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Edición
del 26 al 02 de octubre de 2004

De
niño soñaba con dirigir empresas. A los once
años ayudaba a su madre con lo que ganaba llevando
las bolsas de los clientes en un supermercado. Ahora es el
director ejecutivo de una institución de gobierno.
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A Óscar
Adán Burgos, el libro El Quijote de la Mancha
le recuerda que el ser humano suele ser como este personaje.
Pasamos toda la vida tratando de vencer gigantes, pero
al final nos damos cuenta de que nos hemos afanado en luchar
contra algo que sólo eran molinos, reflexiona.
Para él, lo más precioso de la vida es vivirla,
disfrutar al máximo cada etapa. En su cargo actual
como director ejecutivo del Fondo Nacional para la Vivienda
Popular (FONAVIPO) experimenta esa pasión por lo que
hace.
A menudo presencia la alegría que envuelve a la gente
cuando recibe una nueva vivienda en algún proyecto
lejano construido con ayuda internacional. Otras veces ayuda
a personas específicas, Es bueno cuando uno se
puede centrar en un caso en especial, comenta.
Antes de tener su casa en el Distrito Italia 2, Maritza Vega,
de 33 años, vivía junto a sus dos hijos bajo
un puente, en la capital. Ahora, además de su nuevo
hogar dice tener la ayuda de don Adán Burgos.
Cuando él entregó el proyecto se dirigió
a mí. Además me ha ayudado con otros recursos,
como el dinero para la conexión de la luz, refiere
Maritza, muy satisfecha, porque un techo le ha cambiado la
vida.
El trabajo en esta institución le ha dado el agradecimiento
de la gente. Entre sus diplomas de maestrías y reconocimientos
otorgados por gremiales y organismos internacionales se halla
uno con las letras esculpidas en madera que reza: El
que tiene misericordia de los pobres es bienaventurado.
Pero Adán Burgos, ahora de 40 años, ha pasado
por tantas etapas a lo largo de su vida que bien pudiera decirse
que ha empezado desde abajo. A los once años trabajaba
llevando la mercadería de los clientes en los supermercados
Todos, situados en la calle Arce, en la capital.
A veces subía las bolsas hasta los apartamentos de
algunos edificios situados en la zona. A cambio sólo
recibía propinas que le permitían juntar tres
o cuatro colones por jornada. De ese dinero le daba la mitad
a su madre y el resto lo ocupaba para sus estudios.
Antes
de ese su primer trabajo había ayudado a su padre a
construir algunas paredes de su casa, sin que eso le despertara
la afición por la ingeniería o la arquitectura.
A mí me encantaba más la producción,
yo quería ser productivo, confiesa.
Su abuelo, un sastre con la disciplina de antaño, le
había enseñado a coser en una máquina
Singer y a planchar con quiebres y bien asentadito.
Por las mañanas ayudaba a su abuela en los oficios
de un comedor y por la tarde asistía a la escuela.
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| Maritza junto a sus hijos
en su nueva vivienda, ubicada en el Distrito Italia. Ella
dice tener mucho que agradecer al actual director ejecutivo
de FONAVIPO. |
El barrio
Lourdes, en San Salvador, una zona que él recuerda
limpia, sin mucho ruido y libre de pelígros, fue el
escenario de su infancia, su adolescencia y su juventud.
Antes de finalizar su bachillerato daba clases de inglés
y de matemáticas en la escuela José Simeón
Cañas, como parte de su servicio social.
A los pocos meses tuvo su primer trabajo como auxiliar de
bodega en una empresa distribuidora de productos veterinarios
y farmacéuticos. Por su desempeño lo ascendieron
como jefe de bodega a los tres meses.
Sus conocimientos como estudiante de contaduría pública
en la universidad le permitían dar apoyo al departamento
de contabilidad, tanto así que a los tres meses se
había convertido en auxiliar de esta área.
Allí no se limitaba a hacer sus labores. Si no estaba
la cajera o el procesador de información, él
los cubría. Logró capacitaciones y cursos sobre
informática. Con el tiempo llegó a ser contador
general de la empresa; de 250 colones que ganaba al principio
llegó a recibir 4,000.
En esos días también asesoraba empresas sobre
la recién creada Ley del IVA. En 1993 incursionó
en un campo diferente, donde no sólo cambiaba la dinámica
del trabajo, sino que tenía el más sofisticado
equipo y los mejores muebles.
Se convirtió en el administrador general de la Agencia
Española de Cooperación Internacional de la
embajada de España. Ahí le comenzó a
interesar el tema de los proyectos, pues gestionaba desde
panaderías hasta construcción de viviendas.
Esta última área lo conquistó en FONAVIPO,
en 1999, donde primero fue subdirector de administración
y finanzas y a los cinco meses se le propuso asumir el cargo
de director ejecutivo.
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Uno de
sus mayores retos al mando de esa institución se lo
impusieron los terremotos de 2001. Desde entonces han administrado
80 millones de dólares en proyectos habitacionales
a lo largo del país.
En ese tiempo, Maritza Vega pudo recibir el calor de un techo,
pero ella también le agradece a un hombre.
-Gracias por este regalo que usted me ha dado le dijo
a Adán Burgos el día que le entregó la
vivienda.
-No me las dé a mí, déselas a Dios porque
fue Él quien nos tocó el corazón le
contestó él.
Desbalance
entre la oferta y la demanda
¿Qué
situaciones han generado viviendas improvisadas y asentadas
en zonas de alto riesgo en San Salvador?
En todos los países de Latinoamérica existe
este fenómeno, debido a que en algunos casos no hay
suficiente oferta de vivienda de parte del Estado para estas
familias que no tienen capacidad de pago.
¿Cuál es el déficit habitacional en El
Salvador?
Este puede ser cuantitativo cuando no existe una vivienda
y cualitativo cuando se tiene, pero no reúne los criterios
de habitabilidad. En la actualidad el déficit es de
485,000 unidades habitacionales, la mayor parte son cualitativas.
¿Cómo ayudar para que la gente con bajos
salarios pueda accesar a una vivienda digna?
Lo que ha sucedido en los últimos años es que
tenemos la demanda de familias que tienen ingresos menores
a dos salarios mínimos, estos casos dentro del déficit
habitacional representan el 68%. Por otro lado tenemos la
oferta de vivienda con precios superiores a los 7,000 u 11,000
dólares, y para poder comprar una vivienda de éstas
hay que ganar por los menos cuatro salarios mínimos.
Entonces, por un lado hay una oferta de vivienda, pero por
otro no hay capacidad de pago. Deberíamos nivelar la
oferta y la demanda; las combinaciones de ahorro, créditos
y subsidios para que la gente de escasos recursos pueda obtener
su casa. Otra idea es crear un fondo de garantía para
respaldar sus créditos ante las instituciones bancarias.
¿Cuántas viviendas se construyen al año
en El Salvador?
Hay alrededor de 26,000 viviendas que se financian a través
de diferentes instituciones; sin embargo, el crecimiento poblacional,
es decir las nuevas familias que anualmente necesitan una
casa, es de 48,000. Hay un desbalance entre la oferta y la
necesidad de vivienda.
| Logros
y experiencia |
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| Adán
Burgos cuando tenía cinco años, junto
a una de sus hermanas. |
Es
el menor de tres hermanos. Nació en 1964 en el
pasaje Josefina del barrio Lourdes, en la capital.
Su padre trabajó como motorista del Ministerio
de Educación y su madre, la única que aún
vive, fue operaria de la droguería Morazán.
Se graduó de la carrera de contaduría pública
en la Universidad Tecnológica. Una de sus metas
siempre ha sido especializarse profesionalmente. Cursó
una maestría en administración de empresas
y otra en finanzas en la Universidad Centroamericana José
Simeón Cañas (UCA).
En la actualidad es presidente de la Asociación
Centroamericana para la Vivienda (ACENVI), representante
para El Salvador en la Red Internacional del Subprograma
Vivienda de Interés Social, del programa
Ciencia y Tecnología para el Desarrollo (CITED)
y delegado de El Salvador en la Unión Iberoamericana
para la Vivienda (UNIAPRAVI).
Además es catedrático de administración
y finanzas en la maestría de la UCA. Entre sus
logros y reconocimientos cuentan por lo menos unos veinte
diplomas.
Pero él tiene una idea sobre todo ese proceso de
conocimientos. Creo que si uno no comparte lo que
sabe con los demás es como si no hubiese aprendido
nada, considera. |
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| Durante
su niñez (derecha) en el barrio Lourdes, donde
ha pasado la mayor parte de su vida. Allí vive
su madre. |
Adán
Burgos no tiene hijos. Cuidar a su perrita Brandy,
escuchar música y leer libros sobre temas novedosos
relacionadas con la administración son algunos
de sus pasatiempos preferidos. |
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