|

Edición
del 24 al 31 de octubre de 2004

Neil
Velez, el misionero de Jesús que atrae multitudes y
habla de una fe sin desconfianza para lograr la sanación,
cuenta su testimonio, el arma más poderosa que
tenemos en el evangelio.
|

|
| Por
lo menos diez Misioneros de Jesús, entre músicos
y cantantes, acompañan a Neil Velez en su gira
Sobre las aguas, que incluyó una visita
a El Salvador. |
A
los 17 años, la enfermedad se me había complicado.
Las válvulas de mi corazón seguían sin
cerrarse de forma correcta; padecía meningitis, tumores
en la cabeza y una complicación de todos mis males
me había dejado ciego por completo.
Una noche se debatía entre la vida y la muerte en la
cama de un hospital de Nueva York, Estados Unidos. Mi mente
repasaba un texto que meses antes había leído
en la Biblia (1ª Pedro 2, 24b): Por sus llagas fuiste
sanado. Esa frase se me había adherido a la mente.
Esas palabras también me ponían al borde de
la desesperación, pues no entendía por qué
no podían aplicarse en mi vida. Dos cosas están
ocurriendo aquí: o todo es mentira o yo en realidad
no te he conocido, le grité esa noche a Jesús.
Una voz tan clara irrumpió mis lamentos. Hijo
mío, tú no me conoces, me dijo al oído.
Cómo es posible, pensé, si ni siquiera mi juventud
he gozado por andar en tus caminos, Señor. Pero la
voz volvió a interrumpirlo.
Allí descubrí algo. Hay personas que no han
faltado a una misa en toda su vida, que oran todos los días
sin cesar; sin embargo, no saben quién es Dios; y yo
era una de esas.
Como pude me bajé de la cama, me postré de rodillas
y derramé en llanto. Tanto gritaba que los doctores
entraron para tratar de calmarme.
Cuando dejé de llorar y abrí los ojos pude ver
el rostro de los médicos: ¡había recobrado
mi vista!
Ellos se asombraron tanto que decidieron someterme a unos
exámenes. Detectaron que la meningitis y los tumores
habían desaparecido, mas no mi debilidad en el corazón.
Ese padecimiento seguía allí, llevándome
a la muerte.
Un especialista de Texas y otro de California llegaron a decirme
que me quedaban tres meses de vida, pues aunque no tenían
explicaciones para lo que había sucedido, sólo
lo atribuían a un caso de mejoría momentánea.
Ellos no sabían que esa noche había nacido un
nuevo Neil. Yo les repetía que por sus llagas
Él me había sanado. Esa noche pedí
mi alta, y antes de salir del hospital los médicos
me hicieron firmar un documento en el que me responsabilizaban
de cualquier complicación.
|

|
Al llegar
a la casa, mi familia había hecho los arreglos fúnebres
para que mi muerte no los tomara por sorpresa. Todos; sacerdotes,
predicadores y amigos me decían que si en la tierra
había sufrido, en el cielo ya nada sería igual,
mas yo les repetía que estaba sano.
Es triste cuando el cuerpo hace parecer que todo es mentira.
Algunos síntomas se seguían presentando. Me
sucedía que cuando predicaba, chorros de sangre bajaban
de mi nariz y caían sobre la Biblia; a veces se repetían
las crisis y terminaba en el hospital, pero yo seguía
pregonando mi sanación.
Yo seguía transmitiendo que la fe mueve montañas
y cada uno de nosotros podemos alcanzar grandes milagros.
Como Misioneros de Jesús llevábamos el canto
y la predicación a diferentes zonas de Estados Unidos
y más tarde a otros países.
Pasaron aquellos tres meses, luego cinco, ahora ya voy para
dieciocho y aún no estoy seis pies bajo tierra. Es
increíble lo que ha pasado conmigo; los mismos médicos
no alcanzan a comprenderlo. Es como si Jesús me hubiese
hecho un trasplante de corazón.
Pero Dios sigue probando a sus hijos como el oro fino. Hace
dos años, a media producción del disco Dame
más de tu amor, me detectaron tres tumores en
las cuerdas bucales. Eso me afectó mucho porque tiene
que ver con lo que hago, con mi ser.
Pasé por episodios de depresión y mis familiares
me decían que me aplicara lo que yo predicaba. De nuevo
tuve que volver atrás y recordarme de aquella frase
que había leído en la cama de un hospital: Por
sus llagas fuiste sanado.
Jesucristo volvió a obrar en mi vida. Pude terminar
el disco y al compararlo con los nueve anteriores se descubre
una voz más fuerte.
|
Gira por
El Salvador
|
Antes de que Neil naciera,
a su madre le dieron a escoger: O su vida o la de
su hijo. A pesar de nacer con un defecto en su corazón,
sus válvulas no cerraban por completo; ahora él
recorre el mundo con el fin de llevar su mensaje de fe.
Hijo de padres puertorriqueños, nació en
Nueva York en 1966. Forma parte de la segunda generación
de una familia de músicos y cantantes. Sólo
he continuado con un ministerio que ya existía,
comenta.
A los doce años ya cantaba y predicaba junto a
sus padres en muchas iglesias católicas de Estados
Unidos. Sin embargo, el Ministerio experimenta un cambio
con la sanación de Neil, pues su testimonio se
difundió entre la gente y las invitaciones de otros
países comenzaron a llenar su agenda.
Los Misioneros de Jesús (MdJ), un ministerio de
evangelización con más de 3,000 personas
con sede en Nueva York, llenan los estadios y los coliseos
de las naciones donde se presentan.
No les queda un país de América y de Latinoamérica
que no hayan visitado. Los católicos de Europa,
Australia y Medio Oriente también han gozado de
sus mensajes.
En días recientes fueron invitados por Radio Luz
para ofrecer dos conciertos en El Salvador como parte
de la gira Caminando sobre las aguas, que
además incluye Perú, Londres, República
Dominicana, Puerto Rico y Panamá.
Aquí deleitaron a los presentes con las canciones
de su más reciente producción, Dame
más de tu amor. En doce años han recopilado
diez discos, y en la mayoría de ellos se reflejan
los testimonios y las vivencias del hermano Neil,
como lo llaman los salvadoreños.
Los Misioneros de Jesús han visitado el país
por lo menos siete veces en diez años. De
todos los sitios que hemos visitado, es El Salvador el
que tiene más fe, expresa Neil.
Aquí ha presenciado como la gente de los hospitales
llega con la esperanza de sanar de sus padecimientos.
En una ocasión, cuenta, les llevaron una niña
que tenía cuatro horas de muerta. Yo la tomé
en mis brazos pensando que sólo estaba enferma,
pero la toqué y me di cuenta de que ya había
fallecido, relata. Aunque no sucedió un milagro,
la familia se fue fortalecida.
Hace unos días, los MdJ compraron un canal de televisión
que piensan abrir en diciembre próximo. Su objetivo
es que la programación se extienda a varias naciones,
entre ellas El Salvador, el país que para el hermano
Neil es como una bendición en la vida.
|
|
Son
miles de milagros
|
|

|
¿Cómo lograr una fe sin dudas,
de forma que podamos alcanzar una sanación?
Santiago nos dice todo aquel que pide con dudas,
que no espere recibir nada de Dios porque hay inconstancia
en lo que se cree. Hay que dejarse llevar por una confianza
plena.
¿Cree usted que sus testimonios han servido para
atraer a la gente?
Hasta en los mismos tiempos de Jesús la gente sanaba
y Él les pedía que no lo divulgaran, pero
la gente lo gritaba. Un padre me dijo una vez que el arma
más poderosa del Evangelio no es la predicación,
la oración ni el canto, sino el testimonio que
cargamos. Con eso nosotros somos capaces de atraer más
almas que con cualquier sermón aburrido de una
hora.
Mucho se habla de las sanaciones que se dan durante sus
conciertos. ¿Hay muchos casos?
Dios no deja nunca de asombrarme. En Perú, la semana
pasada, vi a una señora que llegó con el
mal de parkinson; toda ella estaba temblando y a la hora
de la oración recibió su milagro. He visto
sanaciones de cáncer, sida, paralíticos
y hasta tres muertos que han resucitado. Son miles de
milagros.
¿Qué significa para ustedes el hecho de
que Dios obre en la gente a través de sus oraciones?
Me siento indigno de que pasen estas cosas. Nosotros sólo
somos el burrito que Jesús mandó a desatar
para ser utilizado. Es Jesús el que sana, el que
lo hace todo. Yo sólo predico un mensaje de fe
y digo que hay un Cristo vivo. |
|