Edición del 26 al 2 de enero de 2005

Los nacimientos han disminuido el esplendor que tuvieron a inicios del siglo diecinueve. Pero el montaje que crea doña Tonita, con ríos, vendedores, animales y personajes mitológicos demuestra que aún palpitan entre las tradiciones populares.

Morena Rivera
Fotos: César Avilés y Jorge Colindres


El trabajo de la mujer campesina también es reflejado en el nacimiento de doña Tonita.

El nacimiento de la niña Tonita Chávez está dividido en dos escenarios. Delimitados por un río se hallan el campo y la ciudad, representados de tal manera que bien parecieran un mundo real, aunque en miniatura.

Entre las peñas cubiertas de musgo y florecitas moradas asoman las cabañas de la gente campesina. Ahí se ven mujeres que bajan por veredas con cántaros y canastos en la cabeza y hombres que transportan tambos de leche en carretas haladas por caballos.

El río corre sobre piedrecitas de cal, una pareja de novios se abraza a la orilla del afluente y los patos flotan sobre una poza de aguas mansas. Los cerdos pasan por uno de los caminos, las vacas pastan en el establo y en la molienda todos se preparan para trabajar.

Al otro lado del río se observa el ajetreo y el tumulto de la ciudad. En el mercado abundan las ventas de zapatos, de carnes, de chorizos, de frutas y hasta de piñatas. En el parque alumbrado por faroles se hallan las características banquitas, una fuente y un kiosco al centro.

Está el vendedor de paletas, el tren, los juegos mecánicos de la época de feria, la iglesia, arbolitos cubiertos de luces y las casas blancas e iluminadas ubicadas en las cumbres de la metrópoli.

Sólo en un pequeño espacio de ese montaje tan detallista se halla la Virgen María, José, el asno y el buey, quienes a seis días del 24 de diciembre ya aguardan la llegada del Niño Jesús.

El 19 de diciembre, a dos meses de iniciados los preparativos, doña Tonita Chávez, en compañía de sus hijos y de su esposo lanza cohetes para anunciar a los moradores de Nahuizalco que es la hora de contemplar el nacimiento.
Ella abre las puertas de la sala y la gente va entrando para admirar los nuevos detalles de este año. Quizás la olla con tamales que hierve a borbollones gracias a un efecto de la electricidad y la simulación de las montañas hondureñas que un día se quedaron grabadas en su mente.

Doña Tonita, creadora de escenarios navideños.

Esta mujer, de 72 años, sólo continúa una tradición que aprendió de su abuela materna. En los días de su infancia, ella hacía el lodo y buscaba los palitos para elaborar los muñecos. Entonces el nacimiento no tenía muchas luces, sólo lo alumbraban con lámparas de carburo.

Su madre simulaba el río con papel celofán y ponía un recipiente con agua para representar una laguna. Ahora es más fácil hacer funcionar el trencito, que una fogata parezca más real y que la cascada descienda hacia el río.
Los nacimientos no sólo se reducen al misterio (el niño, la Virgen, José, el asno y el buey). “En ellos desfilan tantos elementos de la vida cotidiana que bien pudieran llamarse ciudades-nacimientos”, comenta el antropólogo Gregorio Bello-Suazo, director del Museo Nacional David J. Guzmán.

Nacimientos pierden fulgor


Los misterios y los muñecos que componen el montaje comenzaron a elaborarse en Ilobasco, a mediados del siglo XIX, con la llegada del artesano español Catarino Castillo. Desde entonces, a través de ellos se ha recreado el entorno donde la vida tiene lugar.

Bello Suazo cree que los artesanos de estas figuras se convierten en cronistas al representar la realidad del momento. En su libro “Barro eterno Ilobasco” se menciona que se desarrollan al margen del hecho religioso, pues tiene cabida la riqueza de la naturaleza, los bailes, los borrachos, los viejos y hasta los personajes mitológicos.

“Allí cabe todo aquello que está al alcance de la mirada o de la fantasía”, se cita en el libro. Doña Tonita Chávez incluye en su nacimiento a los vendedores ambulantes, pero no se olvida del cipitío que merodea por la orilla del río, ni del hombre que toca flauta en la cúspide de una montaña.

Lorenzo Amaya, técnico de la Dirección de Investigaciones del Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (Concultura), dice que en los nacimientos se pinta la relación entre el Niño Dios y la cultura en general.

Más que la creencia y el valor católico se halla el sentido popular que tienen. En Sonsonate y en municipios como Izalco y Nahuizalco, algunos moradores siguen inundando sus salas con estos montajes navidadeños por dos razones: es parte de una promesa al Niño Dios y una herencia dejada por sus padres.

Las creaciones de Ana María Castillo incluyen los vestidos y los turbantes en tela.

En Ilobasco, los artesanos siguen trabajando desde febrero en la elaboración de muñecos para este fin. Ana María Castillo, una artesana de San Marcos, San Salvador, elabora y viste con lujo los misterios de barro que a veces comercializa hasta en $150.

La innovación y la creatividad han hecho que los artesanos vayan experimentando con los materiales que dan vida a los nacimientos. Ahora los hay de piedra, de mármol, de mimbre, de jarcia, de tecomates, de semillas de copinol y hasta de huevos de gallina.

Aún queda gente que se deja envolver con los misterios y las bellezas de los nacimientos. Pero esa tradición ya no sigue tan arraigada como a inicios del siglo XX hasta llegar a la década de los 60.

En esos tiempos, hasta San Salvador apantallaba con sus nacimientos movibles. Lorenzo Amaya cuenta que la gente pagaba tres centavos para ver a la Virgen lavando. Los misterios eran títeres que se contorsionaban con un mecanismo mecánico.

Hasta la década de los 70 vivieron sus años de esplendor. José Eduardo Saravia, jefe de Fomento Artesanal de Concultura, dice que la emigración, la guerra, la influencia de las iglesias evangélicas y el rumbo consumista y comercial que se le está dando a la Navidad han propiciado que esta tradición vaya disminuyendo.

Aunque el antropólogo Bello-Suazo considera que los nacimientos están dejando de verse como un valor religioso, hay una nueva tendencia a considerarlos como un juego y quizás hasta como una creación artística. “Aun de esa forma hay que garantizar la permanencia, de lo contrario tenderán a desvanecerse”, sostiene.

En lugar de terminar con esta tradición, doña Toñita Chávez quiere botar una pared para hacerlo más grande el próximo año. Pero no está segura si cuando ella muera la costumbre que aprendió de su abuela continuará en manos de alguno de sus seis hijos.

En el libro “Barro eterno Ilobasco” se menciona que a mediados del siglo diecinueve tener un misterio era privilegio con el que contaban las familias pudientes.

Todo un ajetreo

- Doña Tonita Chávez comienza desde noviembre a elaborar el nacimiento y lo desmonta hasta el 4 de febrero, dos días después de que se celebra la presentación del Niño Dios.
- El 24 de diciembre recibe con tamales a los visitantes que llegan a contemplar el nacimiento. Hay quienes le piden los “orines del niño”: agua de frutas puesta a fermentar desde en agosto.
- Su esposo José Adalberto Martínez se encarga de los trabajos de carpintería; su hijo Ricardo, de las fuentes de agua y de la electricidad. Sus demás hijas le elaboran otros detalles, como miniaturas en barro y la pintura de algunas piezas.

Tradición europea

El padre Óscar Rodríguez, párroco de la iglesia María Auxiliadora, detalla que el origen de los nacimiento se remonta a 1223, en el monte Greccio, Italia.

En ese año, San Francisco de Asís pidió permiso al padre Gregorio Tercero para celebrar la noche de Navidad con una misa solemne y con la representación humana del ncimiento de Jesús.

A la gente le gustó tanto que se extendió por Europa y se hizo tradición en todos los pueblos. “San Francisco de Asís buscó simbolizar al Dios invisible que no pudieron ver los antiguos profetas”, comenta el padre Rodríguez.

Agrega que los nacimientos tienen una connotación evangelizadora que enseña el nacimiento y el amor de Dios hacia la gente. “Esa es una representación muy defendida por la Iglesia católica”, agrega el sacerdote.

En los nacimientos desfilan muchos elementos de la vida cotidiana de nuestro país.
La mitad del nacimiento de la niña Tonita está dedicado a representar la ciudad.
Al principio los nacimientos no eran más que el misterio y los pastores; luego se agregaron vendedores, panchitas y bandas de música.



 
 


1995 - 2004. El Diario de Hoy
Derechos Reservados. Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular.

elsalvador.com