Edición: 25 de enero de 2004

“Dos de cada diez ancianos en El Salvador tienen cobertura social” (FUSATE).

Llegan a bailar, a elaborar artesanías y a encontrar en los programas para
pensionados un lugar donde ganar amigos y sentirse productivos.

Tania Urías

“Vamos, muchachos al centro; muchachas, la falda. Luzcan la falda, rápido al centro”, dice el maestro y el grupo de bailarines, ataviados con sus mejores galas, se mueven al ritmo de “Tiempo de vals” de Chayanne.

Todos tienen más de 60 años e integran el Grupo de Danza de Pensionados del Seguro Social. Pese a que algunos no logran llevar la marcha de sus compañeros más jóvenes, igual parecen disfrutar de los ensayos.

Y es que todos tienen dos cosas en común: son pensionados y no están dispuestos a pasar sus horas libres encerrados en sus casas.

“Aquí venimos a gozar y a aprender. Nunca en mi vida me sentí más contento y útil”, dice Jorge Olmedo, que a sus 71 años se ha convertido en instructor de pintura de sus otros compañeros pensionados.

Trailero de oficio, aprendió a pintar siendo niño, pero es hasta ahora que no sólo pinta numerosos cuadros que vende a 50 dólares cada uno, sino que además impulsa a otros pensionados como él a aprender a pintar.

“Ellos mismos se sorprenden cuando ven lo que hacen, cuando se dan cuenta de que tenían habilidad para el dibujo. Aquí descubrimos que todavía tenemos mucho que dar”, dice orgulloso.

Y esa es la razón de ser de los programas para pensionados que ofrece el Seguro Social para pensionados del ISSS, del INPEP.

Se trata de cinco casas de atención, ubicadas en San Salvador, San Miguel, Usulután, Sonsonate y Santa Ana, a donde puede acudir todo aquel pensionado interesado en disfrutar del tiempo libre .

“De lo que se trata es de que vivan su jubilación de forma exitosa, que se sientan útiles y valiosos”, dice el licenciado Raúl Humberto Salazar, jefe de los programas para pensionados del Seguro Social.

En estos centros los ancianos tienen la oportunidad de inscribirse en los talleres
de pintura, repujado, cestería, piñatería, carpintería y otros, lo que además les permite ganar ingresos adicionales que compensan la escasa pensión que reciben. Pese a las ventajas de integrarse a estos grupos apenas unos 4500 ancianos están inscritos.
FUSATE, más allá de la caridad

“Son sitios donde se sienten queridos y útiles. Aquí les cambia la vida”.
Licda. Lila Vega, FUSATE

“Me gusta venir a la casa del pensionado. Si no estaría en mi casa todo tullido”.
Horacio Mariona,
71 años

Otra de las entidades que trabaja en beneficio de los adultos mayores es la Fundación Salvadoreña de la Tercera Edad (FUSATE).

Creada en 1990 por un grupo de personas altruistas, cuenta con 14 filiales y 83 subfiliales, además de cuatro Centros Integrales de Día y de un dormitorio público.

Aglutina a más de 83 mil afiliados y su esfuerzo está centrado en los programas de atención en salud, terapia física, que incluye talleres ocupacionales de piñatas, artesanías de tela, fieltro, lazo y madera y un valioso programa alimenticio.

Este último está dirigido a los ancianos que no cuentan con pensión y no tienen nadie que vele por ellos.

Cada mes unos 700 ancianos reciben cereales, leche, galletas y otros alimentos.

FUSATE es un organismo no gubernamental que sobrevive de donaciones anónimas y de empresas, además de numerosas actividades de recaudación de fondos que realizan a lo largo del año.

“Nosotros aprendemos a sacar dinero hasta de las piedras porque cada día hay más beneficiarios y a nadie vamos a cerrarle la puerta. Hay que apoyarlos a todos”, dice la licenciada Lila Vega, directora de esa entidad.

El trío “Remembranzas” de FUSATE, es invitado a cantar sin costo en diversas actividades, la mayor recompensa es el aplauso del público.

La Secretaría Nacional de la Familia también les otorga un subsidio de 13,714 dólares al año, pero como la misma directora de FUSATE señala, éste es insuficiente. “Para el volumen de operaciones y la cantidad de beneficiarios que tenemos es mínimo, porque no es ni siquiera el 2% de nuestra proyección anual de ingresos, pero igual nos ayuda”, dice.

Sólo en la distribución de canasta básica, FUSATE invierte un promedio de 57,600 dólares cada año.

Uno de los esfuerzos más grandes de esta entidad está concentrado en hacer funcionar los centros de día; son casas abiertas desde las siete de la mañana hasta las cinco de la tarde para todos aquellos adultos mayores de 60 años.

“No importa si tiene mucho dinero o es indigente, si es pensionado o vendedor de mercado, si tienen más de 60 años, aquí los recibimos a todos”, dice la licenciada Vega.

Si bien algunos, como doña Susana López, de 82 años e integrante del coro de FUSATE, tienen una familia que los
apoya y que incluso los lleva al lugar a diario para que se entretengan un rato, otros, como don José Dolores Sosa, de 84 años, no sólo no tienen otro lugar a donde ir a diario, sino que éste es el único sitio donde tienen seguro un plato de comida.

La cobertura

4,500 adultos mayores acuden a los centros para pensionados del ISSS, de un total de 46 mil jubilados de esa entidad.

83,740 ancianos están afiliados a FUSATE. Todos participan en los programas de la entidad y asisten a los centros de día.

Otros esfuerzos privados

Asoc. de adultos mayores
Cuenta con 40 afiliados y está enfocada a actividades sin fines de lucro. Los fondos recaudados sirven para otorgar préstamos entre sus miembros. Los requisitos son ser mayor de 60 años y contribuir mensualmente con $1.14. Información en el teléfono 294-1618.

Club Época de Oro
Ofrece servicios de salud, recreativos y culturales a adultos mayores. Los requisitos de ingreso son ser mayor de 50 años, presentar la recomendación de un miembro más antiguo y cancelar una cuota de $3 mensuales. Información Gladys de Mendoza, teléfono 226-3502.
Fraternidad Militar
Aglutina a 1170 jefes retirados de las fuerzas armadas, ofreciendo eventos especiales y ayuda en ocasiones mortuorias. Los requisitos son ser oficial retirado o activo de las fuerzas armadas y colaborar con la cuota mensual. Teléfono 222-8356.

 



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