Edición del 24 al 31 de octubre de 2004

Leer “Noctámbulo” significa abrirse paso bidimensional, como espesura de arbustos en el cerebro, a un ritual mágico de flores que se abren durante la noche y de animales que desarrollan su actividad nocturna.

Marcela Gudiño
ilustración y diseño:
Álvaro Cuéllar


Ficha bibliográfica
Título: Noctámbulo
Autor: Danilo Ramos
Páginas: 73

Recordé muy emocionada algunos cuentos de Edgar Allan Poe por la similitud de la prosa, y es que magistralmente, Danilo Ramos logra captar la atención del lector y transportarlos a otra dimensión en cada relato, lo que pocos logran, y las imágenes descritas se presentan claras y espectrales produciendo cierto placer sacrílego el profanarlas con la imaginación.

La mayoría de escritores nuestros tiende a una línea común determinada en sus relatos. Pero en “Noctámbulo” todo patrón normal se rompe dándole ese toque especial a la lectura, es paroxismo derivado en fijación de ideas obsesivas en la mente.

El amor y el odio se describen bajo otro contexto como amplia abertura a lo estupefacto, irónico, melancólico, exacto, justo, un colapso de sentimientos asaltando el alma...

En “Noche eterna”, por ejemplo, el amor fraterno subsiste más allá de los conocido, esa camaradería ineludible, casi perfecta de seres que se cobijan cada noche a departir copas y que a pesar de la muerte misma, el difunto “vive” en una catalepsia de emociones que sus queridos amigos ignoran porque no pueden verle ni escucharle.

En “María Castillo”, el amor intangible y verdadero se exalta de forma inesperada y casual en un marco casi mito-poético de un ente del más allá, donde la condena perpetua es el encarcelamiento a un sentimiento que nunca podrá florecer y dar frutos, un sentimiento funesto con excelente bordado estético.

El epígrafe que encabeza “La reconstrucción” simula una sentencia dramática en la que se augura una catástrofe. Su protagonista, especialista en la reconstrucción facial forense, termina presa de un estupor esquizofrénico producto de la soledad y falta de afecto masculino; la locura se declara excelsa en este cuento que rebasa hasta el pensamiento más cuerdo.

La quietud absoluta del alma atrapada por un lapsus estremecedor; así considero el relato de “La tía”. Se pone de manifiesto la desgracia fúnebre en una casa mortuoria y triste que inteligentemente el autor fusiona lo exagerado con la sutileza de lo inimaginable, lo intemporal; una intoxicación de ideas y acciones lacerantes que se incrustan en el cerebro en un sentir repugnante hacia una pariente que a final de cuentas logra su cometido: ser un fotograbado en la vida del personaje de este cuento.

Si escribiera cada parecer mío de los cuentos de Danilo Ramos, este comentario sería más largo, pues significa resquebrajar en un terreno de frenesí que rebasa la imaginación. La extravagancia con que escribe, el juego obsesivo de algunas palabras, lo convierte en un escritor fuera de lo común.

Por lo tanto, si el lector gusta de lo exagerado y eufórico, recomiendo “Noctámbulo”. Quién sabe si al igual que yo llega a avivar el deseo de seguir leyendo a este cuentista fuera de serie y de todo prototipo conocido.

 



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