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Edición
del 24 al 31 de octubre de 2004

El
lobby empresarial retrasa la discusión
en el Parlamento Europeo de un proyecto de ley para eliminar
productos tóxicos. Estados Unidos también se
opone a la iniciativa.
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| Estudios
encuentran hasta 80 productos químicos nocivos
en la sangre de ciudadanos europeos. Photo Stock |
Más
de siete años de debate en la Unión Europea
(UE) no han bastado para aprobar una norma que elimine progresivamente
el uso de los productos que causan más daño
al ambiente y la salud humana.
La discusión comenzó en 1997, y en 2001 la Comisión
Europea, organismo ejecutivo del bloque, presentó un
informe sobre Registro,
Evaluación y Autorización de Químicos
(Reach, son sus siglas en inglés), para identificar
y eliminar esos productos sintéticos nocivos, seguido
en mayo de 2003 por un proyecto de ley en la materia.
Se previó que ese proyecto fuera aprobado este año
por el Parlamento Europeo y el consejo europeo de ministros
de Ambiente e Industria, pero presiones de las industrias
y gobiernos, incluido el estadounidense, retardaron el proceso.
Ahora, la presidencia de turno de la UE, a cargo de Holanda
hasta el 31 de diciembre, asegura que un nuevo texto de consenso
será probablemente propuesto a mediados de 2005, y
votado en el Parlamento Europeo a fines del mismo año.
El no gubernamental Fondo Mundial de la Naturaleza (WWF son
sus siglas en inglés) realizó un estudio de
sangre de 33 personas de tres generaciones distintas (niños
de nueve años, sus padres y sus abuelos), en Inglaterra,
Gales, y Escocia, y encontró contaminación con
80 productos químicos distintos.
El informe Contaminados: la próxima generación
fue publicado el 8 de octubre e indicó que en la sangre
de niños se hallaron en promedio 75 tóxicos,
en la de sus padres una cantidad similar, y en la de sus abuelos
56.
Otro análisis de sangre, del mismo WWF a fines de 2003,
realizado a 39 diputados del Parlamento Europeo halló
76 productos industriales tóxicos que se acumulan en
los organismos de personas y animales, y que pueden provocar
deformaciones metabólicas hereditarias.
Entre ellos estuvo el insecticida DDT (dicloro difenil tricloroetano),
cuya producción y uso está prohibida en Europa
desde 1970.
Anthony Field, director de campañas del WWF, dijo a
Tierramérica que la actual legislación europea
permite usar químicos patentados antes de 1980 sin
nuevas pruebas de su carácter no tóxico, mientras
todos los patentados después de 1980 deben pasar
múltiples exámenes, lo que hace muy costoso
el desarrollo de nuevos productos y frena la innovación.
Reach aceleraría la sustitución de los productos
antiguos, que también son los más nocivos, arguyó.
Sin embargo, el presidente del comité de ambiente del
Parlamento Europeo, Karl Heinz Florenz comentó a periodistas
que en el debate sobre Reach se busca equilibrar las preocupaciones
ambientales y sanitarias con las de la industria química,
y pidió a las autoridades europeas que escuchen
a Estados Unidos.
En abril de 2003, el secretario de Estado (canciller) estadounidense
Colin Powell expresó en un cable a las embajadas de
su país en Europa, del que Tierramérica obtuvo
una copia, que Reach era un sistema regulatorio costoso,
agobiante y complejo, que podría ser muy difícil,
si no imposible, aplicar.
Exportaciones de la mayor parte de los sectores industriales
de Estados Unidos (a Europa), que suman decenas de miles de
millones de dólares, podrían ser afectadas,
señaló.
Por ello, agregó Powell, las agencias del gobierno
de Estados Unidos consideran que es importante reiterar a
la Comisión Europea y a los estados miembros de la
UE nuestras preocupaciones, antes que la Comisión termine
de elaborar su propuesta a comienzos de mayo (de 2003).
Según el presidente del Consejo de la Industria Química
Estadounidense, Greg Lebedey, Powell reflejó
las preocupaciones sobre Reach de ese sector, que tiene
intereses muy grandes en Europa como inversor, productor y
proveedor.
De acuerdo a fuentes europeas, la industria química
alemana ha estado a la cabeza del lobby contra
Reach en la UE, y su influencia ha conducido a que se exagere
sobre los eventuales costos de aplicar esa norma, minimizando
sus potenciales efectos positivos.
La consultora privada Arthur D. Little, que mantiene desde
2001 lazos contractuales con la poderosa Asociación
de la Industria Alemana, sostuvo en un estudio presentado
este octubre que el costo de Reach sería 2,7 por ciento
del producto interno bruto de la UE. La Comisión Europea
previó un costo mil veces menor.
El autor es corresponsal de Inter Press Service (IPS)
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