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Edición
del 27 al 3 de julio de 2004

La
forma en que Flor Nuila trabaja su obra, profesionalismo,
técnica
e imaginación habla mucho de su espíritu inquieto
para trazar
lineamientos y pautas en el vasto lenguaje de la plástica.
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La
forma en que Flor trabaja su obrahabla mucho
de su espíritu inquieto para trazar lineamientos
y
pautas en el vasto lenguaje de la plástica.
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A estas
alturas de la humanidad muy pocos continúan sorprendiéndose
cuando se habla de la marginación, de la opresión
y la miseria, pero la gran mayoría se incomoda cuando
las mujeres toman la palabra, el pincel o el drama y la tragedia
en la escena, para delatar una explotación ancestral
ejercida en privado, dentro de la propia casa y hasta en la
vida pública.
No sólo eso, también las mínimas oportunidades
que la mujer artista ha tenido y tiene en sociedades como
la nuestra para mostrar sus valores y capacidades intelectuales.
Esa inmensa creatividad que comienza a palparse desde el momento
mismo de la concepción, uno de los grandes acontecimientos
de la creación.
En los últimos años, ante el crecimiento del
feminismo, los machistas hipócritas bajo la forma de
la moralidad mistifican la explotación de la mujer
y ridiculizan los alcances de su liberación.
El feminismo cuenta con antecedentes remotos y ya clásicos,
pero en el curso de los últimos 30 años, el
movimiento inició una nueva etapa con la obra testimonial,
propositiva y demoledora de artistas como Frida Kahlo, Mercedes
Sosa, Amparo Ochoa, Isabel Allende y otras, que han desplegado
sus más de radicales exigencias políticas, sociales
y culturales.
Como en ningún otro capítulo de lo que se denomina
revolución cultural o contracultura, en el movimiento
de liderazgo de la mujer se plantean problemas y testimonios
artísticos que sobrepasan el marco ideológico
de los y de las que todavía mantienen vendas en los
ojos para ver y reconocer que el mundo ha evolucionado.
En este contexto, en El Salvador se han originado varios intentos
por organizar a las mujeres en distintas facetas.
Una de ellas es la plástica, donde la dirección
fue asumida por la joven pintora Flor Nuila, quien en pocos
años ha madurado profesionalmente y mostrado que las
verdaderas artistas pueden contribuir con su obra, testimonio
y lucha a generar un reconocimiento que por tantos años
la sociedad les ha negado.
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| “Begonia”,
acrílico sobre tela de esta joven artista de
la pintura. |
Flor ha
querido demostrar que si bien históricamente la explotación
de la mujer tiene un fundamento económico, ésta
puede ser combatida con la participación activa, la
creatividad y el liderazgo.
Liderazgo
que puede ser asumido en las más diversas formas, tal
como lo viene enseñando Flor Nuila al frente de un
movimiento verdaderamente innovador en la plástica
salvadoreña.
Sus trabajos con la serie “Mariposas” no sólo
reivindican esa actitud ya señalada en el movimiento
feminista, sino que testimonian ese nacimiento y transformación
complicada en la metamorfosis.
Un simbolismo impactante que enseña a valorar el dolor
profundo ante una vida demasiado breve.
Los fondos y el complejo tratamiento en sus obras son también
asumidos con responsabilidad y madurez por esta joven artista.
La luz, el balance y los espacios son vitales en su trabajo
reivindicador de los afanes y los desvelos de la mujer salvadoreña.
No simplemente el testimonio social, el mensaje, sino que
una técnica rigurosamente trabajada en un escenario,
en un país, que carece de antecedentes académicos
en esta especialidad tan apreciada en países con una
tradición plástica tan arraigada como Francia,
Holanda, Italia, Alemania, Inglaterra, México y desde
luego ciudades como Nueva York, San Francisco y Washington,
en Estados Unidos.
El nacimiento espiritual es una constante en el quehacer pictórico
de Flor Nuila. Lo podemos apreciar en sus series de “Las
mariposas”, “Los peces”, “Los ángeles”
y anteriormente en su “Fantasía de colores”.
Es música, alegría e ilusión para su
creadora, pero también para el público que sabe
apreciar la calidad y el mensaje plástico.
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