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Edición del 26 al 2 de enero de 2005

Tomates, lechugas, maíz, ayotes y orégano son algunas de las hierbas aromáticas y legumbres que se cultivan sin agroquímicos en el cantón Montes de Oca, en Costa Rica.

Cinthya Flores
WWF
Durante el ciclo de poda del café se requiere menos sombra para que la luz permita el retoño. Con la incorporación del abono orgánico, el producto crece con más fuerza, lo que disminuye la necesidad de usar agroquímicos.



Allí, el agroconservacionista Leonel Sibaja ha logrado transformar un viejo potrero en tierra fértil, fresca y llena de los colores, olores y sabores que son el sustento de su familia.

“Tratamos de hacer algo diferente para ayudarnos a controlar las plagas y lograr poner en la mesa del costarricense una ensalada de la mejor calidad. Y, lo mejor, sin contaminar el ambiente con fertilizantes químicos”, dijo Leonel, orgulloso de su huerta orgánica.

Así como la familia de este campesino, otras 52 se vieron beneficiadas con el desarrollo de nuevas técnicas conservacionistas que promovió la Asociación Agroecológica Aranjuez.

Esta iniciativa contó con el auspicio de WWF, organización global de conservación, y de la compañía de café Kenco, formada desde 1923 por un grupo de caficultores que son líderes en Reino Unido.

Desde agricultores hasta maestros, estudiantes, finqueros y amas de casa se beneficiaron con este proyecto que, durante los últimos cuatro años, ha fomentado técnicas productivas sostenibles en un área de unas 6.056 hectáreas, en la cuenca media y alta del Río Aranjuez, que drena hacia el Golfo de Nicoya.

Tradicionalmente, la zona se ha caracterizado por la erosión de los suelos, contaminación de aguas, dependencia del monocultivo, pocas fuentes de trabajo, subuso y sobreuso de la tierra y fuerte presión social en las áreas silvestres protegidas, por lo que el proyecto vino a marcar un cambio en actitud y en su relación con el campo para los casi 3000 beneficiados.

Más que técnica

“Yo estaba en ‘pañales’, no podía arrancar, pero me tendieron la mano y ahora mi finca es una de las más ejemplares de la zona”, explicó William Cubero, para quien hoy es un orgullo haber transformado un área totalmente deteriorada por la ganadería en una rica finca de café orgánico.

“Aquí el ‘oro verde’ crece con fuerza gracias a prácticas como la introducción de sombra, captación de nacientes, rompevientos y zanjas ladera, que ayudan a la infiltración del agua y a controlar el exceso de escorrentía”.

Pero no solo en la aplicación de estas técnicas está el éxito de la cosecha. William, al igual que otros agricultores de la zona, destaca por su humildad, ganas y empuje que se mezclan con una clara visión por conservar la belleza de su paisaje natural y una gran capacidad de negociación con autoridades de gobierno y otras instituciones.

Y es que el presidente de la Asociación Agroecológica Aranjuez, Luis Salas, reconoce que “nosotros, con este proyecto, sembramos muy buena semilla para recuperar la cuenca”.

Salas recalcó los beneficios obtenidos. “El cambio ya se ve, tanto en la actitud de las personas como en las prácticas desarrolladas en las fincas. Las tierras están recuperadas”.

Sopa de letras

Semiestabulado, lombricompost, biodigestor, motoguadaña, control de cárcavas y apartos. ¿Los entendió? No importa. Estos nombres le sonarán a usted muy complejos, pero podrían ser de gran utilidad para el desarrollo de la humanidad.

Lo trascendente es que usted comprenda que estas raras palabras no solo representan una nueva visión de la relación ser humano-campo, sino que son herramientas que ayudan a los campesinos a producir más y mejor.

Por ejemplo, María de los Ángeles Mesén, del grupo de mujeres de la comunidad de Cedral, cuenta cómo logró mejorar el manejo de su finca gracias a que la asociación le apoyó con la construcción de un galerón y utilización de una picadora para cortar el alimento de sus vacas de ordeño, técnica conocida como semiestabulado.

“Todas las prácticas van integradas”, aclaró Mesén. “Nosotras aprendimos que los animales deben pasar al menos 10 horas en el galerón, y así el impacto en el suelo es menor”, contó Mesén.

Para controlar el sobrepastoreo, dueños de fincas beneficiados con el proyecto también se han afanado en dividir las áreas donde está el ganado en pequeños potreros, técnica conocida como “apartos”.

La lombricompost resulta de la lombricultura, una de las prácticas más comunes entre quienes desean cultivos más saludables y productivos. Se trata de la construcción de pequeñas pilas donde se usa el estiércol como comida de lombrices para producir abono orgánico.

Con los remanentes de las porquerizas y lecherías, otros han aprendido a construir tanques para la producción de biogás para uso en las cocinas.

Es así como más de 45 fincas que bordean el Río Aranjuez muestran hoy logros integrales dignos de seguir. Con sus buenas prácticas no solo recuperaron la cuenca hidrográfica, que es la base de vida del bosque y la gente, sino también mejoraron su economía.

El beneficio mayor de la Asociación Agroecológica Aranjuez está en las personas capacitadas y en la sensibilización de la población para conservar y heredar un mejor ambiente a las futuras generaciones.


 


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