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Edición:
25 de abril de 2004


En
El Salvador y en Honduras desaparecieron unas 20 mil hectáreas
de cafetales
cuya función como fijadores de carbono es crucial
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Trabajadoras
en un cafetal de Matagalpa, Nicaragua.
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La fuerte
crisis de la producción de café en América
Central afecta el equilibrio ambiental, ya que el cese de
cultivos en miles de hectáreas disminuye la generación
de carbono y oxígeno, al tiempo que propicia un aumento
de la erosión de suelos, indicaron expertos.
La caída de los precios internacionales del grano obligó
a miles de pequeños y medianos productores de Costa
Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua a dejar
sus tierras y buscar alternativas, de modo que muchas áreas
de cultivos quedaron abandonadas o dedicadas a la ganadería
extensiva.
La caficultura se ha asociado con prácticas negativas
para el ambiente, como el excesivo uso de agua y la contaminación
de ríos por el depósito de la broza, pero también
contribuye al equilibrio ecológico, según especialistas.
Las plantaciones de café son bosques naturales
fijadores de carbono y liberadores de oxígeno, por
lo que su disminución altera el ambiente, dijo
a Tierramérica el ingeniero Luis Zamora, del Instituto
Costarricense del Café.
Además, para el cultivo de café se usa terreno
muy quebrado, en el que es necesario aplicar técnicas
de conservación como las terrazas, que evitan la erosión
de los suelos, indicó Zamora.
El ministro de Agricultura de El Salvador, Salvador Urrutia,
explicó que los cafetales son prácticamente
las únicas zonas boscosas que quedan en su país,
por lo que su constante desaparición generará
fuertes efectos sobre el equilibrio ecológico.
Un criterio similar sostuvo Dagoberto Suazo, de la Central
de Cooperativas de Café de Honduras, para quien los
cambios en el régimen de lluvias de su país
en los últimos dos años tienen relación
con la deforestación y el abandono de áreas
cafetaleras.
En Costa Rica, el fortalecimiento de la conciencia ambiental
en los últimos años llevó a que se retome
el cultivo del café con sombra, usando
en las plantaciones árboles como el poró (Erythrina
poeppigiana), la guaba (Inga edulis) y el eucalipto (Eucaliptus
camaldulensis). Ese tipo de cultivo había sido desplazado
por el de café bajo sol, para aumentar
el número de plantas por hectárea, de mil o
1,500 a 3,000 y aun 4,000. Estudios indican que en Costa Rica
40 por ciento de la producción se efectúa mediante
esa modalidad.
Zamora aseguró que también existe conciencia
para usar cada vez menos los agroquímicos insecticidas,
nematicidas y herbicidas, como el diclorodifeniltricloroetano
(DDT) y el Paraquat, prohibidos ya en los países industrializados,
cuya utilización es reprochada a los cafetaleros por
estudiosos y protectores del ambiente.
La práctica de control biológico
contra la broca, una plaga que afecta a la planta y al grano,
muestra la voluntad de cuidar el ambiente, adujo.
En El Salvador, la crisis cafetalera ha causado el abandono
de unas diez mil hectáreas, con pérdida de 60
mil empleos, según el ministro Urrutia. El café
es uno de los cultivos más beneficiosos en el país,
porque emplea suelos marginales con mucha pendiente, como
en la cordillera central, donde si no fuera por el café
la erosión de los suelos sería dramática,
explicó.
En cada hectárea ubicamos un promedio de 3,333
plantas de café y de 80 a 130 árboles. Sería
muy bueno que la comunidad internacional reconociera estas
bondades del cultivo del café y lo apoyara, dijo.
En Honduras, al menos unas diez mil hectáreas de café
han sido abandonadas en los últimos cinco años,
y es lamentable que la comunidad internacional no haya
considerado el importante valor social y ambiental de
ese cultivo, opinó Dagoberto Suazo, de la Central de
Cooperativas Cafetaleras.
La Unión Nicaragüense de Caficultores impulsa
un proyecto de producción con criterios de protección
ambiental, que incentive el uso de especies maderables, frutales
y arbustos en las plantaciones, como complemento ecológico
y económico.
El
autor es colaborador de Tierramérica
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