nacida en París, de cuyo nacimiento se cumplen 200 años el próximo uno de julio, para escribir sus novelas sobre la sociedad y las mujeres.

“El molinero de Angibault”, “La pequeña Fadette” o “El pantano del diablo” son algunas de sus novelas más conocidas, ambientadas en esta naturaleza idílica que hoy es atravesada por la “Route George Sand”.

El punto de partida de este recorrido romántico, que lleva hasta el encantador refugio de Gargilesse, es su finca campestre y solitaria de Nohant, en la que pasó muchos años junto al compositor Frédéric Chopin.

El pueblo pequeño y romántico consiste en apenas veinte casas. En aquel entonces vivían allí sobre todo campesinos, que hablaban de George Sand como “la buena señora de Nohant”.

Y es que cuando la hija de un noble polaco, cuyo árbol genealógico llega hasta el príncipe de Sajonia, no escribía o no recibía a sus elegantes invitados, daba clases de lectura y escritura a los niños de la zona.

Hoy aquellas sencillas granjas se convirtieron en distinguidas casas de campo, cuyas fachadas de arenisca están cubiertas con hiedra, o en restaurantes de lujo, como el del hotel de tres estrellas “Auberge de la Petite Fadette”, que se encuentra justo enfrente de la finca de la escritora, la propiedad más bonita y más grande de Nohant

Pintura de George Sand por Eugène Delacroix, 1838.

La crema de la crema

George Sand nació en el tercer “arrondissement” de París, pero fue criada en Nohant por su abuela.

Desde los cuatro hasta los 72 años vivió en la casa señorial del siglo XVIII, salvo algunos períodos que pasó en París o en Mallorca con Federico Chopin.

Allí recibía a la “crème de la crème” de la sociedad parisina: Franz Liszt, Víctor Hugo, Honoré de Balzac y Gustave Flaubert no tenían ningún problema en viajar tres días para disfrutar a veces veranos enteros de la hospitalidad de Sand y del comedor inundado de luz.

En este salón adornado con madera oscura nada fue modificado. Incluso la porcelana elegida por la escritora con dibujos de frutas del bosque se puede ver sobre la mesa.

Sand solía sentarse en el extremo superior, donde hoy un cartel plateado con su nombre indica el puesto de la señora de la casa.

Justo junto al “salle à manger” está el salón azul. Sobre el piano en un rincón a la izquierda ensayaban sobre todo Sand y sus dos hijos. Chopin nunca tocó ese instrumento, a pesar de que vivió con la escritora entre 1838 y 1847. Eso sí, compuso la mayor parte de sus obras allí.

La jarra de cobre brillante, que adorna una sencilla cocina con un suelo de azulejos con rastros de fuego, también da fe de la presencia de Chopin en Nohant. El compositor polaco adoraba el chocolate caliente, sobre todo cuando estaba enfermo.

“Muchas veces Sand debía cuidar de Chopin. Era una buena enfermera. Su primer médico de cabecera, el doctor Deschartes, le enseñó anatomía y a usar algunos sencillos remedios caseros. Más adelante, incluso, actuaba de médico del pueblo en Nohant”, señala el director del Museo George Sand, Georges Beisson.

La finca campestre y solitaria de Nohant
en la que George Sand pasó muchos años.

¡Escribió 180 libros!

Sand era una gran trabajadora. Muchos de sus alrededor de 180 libros los escribió en el pequeño estudio, en general de noche. Tenía una gran fantasía y las historias parecían salir por sí mismas de su pluma.

“En usted las ocurrencias fluyen abundante e incesantemente como una corriente. Yo tengo que realizar ingeniosos artificios para generar una caída de agua”, escribió Gustave Flaubert en 1866 a Sand.

“Paso la noche con la nariz en un armario”, solía bromear la autora emancipada, cuando escribía su autobiografía (que llegó a los veinte tomos) en esta pequeña habitación.

Y es que la feminista, nacida como Aurore Dupin, tenía mucho que contar: de su divorcio tras nueve años de matrimonio con el barón Casimir Dudevand, un paso muy valiente a comienzos del siglo XIX; de su amor por el joven escritor Jules Sandeau, del que al principio tomó prestado el nombre artístico masculino, y de su turbulenta relación con el poeta Alfred Musset.

De su lucha contra las presiones del matrimonio, su participación en 1848 en la revolución y su cariño por sus dos hijos, para cada uno de los cuales hizo plantar un cedro en el jardín tras su nacimiento. Aún hoy se pueden ver los árboles desde su dormitorio. Su hijo Maurice nació en 1823 y su hija Solange en 1828.

Sand decía que temía a la muerte.

Cuando la escritora, perseguida por el escándalo por vestir ropa masculina y fumar cigarros, no recibía a los grandes de su época, solía hacer largos paseos a pie o a caballo por los campos y bosques del “valle negro”.

En una de estas excursiones descubrió un molino de agua del siglo XII ubicado a unos cinco kilómetros de Nohant. “En nuestro valle hay un bonito molino, al que llaman Angibault.

Un fragmento de paraíso salvaje, que mis hijos y yo descubrimos en 1844”, escribió Sand el cinco de septiembre de 1852.

Este molino de agua (que aún hoy funciona y puede ser visitado) está ubicado en medio de una pradera verde de siete hectáreas, sobre la que robles centenarios alzan sus pesadas ramas al cielo y por la que avanza el Vauvre chapotenado alegremente.

En ese paraje idílico está ambientado el relato “El molinero de Angibault”, publicado en 1845. Con la obra, que habla del amor entre pobre y rico, Sand desató el escándalo por su crítica a las tradicionales diferencias de clase.



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