| Edición
del 25 al 1 de agosto de 2004

Después
de un viaje por crucero y tren durante 12 días pude
desmitificar la idea de un Alaska siempre blanco y comprobar
que hay otro paraíso, fuera de El Salvador.
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| Alaska
fue comprada por Estados Unidos
a Rusia en 1867, a un costo de $7,200,000
(cinco centavos por hectárea). |
Extensión:
1,530,000
km2
Capital: Juneau
Habitantes: 626,932
hasta el año 2000.
Idiomas: Inglés y
lenguas aborígenes
Temperaturas mínimas y máximas:
–62º centígrados hasta 38º centígrados.
Distancia desde El Salvador hasta
Fairbanks: 7,185 kilómetros.
Duración del crucero:
12 días
El barco sale desde Vancouver y llega a Port Whittier.
El tren sale desde Port Whittier y su última estación
es en Fairbanks. |
Es el
Estado más grande de Estados Unidos, donde el sol no
se esconde durante el verano y la nieve no termina de derretirse,
donde se encuentra la montaña más alta del país
(el Monte McKinley) y donde turistas de todo el mundo deciden
ir a pasar sus vacaciones de verano.
Sólo tienen la oportunidad de aprovechar de sus extraordinarios
paisajes, de su flora y de su fauna durante los meses de mayo,
junio, julio y agosto, cuando varias líneas de cruceros
navegan por la costa sureste de Alaska, y el tren con vista
panorámica pasea por su interior.
Dicho ferrocarril complementa las espectaculares vistas de
la costa, culminando en la ciudad de Fairbanks, donde se pueden
visitar museos, minas de oro y asentamientos indígenas,
como la vieja villa de Chena de los Athabascan.
El crucero hizo escala en tres ciudades: Ketchikan, Juneau,
Skagway; entró a los fiordos (ríos formados
por glaciares) para disfrutar de los paisajes donde las cimas
de las montañas se coronan de nieve, mientras sus faldas
se envuelven de pinos, hasta llegar a Puerto Whittier, lugar
donde se aborda el ferrocarril.
En las ciudades que visitamos durante el transcurso del viaje
existen inviernos muy largos y muy fríos, a tal grado
que cuando el sol comienza a calentar un poco, los lugareños
aprovechan para despojarse de las tantas capas de ropa que
tienen que usar por más de seis meses.
En junio, cuando la temperatura promedio es de 12 grados centígrados,
se ven personas jugando en los parques sin camisa, pantalones
cortos o descalzas; mientras quienes viajamos desde climas
tropicales sentíamos la necesidad de andar bien abrigados.
Paisajes sorprendentes
Fue un viaje inolvidable. Cuando pensábamos que no
era posible disfrutar de algo más bonito que en la
última parada encontramos un paisaje espectacular,
algún glaciar, osos, renos o ballenas que nos dejaban
maravillados.
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| Existen
tótems originales en el pueblo
de Ketchikan, Alaska. |
Cada estación
del crucero o del tren ofrece diversas actividades para todos
los gustos.
Desde las alturas de nuestro viaje en hidroplano por los Fiordos
Místicos disfrutamos de la inmensidad de las montañas,
de la pasividad de los ríos y de las lagunas hechas
por la nieve derretida en las alturas.
La búsqueda de ballenas, desde las costas de Juneau,
convierte la ansiedad en júbilo cuando se ve el soplido
de aire y de vapor que el mamífero expele del respiradero
que posee en el lomo. Apreciar desde tan cerca cómo
muestran su torso y su cola, verlas hundirse y volver a salir
es una sensación inexplicable.
Otra aventura inolvidable fue haber sido halada por un trineo
de perros sobre un glaciar. Estos canes han participado en
la competencia a campo traviesa de Iditarod (que se celebra
una vez cada año desde Anchorage hasta Nome, con un
recorrido de 1770 kilómetros).
Muchos de los guías han sido ganadores.
Algunos glaciares —que presentan diferentes tamaños,
colores, formas y edades— llevan tierra y piedras de
las montañas aledañas, mientras otros reflejan
un color azul turquesa.
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| Ketchikan
es considerada la capital mundial del salmón. |
Técnicas
utilizadas por los Athabascan para secar el pescado para
el invierno. |
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| En
ocasiones, los perros entrenados para competir juguetean
bruscamente, a pesar de que los canes son mansos. |
Los pudimos
apreciar durante el crucero cubriendo las montañas
rodeadas de verdes pastos. Se puede ver como a la orilla del
agua se desprenden grandes trozos de hielo y se escuchan sonidos
como los de emite una pastilla efervescente en el agua.
Los paisajes del interior no dejan de sorprender, especialmente
dentro del Parque Nacional Denali. Están llenos de
flores y frutas silvestres de todos colores, de pinos y de
otros árboles que solo se dan en climas fríos.
Frecuentemente se ven ríos y fiordos. Y entre su fauna
encontramos osos, linces, alces, lobos, águilas, etc.
Dentro del Parque Nacional Denali se encuentra el Monte McKinley,
que siendo la cúspide más alta de Estados Unidos
(6,194 metros) se convierte en un gran reto para los alpinistas,
que la escalan en un aproximado de tres semanas.
La punta siempre se mantiene con nieve, inclusive durante
el verano. Esto hace un bello contraste con la vegetación
de las laderas: blanco arriba y verde intenso abajo.
Cada experiencia durante las dos semanas de travesía
fue un mundo aparte, un mundo que con anterioridad se pensaba
sólo era un extenso pedazo de tierra cubierto de hielo,
pero que es rico en petróleo, oro, flora, fauna y un
gran centro de atracción turística, en el que
millones de personas llegan a disfrutar de sus tesoros y de
sus encantos naturales.
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| Algunas
lagunas se forman cuando se derrite el hielo en las montañas. |
El
hidroplano aterriza en los Fiordos Místicos como
parte de la diversión del paseo. |
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| El
agua que se derrite de los glaciares cae en el océano,
pero no logra mezclarse por sus diferentes densidades.
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